Por J. Jesús López García

Las casas que los arquitectos diseñan y construyen para sí mismos son un tema de diseño desde hace ya varios siglos. Thomas Jefferson (1743-1826) uno de los siete padres fundadores de los Estados Unidos de América, a decir del historiador Richard Brandon Morris (1904-1989) presidente de su país, diseñó su casa a la que llamó «Monticello» -Pequeña montaña- como referencia italiana a su principal inspiración, el arquitecto renacentista Andrea Palladio (1508-1580). Interesante el dato pues, al caso añadido de su personalidad política, otras edificaciones de Jefferson como la biblioteca de la Universidad de Virginia son catalogadas en el cuerpo de su obra arquitectónica al mismo rango de su casa, no obstante señorial.
La casa del arquitecto es un medio para experimentar e idear composiciones y soluciones inéditas o al menos, depurarlas. En el caso de Sir John Soane (1753-1837) arquitecto emblemático del neoclasicismo inglés, fue tal la importancia de su vivienda que posteriormente la convirtieron en el actual Museo Soane.
La casa que diseñó Gerrit Rietveld (1888-1964) junto con la diseñadora de interiores holandesa Truss Schröder (1889-1985), llamada por ello la casa Rietveld-Schröder, fue un diseño encargado por ella para ella -ya viuda- y sus hijos. Él, de oficio carpintero y dibujante -ayudante de otros arquitectos- encontró en esa morada de los años veinte del siglo pasado un medio excelente para experimentar en lo que luego fue su casa. Lo mismo ocurrió con Truss dueña de la misma, igualmente su diseñadora -aunque poco se le reconoce injustamente en ello- y compañera con sus hijos en la habitación de ese edificio.
En ocasiones la residencia de los arquitectos se convierte ya en vida de sus autores y habitantes, en museos que albergan los objetos, postulados y personalidad de sus creadores y ocupantes; en otras ocasiones ese proceso sucede al fallecer el dueño, como en el caso de la casa del mexicano Luis Barragán (1902-1988) en el antiguo barrio de Tacubaya, Ciudad de México, casa de medida introversión, discreta a su modo y llena de agradable misterio, reflejo del arquitecto y aunque finalmente museo, su riqueza radica en mostrar no sólo la manera de hacer obras de un personaje mexicano de la arquitectura universal, si no en la humanidad del mismo, hogareña pero cargada de gestos plásticos.
Lo anterior contrario a la casa que Charles y Ray Eames hicieron para ellos mismos, producto de sus «case study houses», diseños con base en la industrialización de elementos constructivos producto de la pujante producción norteamericana, muchos de ellos derivados de la manufactura bélica. Su casa, es un compendio de las ideas modernas de la posguerra norteamericana que influyeron en muy buena medida la estética arquitectónica afín la contracultura estadounidense.
Pero en casos más radicales como en el caso de Juan O´Gorman (1905-1982) después de su militancia temprana en el racionalismo funcionalista de líneas rectas de los años veinte, termina por hacerse una casa de disposición orgánica aprovechando los accidentes de la piedra volcánica del Pedregal.
En nuestro caso aguascalentense la residencia de la Familia Robles Cuéllar, ubicada en la calle Sierra Madre Occidental No. 301 y diseñada por el arquitecto Jorge Robles Zamora, data de 1989 y muestra varios rasgos de la plástica de ese momento con macizos contundentes sobre vanos diminutos pero con un movimiento en un atrio de acceso que presenta una importante perspectiva al conjunto en su fachada dispuesta en ángulos de cuarenta y cinco grados respecto al paramento. Como eco a la posmodernidad arquitectónica sobre las placas de acero que cierran la cochera se dispone en ese material pintado en amarillo una red que parece irradiarse desde su extremo derecho. La casa sigue manteniendo su disposición, colores y formas y habla de los argumentos compositivos de su autor y residente.
Esos «argumentos» no siempre se mantienen durante la vida profesional de los arquitectos y menos, en nuestros cambiantes tiempos. La acumulación de objetos y elementos que muestra la casa mencionada de Soane por ejemplo, aducen a un gusto que se mantenía en los linderos del clasicismo, Barragán mismo después de su búsqueda inicial en modelos andaluces y norafricanos se depura hasta ser el profesional auténtico de su propia residencia.
La casa de los arquitectos realizada para sí mismos es un tema especial, sujeto como pocos a los planteamientos más personales de su creador, muchas veces muestra también los cambios en su manera de concebir su quehacer.
Sin duda alguna, el arquitecto Robles Zamora ha dejado su impronta profesional en cada una de sus obras, tales como en el caso el local comercial para el Dr. Everardo González Loera, ampliaciones en la embotelladora San Marcos y Jarritos, la casa habitación del Dr. Arturo Amador Llamas, la casa de campo del Sr. Guillermo Luévano, locales comerciales y tiendas Esthel para la Sra. Esthela Quezada Carrera y la Residencia López Adrián en Guadalajara, Jal., así como en los cargos que ha desarrollado, como en la presidencia del Colegio de Arquitectos del Estado de Aguascalientes en el periodo 2002-2004.