La presencia de las mujeres suele ser altamente valorada, sin embargo, su valoración es principalmente discursiva, señaló el P. Carlos Alvarado Quezada, al coincidir con el pronunciamiento que sobre el particular hizo el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara.
Refirió que la cultura de los derechos humanos, los movimientos feministas y en general casi todo medio de comunicación social difunde una retórica a favor de la mujer imposible de negar y mucho menos de cuestionar.
Sin embargo, en el terreno de las realizaciones, aún cuando existen logros importantes como el reconocimiento del derecho al voto o un acceso a la educación que no existía en otras épocas, la realidad de las mujeres latinoamericanas sigue siendo invisibilizada, ocultada y muchas veces humillada.
“En la esencia del misterio de iniquidad se encuentra misteriosamente colocada una desventaja terrible para la mujer. Los varones tendemos a someterla y dominarla contrariando su eminente dignidad y la imagen y semejanza que guarda con Dios. Este sometimiento lastima el precepto ético fundamental: amar a la persona por sí misma y nunca usarla como mero medio”, explicó el vocero de la Diócesis.
“Hay que asumir con toda seriedad la Revelación para abrir nuestra conciencia y nuestro corazón a una reconsideración más frontal y más abierta sobre el papel y la misión de la mujer en la sociedad y en la Iglesia”, agregó.
Dijo que una dificultad que aparece al momento de acercarnos al aporte de las mujeres en los caminos de evangelización en nuestra región, consiste en que muchos de los estudios sobre las mujeres en América Latina, así como las investigaciones realizadas sobre la contribución femenina a los caminos de evangelización, se encuentran fuertemente marcados por un paradigma que analiza toda la relación entre varón y mujer en términos de dominio y de poder.
“Cuando una estructura de la persona humana tan delicada como es la sexualidad, se mira como un producto de la lógica del poder, fácilmente se distorsiona la comprensión sobre el propio cuerpo, sobre los afectos, sobre el matrimonio y la familia”, explicó.
Sin embargo, no todo en la vida es abuso político sino que, como siempre, la realidad es bastante más compleja; también se encuentra definida por luces que jamás pueden ser extirpadas del todo, repuso.
Finalmente, reiteró que la participación de la mujer en la Iglesia es invaluable.