Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Agosto de 1958 fue con mucho el periodo de mayor actividad en esta primera etapa del movimiento ferrocarrilero de 1958-59. Ante la negativa de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a reconocer a las dirigencias, los trabajadores continuaron realizando paros, que trajeron grandes pérdidas para la empresa y elevaron la tensión. La presencia del ejército en las calles se acentuó, llegando incluso a impedir que los trabajadores se reunieran en público. De hecho las fuerzas armadas dispersaron dos de estas reuniones, una en las inmediaciones del Mercado Primavera, y la otra en la calle fray Bartolomé de las Casas.
Finalmente el gobierno se vio forzado a ceder y aceptar la voluntad de los rieleros; algo imperdonable por lo que los rieleros insurgentes pagarían muy caro meses después. El ocho de agosto tuvo lugar una asamblea en el Teatro Morelos, en la que los presentes nombraron a los candidatos a ocupar la dirigencia de la sección dos. Se efectuaron las elecciones, tanto nacionales como locales, y los ganadores fueron Demetrio Vallejo (obtuvo más de 6,000 votos de trabajadores de la División Centro) y Ángel Venegas Ahumada, respectivamente.
Vallejo visitó Aguascalientes el sábado 23 de agosto, y fue recibido de manera apoteótica. Hubo un mitin en la Plaza de Toros San Marcos, que contó con la asistencia de miles de trabajadores, y a donde el líder rielero fue llevado en hombros por “quienes de esta manera le testimoniaron su afecto por la forma en que ha sabido tratar sus problemas”.
Los nuevos dirigentes locales tomaron posesión de sus cargos el 27 de agosto, en un acto solemne que tuvo lugar en el salón Las Palmas, frente al jardín de San Marcos, justo donde hoy se encuentra el Casino de la Feria.
El ambiente fue de gran alegría. Los trabajadores iniciaron la fiesta con una sentida manifestación luctuosa para celebrar lo que creyeron era el fin del charrismo sindical. Formaron un cortejo fúnebre a las puertas del edificio sindical, y desfilaron por las principales calles de la ciudad, rumbo al barrio de San Marcos, no sin guardar un minuto de silencio frente al Palacio de Gobierno, en memoria de los caídos en el movimiento.
Presididos por la Banda de Guerra, los trabajadores marcharon llevando velas, caminando detrás de un burro que arrastraba un féretro negro, con pintas alusivas a los antiguos dirigentes, que habían pasado a mejor vida. Además, el borrico llevaba un cartel que decía: “pedimos su cooperación para llevar a su última morada a estos extintos”, en referencia a Leobardo Quiroz Moreno, César M. Infante, Alex Caldera y principales colaboradores del anterior régimen sindical.
Durante todo el trayecto los rieleros lanzaron “ayes de dolor” por los “muertos”, y en más de alguna ocasión los transeúntes, ajenos al relajo, fueron tomados por sorpresa y se descubrieron la cabeza en señal de respeto.
El reportero de este diario Salvador García, consideró que con la toma de posesión del nuevo comité, “terminaron, en forma oficial, 10 años de oprobio y vejaciones de que fueron objeto los trabajadores ferrocarrileros de Aguascalientes por parte de sus antiguos líderes”.
En el acto, el Sr. Ángel Venegas Ahumada presentó su programa de trabajo, que consistía en lo siguiente: apegarse por completo a los estatutos sindicales; dar las becas a quienes las necesiten de verdad y cancelar las que se crea conveniente; reglamentar 52 plazas de ayudantes auxiliares recientemente aprobadas, y evitar que alguna de ellas fuera chueca; solicitar la renuncia de los representantes locales de las especialidades o formularles cargos para destituirlos legalmente; y, reorganizar de manera integral la cooperativa, o cerrarla si no cumplía con su objetivo.
Entonces se hizo presente el miedo. En esos días de natural euforia, los rieleros insurgentes tomaron algunas represalias en contra de trabajadores que no compartían sus puntos de vista y se habían opuesto a los paros, actuando como esquiroles, e incluso algunas autoridades, como el Superintendente de Talleres, Sr. Luis Téllez Ledesma.
Más de 40 ferroviarios fueron bañados con chapopote en el interior del taller, y por lo menos el superintendente de talleres sufrió el escarnio de ser paseado por la avenida Madero, como si se tratara de un criminal. Estas acciones continuaron los días siguientes, a despecho de las peticiones del Sr. Ángel Venegas, para que cesaran estos actos.
Peor aún que lo anterior, fue el hecho de que el 31 de agosto fuera encontrado en el interior del taller el cadáver del obrero José Alba González, de 52 años, asesinado a golpes, no se supo si ahí mismo o fuera, y su cadáver llevado al taller. De hecho nunca se supo nada sobre lo ocurrido, ni el móvil, ni la circunstancia y, mucho menos, quien o quienes lo asesinaron, pero se consideró que se trataba de un “trabajador represaliado”. Dicen que hubo más muertos en esos días. Sin embargo oficialmente sólo se supo de este.
Ya para mediados de septiembre la calma había vuelto al taller. Aparentemente los trabajadores del riel habían ganado la partida. Era la hora de tirar cohetes. Los ferrocarrileros llevaban varios meses haciéndolo, y disfrutaban intensamente de la experiencia. Pero después, meses después, vendría el tiempo de recoger las varas, y entonces el panorama cambiaría drásticamente.
Por mi parte termino ahora esta serie, no sin agradecer a la directiva de El Heraldo de Aguascalientes su licencia para reproducir estas líneas, publicadas originalmente en este diario en 2008.
Debo decir que me siento angustiosamente contento por ello. Lo primero por la desmemoria que nos posee a propósito de algo que fue importante para la ciudad, y lo segundo por haber sido este el único medio que recordó aquellos sucesos.
Será en marzo próximo, de seguir por este vecindario, cuando espero contarle cómo acabó todo aquello. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).