Una vez que se dieron a conocer las cartas, los panistas saben cuál es el juego que está sobre la mesa. Es el momento de analizar detenidamente por quien deben apostar, para ello no basta la sola fama del o la aspirante a la alcaldía de Aguascalientes, sino los nombres que los apoyan y considerar las posibilidades que tiene cada uno.

Llama la atención que por primera vez en muchos años el gobernador del estado no se anduvo con ambages para poner su capital a favor de uno de los contendientes. Con ello acabó con una regla no escrita de dejar que la situación se diera de manera natural, afirmando siempre que su voto sería a favor del partido.

Esta vez Martín Orozco Sandoval lo hizo abiertamente, al acompañar a Julio César Medina Delgado a su registro como precandidato, lo que agitó las aguas dentro y fuera de Acción Nacional, sin embargo no debió ser una sorpresa, puesto que fue uno de sus colaboradores cercanos y que sin motivo alguno renunció hace unas semanas, apegándose únicamente a la añeja tradición de que lo hacía por “razones personales”, pero llevando tras de sí la bendición superior.

El titular del Poder Ejecutivo ha sido un político analítico, que a lo largo de su carrera ha sabido sopesar y avanzar sobre terreno seguro. Como diputado local supo qué hacer para hacerse de la candidatura a presidente municipal y después fue uno de los dos senadores que ganaron por mayoría. En sus inicios en el Senado, su compañero Fernando Herrera Ávila fue de los consentidos de Ernesto Javier Cordero Arroyo, coordinador de la fracción legislativa del PAN, por lo que se jactaba de influir para que Orozco tuviera participación en algunas comisiones, mientras que éste seguía hilando para convertirse más tarde en abanderado a la gubernatura, posición que ganó contra todo viento y marea porque desde el Comité Nacional y a nivel local trataron de impedir que lograra su propósito.

Ahora vuelve a enfrentarse con Juan Antonio Martín del Campo, quien en 2016 afirmó que todas las encuestas lo favorecían pero en una muestra de disciplina cedió el paso a MOS. Martín del Campo, actual senador, mantiene su apoyo a la alcaldesa María Teresa Jiménez, por lo que una vez más enfrentará a Orozco Sandoval y al mismo tiempo hace presencia con miras a 2022, confiado en que se le tenga en cuenta a la hora de definir al relevo de Orozco.

En cada partido político se afirma que “el enemigo está afuera”, por lo que deben actuar con un solo pensamiento, lo que naturalmente no pasa de ser un argumento para salir del paso, porque tratándose de buscar posiciones y poder nadie para en mientes, para ello deben manifestarse públicamente que son “hermanos del alma”.

Cuando la presidenta María Teresa Jiménez anunció que revocaría la concesión del agua potable y esperaba contar con el apoyo financiero del gobierno del estado, la respuesta de Orozco Sandoval fue inmediata, que no había recursos para este rubro, con lo que dejaba toda la responsabilidad en el Ayuntamiento.

Días después en ambos palacios se aseguró que no había problema alguno para mantener la vinculación administrativa y de obras y servicios, con lo que echaban por tierra que hubiera un enfriamiento y mucho menos una restricción en los programas.

Las condiciones actuales abren nueva interrogante, porque después de meses en que se daba por descontado que Jiménez iría sola por la candidatura, de pronto surge un contrincante que tiene el respaldo absoluto del mandatario estatal, lo mismo que de un ex gobernador, ex senadores y legisladores, lo que obligó a la presidenta municipal a señalar que ella también tiene apoyo de figuras influyentes en el panismo.

Lo que nadie debe perder de vista es que por método en Acción Nacional se enfrentan a nivel interno con una pasión digna de una campaña constitucional, pero una vez que se definen las candidaturas se unen, lo que les ha permitido hacerse de triunfos a nivel municipal, estatal y federal. Y esta vez no tiene que ser la excepción.

