85. Jardín de San MarcosJ. Jesús López García

Admitimos como habitual el disfrute de algunas estructuras urbanas, sin embargo, no siempre fueron dedicadas a la inclusión de un público general, sino al uso por parte de miembros de las elites del momento. Los grandes jardines del siglo XVII, famosos por el trazo geométrico y los efectos ópticos de las perspectivas fueron realizados para las cortes europeas, que por ese entonces, veían su modelo en los espacios proyectados para Luis XIV por el jardinero real Andrê Le Nôtre, hijo del floricultor de Luis XIII Jean Le Nôtre y autor entre muchas otras obras de los jardines de Versalles, sitio ahora convertido en un importante destino turístico por sí solo, fue hasta después de la Revolución Francesa, un lugar privilegiado para los aconteceres de la corte gala.

El patíbulo desde el que el Terror posrevolucionario empleaba democráticamente la guillotina, lo mismo para el rey y la reina que para el más pobre de sus ex súbditos, era desde antes uno de esos sitios en que para malsano esparcimiento se congregaba a la sociedad abierta, pero después de esos episodios que cambiaron la historia del mundo occidental, los viejos y aristocráticos jardines se abrieron al pueblo y empezaron a servir de modelo, ya no a otros conjuntos cortesanos, sino a los primeros vergeles públicos.

Antes del siglo XIX, los espacios colectivos libres a la ciudadanía eran realmente las plazas que lo mismo albergaban por temporadas mercados ambulantes e instalaciones de ferias, que –en los casos iberoamericanos– cosos taurinos de madera, todo ello de manera periódica, sólo usando el gran solar vacío dispuesto para ser reordenado y reutilizado de acuerdo a días programados, feriados o a celebraciones populares.

Nuestra Plaza de la Patria, hasta hace no muchos años conocida como Plaza de Armas, se llamaba así pues en la época novohispana el regimiento de dragones del Rey presentaba armas en el sitio. El jardín del que queda la mitad, se constituyó hasta la segunda mitad del siglo XIX en torno a la columna (1808) erigida para ubicar –inicialmente– en la cima la figura del rey de España en lugar de la cual se colocó una escultura pétrea de Fernando VII, su hijo recién ascendido al trono; para 1945 a solicitud del Municipio de Aguascalientes, el arquitecto Roberto Álvarez Espinosa modificó totalmente la plaza, integrando la exedra y balaustrada, la fuente en honor al músico Manuel M. Ponce, así como una especie de platón a la usanza de un pebetero coronado por el asta bandera. En la modificación de 1985 desaparecieron las circulaciones vehiculares adyacentes poniente, sur y oriente, uniendo los diversos espacios aledaños: atrio de Catedral, Plaza de la República, un tramo de la calle Nieto desde la calle Galeana y la calle José María Chávez a partir de Hornedo.

El jardín que ha ocupado parcialmente la plaza ha tenido diversas modificaciones donde han aparecido o desaparecido macetones, kioscos, bancas, lámparas y pisos hasta cambiar casi totalmente su apariencia de generación en generación. Esto no ha acontecido de la misma manera para el jardín de San Marcos, pues a diferencia de la Plaza de la Patria, su cerramiento está bien delimitado por la balaustrada que el general Nicolás Condell, a la sazón gobernador militar de Aguascalientes, ordenó construir en la medianía del siglo XIX lo que ya se estaba convirtiendo en un sitio popular.

¿Cómo era el solar que unía los límites de la Villa de la Asunción de las Aguas Calientes y el viejo pueblo de San Marcos? Es difícil especular sobre disposiciones espaciales concretas con base en apreciaciones particulares recopiladas en documentos antiguos, sin embargo, a través del análisis del tipo de fincas que a fines del siglo XIX se realizaron en los diferentes tramos de la calle Carrillo Puerto, se aprecia un paulatino incremento en el precio de los terrenos del sitio, atrayendo a una población con mayor capital para invertir en construcciones más grandes y de esmero en su diseño y fábrica, todo ello auspiciado sin duda por el jardín que inició su función como tal en los años cuarenta del siglo antepasado.

El jardín de San Marcos, abierto para todos, fue una conclusión urbana para un paseo que iniciando desde la parte posterior de la parroquia principal, que en ese momento era la hoy Catedral, remataba en el templo dedicado al evangelista pero mediando, como preámbulo a éste, un jardín de trayectorias clásicas convergentes a un punto central donde se han ubicado fuentes y kioscos pero sin modificar lo esencial del espacio. Poco cambio ha sufrido la percepción del lugar no obstante las entradas en las cuatro esquinas y sucesivas modificaciones debido a su tendencia a dar preeminencia al disfrute de los árboles cercados por su característica balaustrada.

Precisamente esa balaustrada y los pórticos de acceso situados cada uno en el eje central de sus cuatro costados llevados a cabo en una modalidad ecléctica, actualmente continúan siendo uno de los referentes arquitectónicos de Aguascalientes.

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