José Luis Gómez Serrano
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La decisión más notable de Trump en esta semana fue reconocer a Jerusalén como capital de Israel, alineándose completamente con su yerno Jared Kushner y con los poderosos grupos de presión del lobby judío. Casi cualquier país puede declarar capital a cualquiera de sus ciudades y no sucederá nada, pero no es el caso con Israel, porque Jerusalén no es importante nada más para los judíos, sino para los árabes y para el mundo cristiano. Los judíos se apoderaron del territorio de Israel en 1948, y ampliaron sus dominios a través de una serie de guerras con sus vecinos árabes, y para ellos Jerusalén es la capital del Estado de Israel; hasta esta semana, el resto de los países mantenían sus embajadas en Tel Aviv, dando a entender con esta medida que en opinión del resto del mundo, la ciudad de Jerusalén no es para que los judíos hagan con ella lo que quieran, puesto que es un sitio de importancia especial para las tres grandes religiones monoteístas y además porque existe una gran población árabe en Jerusalén. Así se mantuvieron las cosas durante algunos años, y ese precario equilibrio se ha roto ahora que Estados Unidos moverá su embajada a Jerusalén.

Naturalmente que los judíos consideran a Jerusalén como la capital de Israel, hasta los no judíos estamos enterados de toda la historia que sucedió en ese lugar para el pueblo judío; la consigna “el año próximo en Jerusalén” es cantada por los judíos cada año en las festividades de Pascua, quienes vimos El Violinista en el Tejado la escuchamos en una de sus escenas. Es la sede del Templo, ahí está el Muro de las Lamentaciones, desde ahí se inició la Diáspora cuando el emperador romano Tito atacó a los judíos y los obligó a dispersarse por el mundo.

Naturalmente que los árabes consideran a Jerusalén como una de sus tres ciudades santas, junto con La Meca y Medina, porque la tradición dice que Mahoma la visitó en un viaje nocturno que tiene un nombre especial para los árabes, Isra y Miraj, y el Profeta la señaló como un lugar especial para sus oraciones.

Naturalmente que los cristianos consideramos a Jerusalén como una ciudad especial, porque ahí predicó Cristo, ahí fue crucificado y enterrado.

Las pretensiones de cualquiera de estos tres grupos (o de un cuarto, como los romanos) de volver exclusiva a la ciudad y de darle un significado político, necesariamente despertarán reacciones adversas en los otros grupos. Así fue cuando Tito destruyó Jerusalén en el año 70, así fue cuando los Cruzados conquistaron la ciudad, así es ahora que el ala dura de los judíos se salió con la suya y consiguió que Trump les reconociera a Jerusalén como su capital.

Yo no creo que ningún grupo humano tenga el derecho de apoderarse de esta parte del mundo, de bloquear el acceso a los demás, ni de tratar de expulsar a los habitantes ajenos al grupo, como tratan y tratarán de hacer los judíos con la población árabe del lado Este de Jerusalén. No creo que el derecho de los cristianos a Jerusalén, por la presencia de Cristo ahí, sea superior al de los árabes ni al de los judíos, ni creo que los judíos tengan derecho a echar más sal en la herida abierta de los palestinos, corridos de una tierra que habitaron por siglos y estigmatizados como ciudadanos de segunda en Israel. Yo creo que Jerusalén debería ser una ciudad neutral, abierta a la visita y a las celebraciones religiosas de judíos, musulmanes y cristianos, y también creo que no debería darse ningún significado político a la ciudad: debería ser Jerusalén, a secas.

Un artículo reciente del escritor judío Smuel Rosner (Of courseJerusalemisIsrael’s Capital) apareció durante varios días en NYTimes, y muestra el sentir de casi todos los judíos: en resumen, tres mil años de tradición respaldan su pensamiento. Pero el autor también menciona las reacciones esperadas en el mundo árabe, de rabia, impotencia, dolor, y deseos de venganza. Yo creo que Trump ha agitado un avispero, seguramente lo ha hecho bajo la influencia de sus amigos judíos, pero en cuanto a sus intenciones personales, encuentro dos posibilidades. La primera es franca estupidez: ¿qué necesidad hay de añadir un elemento más de tensión a una zona de por sí conflictiva? ¿Qué necesidad tiene Estados Unidos de enemistarse con el mundo árabe? La segunda es que EEUU busca precisamente enemistarse con el mundo árabe, provocarlo y obligar a los extremistas islámicos a realizar atentados en suelo norteamericano para dar pretexto a una guerra.

Pero aún en este último caso, ¿contra quién sería la guerra? Hay suficientes estados árabes como para elegir culpable de un atentando, Estados Unidos no puede conquistarlos a todos (está empantanado en Afganistán), y los musulmanes, que actualmente se consideran grupo marginado o perseguido en casi todo el mundo no árabe, son un grupo humano que ha mostrado determinación y decisión de enfrentar a enemigos muchas veces mayores. Ellos son el único grupo humano que utiliza su religión para justificar desprecio por la propia vida y por la ajena, dispuestos a la muerte con tal de llevarse por delante a unos cuantos occidentales, porque tienen la certeza de que una muerte así no es muerte sino martirio, y los espera el Paraíso. Yo sigo considerando que Trump sigue siendo un imbécil, no creo que se haya convertido de repente en estadista y estratega sagaz.

Lo más triste del caso es que todo este problema, todas estas guerras, todas las muertes habidas y por haber en torno a Jerusalén, tienen su origen en que Jerusalén es una ciudad santa, lo que demuestra la infinita capacidad humana de convertir a lo más sagrado en motivo de discordia, enfrentamiento y muerte. En la Antigüedad, por medio de una serie de guerras, los judíos se apoderaron de Israel, luego vinieron los romanos y los corrieron; después de Mahoma los árabes se apoderaron de la zona, durante las Cruzadas la ciudad cambió varias veces de manos entre árabes y cristianos, al final se fueron los cristianos y los árabes vivieron relativamente en paz hasta 1948, cuando la ONU se acordó que hace 3000 años los judíos vivían en ese lugar y resolvió que les quitaría un pedazo de tierra a los palestinos para cederla a los judíos. Desde entonces están en guerra franca o encubierta árabes y judíos, y el futuro nadie lo conoce, pero podemos analizar fortalezas y debilidades de judíos y árabes: los judíos tienen mucha más influencia en Occidente, cuentan con el apoyo de Estados Unidos, y han probado ser una raza altamente productiva en actividades intelectuales y científicas, y en habilidad para manejar el dinero; los árabes demostraron esas mismas habilidades hacia 1200, actualmente están satanizados en el mundo occidental, pero son mucho más numerosos que Israel y son tan determinados como los judíos. No sé en concreto qué pasará, pero en general sí puedo decir que esa ciudad seguirá siendo fuente de conflicto para árabes y judíos, con consecuencias para el mundo entero.

Y todo empezó, porque Jerusalén era ciudad santa…