MAYOR ACERCAMIENTO

Tener el bachillerato ya no es un “plus” a la hora de solicitar empleo, porque prácticamente en todos los centros laborales lo exigen, además es factible que en la contrarreforma educativa que está en marcha se ratifique como parte de la instrucción obligatoria, por lo que se tiene que vigilar que el mayor número de jóvenes cumplan el ciclo.

Aguascalientes enfrenta el problema que a nivel secundaria y preparatoria el 10% de los alumnos no la concluyen, lo que hace suponer que cientos de jóvenes están llamados a ser “mil usos” para poder sobrevivir, pero aún más lamentable que sean atraídos por bandas delincuenciales que la mayoría de las veces se convierte en un camino sin retorno.

El director del Instituto de Educación de Aguascalientes (IEA), Raúl Silva Perezchica, reconoció que de cada 100 estudiantes, 10 no llegan al final de los tres años. Afirmó que “de acuerdo con las cifras del ciclo escolar 2017-2018 y con base en los movimientos suscitados de jóvenes de una y otra escuela, así como de abandono real, se registra hasta casi un 10% de la matrícula en las secuencias y este comportamiento es similar en las preparatorias del estado de Aguascalientes”.

Al inicio en ambos casos hay una buena respuesta, pero a los cinco, seis o siete meses comienza a darse el abandono, por lo que se analiza las acciones a seguir para que perseveren y encuentren una motivación en los estudios, que acepten que al hacerlo es a favor de su futuro.

El funcionario señaló que es una situación preocupante, por lo que se trabaja con las direcciones de servicios educativos y de educación media superior, porque la cuestión no está en tener una matrícula positiva sino un mejor egreso y ante todo que su asistencia sea porque están convencidos que es parte de su preparación.

Como parte de las tareas que se ha propuesto el IEA es que los profesores reciban una mayor capacitación y actualización, principalmente los que son de procedencia universitaria, para que tengan los elementos suficientes que atraigan el interés del alumnado.

De acuerdo con una información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), con base en la Encuesta Censal de 2015, 83.5% de los adolescentes en el rango de 12 a 17 años acuden a secundaria y preparatoria, pero un 16.2% no lo hace.

Entre las causas para que se registre la deserción o la no participación entre las edades de 12 a 14 años, es “por falta de interés, aptitud o requisitos” y en segundo lugar la falta de recursos económicos, mientras que los que tienen de 15 a 17 años lo atribuyen por diferentes motivos: el 50% a la “falta de interés, aptitud o requisitos”; el 20% a su incorporación al mercado laboral, y el 11.2% a dificultades económicas.

Entre las recomendaciones del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE), para reducir la deserción, destacan invertir en programas de becas, impulsar el liderazgo de los docentes y directivos para guiar a los estudiantes, establecer un programa de alerta temprana de abandono escolar, impulsar la orientación vocacional de los jóvenes, diálogo con los padres de familia y visitas domiciliarias, usar las redes sociales para prevenir y atender el problema, tener un programa de inducción de estudiantes de la secundaria para integrarlos al nivel medio superior y facilidades administrativas para la reincorporación de los estudiantes.

BUEN PACTO

Un ejemplo de que todo es posible cuando hay arreglos entre las partes lo da el Poder Judicial del Estado, que durante el año pasado logró que más de 6,700 conflictos se resolvieran a través de la mediación, lo que evitó llegar a los litigios que muchas veces resultan difíciles, tardados y costosos. La magistrada presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Gabriela Espinosa Castorena, subrayó que lograr un convenio es promover la cultura de la paz con rumbo certero, al transformar problemas en acuerdos, lo que también se traduce en la cultura del diálogo y contribuye a que cada vez más personas se responsabilicen en la resolución de los conflictos que les atañen. Es una actitud que debe servir para que en cualquier área de la vida se haga algo similar cuando surgen desavenencias y que se pueden resolver con que cada quien ponga algo de voluntad para llegar a un punto aceptable para ambas partes.