Jesús Eduardo Martín Jáuregui

-¿Por qué has denunciado a tus padres?- Pregunta un juez a un chiquillo de 10 años,

-Por haberme dado la vida-. Película Cafarnaum de Nadine Labaki. 

                                      

Descontextualizado.- “Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias, tan lejanas de un mar o un río, tan ostentosas en el reparto de su menguada pobreza, tan favorecidas por un cielo espléndido que hace olvidar casi todos sus defectos…”  Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos.

 

Hace algunos ayeres el magnífico jurista, notario, maestro y amigo, Othón Pérez Fernández del Castillo, a quien escucharle es asistir al espectáculo de la inteligencia, señalaba en una conferencia cómo el Islam había legitimado la relación con Dios (Alá), incorporando a una buena parte de la humanidad. Conviene recordar un poco de historia sagrada. El bueno (es un decir) del padre Abraham tomó por esposa a Sarai, nombre que después Yahvé cambiaría sólo por Sara, según las crónicas era su media hermana, era muy hermosa, belleza que conservó hasta su vejez, no podía concebir hasta que el todopoderoso le concedió el milagro de tener un hijo, Isaac, a los noventa años, aunque tener un hijo a los noventa años, con todo y lo milagroso que sea, ha de ser una lata. En fin no hay que contrariar la voluntad divina. Sara lo vio crecer y formarse porque vivió hasta los 127 años.

La historia tiene algunos detalles interesantes además de los cumpleaños de Sara. Ésta, muy comprensiva, y ello sin duda es más milagroso, le consiguió una esclava, Agar, que no cantaba mal las rancheras, para que el bueno de Abraham (es un decir), se refocilara con ella y de paso pudiera tener descendencia, lo primero era inevitable, lo segundo aleatorio. Pero hete aquí que nace Ismael, hijo de la esclava. De acuerdo con la ley mosaica, dado que Abraham no tenía descendientes legítimos, podría reconocerle como su hijo y concederle todas las condiciones legales y religiosas (casi se implicaban) de su tiempo y de su linaje. Pero…Sara, tan generosa que parecía, puso manos a la obra y se sacó la lotería al embarazarse a los 90 años, los cronistas bíblicos no se ponen de acuerdo, los mas opinan que fue mas milagro por parte de Abraham, que era mayor 10 años, que de Sara. Nacido Isaac y para que no hubiera disputas ni de herencias ni de linaje, Sara convenció (las mujeres saben cómo) de que repudiara a la esclava Agar y su hijo Ismael.

Sucede en las mejores familias. Abraham largó a Agar y a Ismael, pero no así nada mas, les dio para el camino una hogaza de pan y un odre de agua. ¡Misericordioso Abraham!.

Ahora viene lo más interesante, según Othón Pérez Fernández del Castillo. Cuando el profeta Mahoma inspirado por Alá, ¡Sólo Alá es grande, omniscente y misericordioso!, dicta las suras (equivalentes a versículos) del Corán, establece que un hombre puede tomar hasta cuatro esposas legítimas, y las demás que pueda mantener, no olvidemos que por entonces no regía salario mínimo ni cosa por el estilo. Con esa disposición religiosa y jurídica, Mahoma o Alá a través de Mahoma, legitimó la descendencia de Ismael como descendencia directa de Adán y Eva. Tan escogido es el pueblo judío como el pueblo árabe, tanto los semitas como los ismaelitas.

¿Qué grave cuestión, cuándo todos somos hijos de Dios, y todos tenemos un sentimiento patrionalista de Dios y sus criaturas? Jerusalem ha sido sin duda a través de los años, objeto de culto y disputa de las grandes religiones monoteístas. Durante años Europa quiso recuperarla para el Papado o para el comercio. Recordemos la admonición en la época de los cátaros y la cruzada contra ellos, en Las Navas fue Arnau Amalric, arzobispo de Narbona, el autor de la desgraciada y famosa frase, en la caída de Béziers de 1209, “matadlos a todos, Dios sabrá reconocer a los suyos”.

Los encuentros interminables entre los israelitas y los filisteos, que nos enardecían y estimulaban de un fervor cristiano a los que vivimos la historia sagrada en las escuelas confesionales y tomábamos partido, pero cómo no, por sus superhéroes Sansón, el pequeño David, Gereón derrumbador de muros (¡bueno que reviviera para el de Trump!), con el increíble Josué que paró el Sol con la complicidad de Alá, para poder matar mas enemigos. En fin aquella simpatía se congela, cuando contemplamos a los israelitas de hoy cómo arrasan con los palestinos actuales. Inmisericordes disputando una tierra que jurídicamente sigue en disputa, porque al crearse el moderno estado de Israel, se dejó pendiente la cuestión.

La imprudencia suele ser peligrosa, más cuando va acompañada de ignorancia y soportada por la fuerza. El presidente Donald (tan irascible como su tocayo el Pato) Trump, en pocas semanas ha tomado dos determinaciones (entre muchas), que particularmente tendrán efecto en el Oriente Medio, pero que sus consecuencias podrían ser de alcance mundial. La decisión de trasladar la embajada de EE.UU. de Teherán a Jerusalem constituye un apoyo a las pretensiones israelíes y una bofetada para el pueblo palestino, tan sufrido, tan orgulloso, tan peleador y tan desgraciado. La segunda decisión ha sido el abandono del acuerdo nuclear con Irán. Como recoge un reportaje de El País: “Hay una sensación de que va a pasar algo. Esto no puede seguir así. La gente vive en la desgracia moral y económica. Todo el mundo está al límite”.

Todos somos hijos de Dios, Sí, pero discípulos de ¿Quién?

Propuesta imbécil e inviable.- Con un claro oportunismo el Partido Verde vuelve con su cantaleta de mala fe: propondremos la pena de muerte para castigar a criminales y violadores. A menos que México rompiera multitud de tratados internacionales que la proscriben, la pena de muerte no puede implantarse en el país. Si finalmente lo lograra sería señalado en foros internacionales por el retroceso y sería objeto de sanciones internas. Si aún así persistiera, les tengo noticias amigos despistados del P.V., porque los otros los de mala fe ya lo saben. Está plenamente demostrado que la pena de muerte no contribuye a disminuir la delincuencia, no es ejemplar y para lo único que sirve es para medio calmar la sed de venganza.

bullidero.blogspot.com                 facebook jemartinj                twitter @jemartinj