Carlos Reyes Sahagún

En el transcurso de junio de 1958, partidarios del Plan del Sureste, que se había formulado para exigir aumento salarial y democracia sindical, visitaron las secciones sindicales del sistema ferroviario, buscando la adhesión de los trabajadores del riel para los paros que se proponían realizar, a fin de presionar a la empresa para que satisfaciera sus demandas.
En Aguascalientes la incorporación de los trabajadores al movimiento vallejista y las medidas que estaba tomando, quedó de manifiesto en la primera paralización de actividades, que tuvo lugar el día 26 de junio, en el que el grueso de los trabajadores detuvo sus labores durante dos horas.
Lo hicieron pese al esfuerzo realizado desde días antes por los jefes de las instalaciones locales, que insistieron en evitar estos actos. Secundados por el inspector federal del trabajo, declararon a los obreros fuera de la ley, y antes de que comenzara el paro, el Superintendente de Talleres, Sr. Luis Téllez Ledesma, realizó recorridos por los talleres instando a los obreros a que no realizaran el movimiento y, no sin cierto chantaje, los instó a que “pensaran en el futuro de ese centro de trabajo del cual viven ellos y sus familias”. Sin embargo todo fue en vano.
Por otra parte, es preciso recordar que en esta primera movilización no contó con la participación de todos los ferrocarrileros; no se unieron a esta insurgencia rielera los obreros de los departamentos de coches y carros, que fueron convencidos por el mayordomo general, Sr. Herminio Rodríguez, de no parar. Tampoco participaron los trabajadores de la Casa de Fuerza, la planta de laminación, la fundición de bronce, una parte de pailería, y otras más. De aquí que pueda afirmarse que en principio la adhesión al vallejismo no fuera plena.
Las actividades fueron paralizadas de las 10 a las 14 horas del 26 de junio. En la nota que dio cuenta de estos hechos, el reportero de este diario informó que las instalaciones tenían el aspecto de un cementerio, con un silencio profundo, roto por momentos por las conversaciones de los trabajadores.
En un emocionado recuento de esta situación, el diarista escribió que “realmente invadía la tristeza al contemplar el estado en que durante el paro quedaron los talleres. En casa redonda las locomotoras eran mudas testigos del movimiento de los obreros, los aparatos y martillos que cantan siempre un himno al trabajo, permanecían sordos y quietos sobre los materiales, en espera de volver a la actividad”.
El diario agregó que quienes pararon “cometieron actos que desdicen mucho de su movimiento, obligaron por la fuerza a suspender labores a los obreros que concientes de su deber seguían laborando”.
El paro afectó también a los trenes de pasajeros y de carga, que dependían de la División Centro, cuyo titular era el legendario ex beisbolista “Alberto Romo Chávez”. Durante dos horas los trenes de pasajeros y de carga debieron suspender sus corridas por la falta de despachadores. El tren número siete, que cubría la ruta de México a Ciudad Juárez, se detuvo en la terminal de Lagos y el 13, de Torreón a México, en Peñuelas.
Al tiempo que decidían parar, los trabajadores acordaron constituirse en asamblea permanente, que se reuniría diariamente en la explanada de la sede sindical.
Al día siguiente hubo un nuevo paro, ahora de cuatro horas, en el que sí participaron la totalidad de los trabajadores, en general de manera voluntaria, aunque tampoco faltaron los casos en los que los renuentes fueron obligados a abandonar sus labores.
Esto fue posible gracias a que un grupo de trabajadores de fraguas recorrió los departamentos, para cerciorarse de que nadie trabajaría durante el tiempo que durara el paro. En ningún departamento encontraron oposición, “pues al verlos venir con no muy buenas intenciones, automáticamente pararon de realizar sus actividades”.
Fue también en este segundo paro cuando hizo su aparición el ejército, de manera discreta; suave, pero visible, para lo que gustaran y mandaran, por si se ofrecía. Ese día, 27 de junio, el comandante de la XIV Zona Militar, general de división Juventino Espinoza Sánchez, y el jefe de estado mayor de la zona, general Joaquín Paredes Menchaca, estuvieron en las instalaciones de la superintendencia, para ofrecer el apoyo de la institución castrense. El Sr. Téllez Ledesma se limitó a agradecer la ayuda. El comandante ofreció proporcionar un fuerte grupo de soldados que se hiciera cargo de la situación de los talleres, para efectos de proteger los bienes de la empresa ferroviaria.
Sin embargo en ese momento no se consideró necesario. Más delante el ejército saldría a las calles y ocuparía las instalaciones rieleras.
Aunque los movilizados iban subiendo el tono de su protesta, nada se resolvió en esos días, quizá porque la atención principal del gobierno federal estaba puesta en la organización de las elecciones presidenciales, que tuvieron lugar el domingo seis de julio, y en las que resultó ganador el candidato priísta, el licenciado Adolfo López Mateos. Ya habría tiempo de atender las demandas de los ferrocarrileros.