Sergio Martín del Campo

Amigos aficionados al arte en el que se funden las baquetas, los ixtles y los metales. Aquel que por medio del amplificador de sonido habla durante un encuentro charro, tiene dentro de su círculo de responsabilidades, el compromiso severo de alegrar, amenizar, orientar, informar y muchas ocasiones, advertir a todos los participantes de los peligros que se manifiestan sobre el ardiente foro arenoso que son la manga y el anillo de un lienzo charro, es el locutor, personaje que pocos deportes tienen.
En la historia, ha habido varios locutores que, por su elocuencia e ingenio, se han granjeado el reconocimiento de los aficionados y han adquirido celebridad dentro del atlas del único arte ecuestre mexicano, la charrería.
La labor del locutor charro, no es una sencilla; para destacar en tan extraña asignatura, se requiere carisma, sentido del humor, amplio léxico y conocimiento total de todas y cada una de las diez faenas charras, entre otras virtudes.
Solamente por mencionar a los más cercanos, en Guadalajara se cuenta con Paco Martínez, de excelente timbre de voz, personalidad y dueño de formidable catálogo de refranes, quien en algún tiempo, fue incluso maestro de ceremonias en los conciertos del Mariachi Vargas; en Aguascalientes, con Francisco “Panchito” Poblano: entusiasta, alegre, positivo y apasionado, que logra inocular al público y actores de energía, otorgando con ello el catalizador para el buen desarrollo de los eventos; y, ya finado, se reconoce al egregio “Padre Barajas”, como el mejor locutor de charrería que ha habido.
Este fin de semana, en la primorosa y arcana ciudad de Zacatecas, se desarrolló el IV Seminario Nacional de Locutores Charros, respaldado por el Gobierno del estado y, desde luego, por la FMCH (Federación Mexicana de Charrería). A lo largo del evento, se dieron conferencias como “Espacios rancheros en la gran ciudad”, “Arquitectura en Zacatecas, Patrimonio del Mundo”, “Estructura y estado de la biblioteca virtual”, “Marcha de Zacatecas”, “Tipos de micrófonos y su uso correcto”, entre otras, todo con el objeto de enriquecer la cultura general de quienes empuñan los megáfonos durante las diversas justas que se dan en el mapa de lo que aún llamamos patria, y amplíen el horizonte de los que ven y escuchan una charreada.
Los participantes no quedaron truncados de paladear recorridos a distintos sitios históricos de la colonial ciudad, como el emblemático cerro de “La Bufa”, cuyas duras peñas fueron teatro de la sangrienta “Toma de Zacatecas”, cuya victoria se le adjudica al abigeo Francisco Villa, pero que realmente ganó por su ingenio militar, el general Felipe Ángeles, o a lugares como el centro histórico.