El Heraldo de Aguascalientes

Insurgencia Rielera 3/6

Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Decir que el movimiento ferrocarrilero de 1958-59 vino a romper la proverbial paz de Aguascalientes, ciudad rielera por excelencia, posiblemente no sea lo más acertado, ya que para esas fechas, mediados de 1958, esta paz estaba ya algo rota. Digo, para los criterios a que nos tenían acostumbrados los guardianes de la visión de la tierra de la gente buena.
Porque hace 60 años, en esos meses, estaba en marcha una movilización en contra del gobernador Luis Ortega Douglas, en la que participaban un conjunto de organizaciones ciudadanas agrupadas en una mayor de nombre escatológico: Frente Unido del Pueblo de Aguascalientes (FUPA).
Fue este el último momento de perturbación social en Aguascalientes, antes de que la pax olivariana inaugurara el largo periodo de estabilidad y crecimiento que llega hasta nuestros días, y en última instancia el problema ferrocarrilero no hizo sino enturbiar aún más el ambiente.
Y sin embargo es obligado señalar que iniciados los paros ferroviarios, la oposición que el gobernador Ortega enfrentaba por su intención, entre otras cosas, de revaluar la propiedad raíz y expropiar terrenos para construir la Avenida Oriente Poniente, pasó a segundo término; al menos por una temporada, dándole un respiro al vilipendiado gobernante.
Entonces la población contempló azorada a estos rieleros insurgentes que desbordaron el ámbito puramente laboral de los talleres, y se volcaron en las calles, en busca de aumento salarial y democracia sindical.
En las dos entregas anteriores me dediqué, avispado lector, a ofrecerle un panorama general de lo ocurrido en esa primera etapa de insurgencia rielera. Ahora me referiré a lo ocurrido en Aguascalientes.
Ese año de 1958 los ferrocarrileros aguascalentenses recibieron varios beneficios, algunos de ellos largamente esperados. Por ejemplo, fue entonces cuando se construyó y puso en servicio el ansiado hospital, que sustituiría el viejo, aquel de arquitectura estadounidense que conocimos por medio de fotografías.
Era este un viejo anhelo con el que los trabajadores esperaban superar una serie de deficiencias que venían arrastrándose de años atrás, como la mala atención, la carencia de medicamentos, etc.
También fue entonces cuando se construyó lo que conocimos como Centro Deportivo Ferrocarrilero, con su alberca olímpica, su gimnasio, sus canchas de fútbol y béisbol, etc.
Era, para decirlo de alguna forma, la manera como la empresa cerraba con bombo y platillo su actividad en Aguascalientes, en lo que tocaba a la administración del presidente Adolfo Ruiz Cortines.
El hospital es el mismo que luego pasó al IMSS para convertirse en clínica, y aunque remodelado, (le agregaron el edificio sede de la delegación), todavía es posible vislumbrar su estructura original. El Centro Deportivo Ferrocarrilero sigue ahí, corregido y aumentado.
Pero había otras situaciones menos gratas que estas, que atosigaban a los trabajadores. Una de ellas, que posiblemente subsista hasta nuestros días, era el agiotismo. Cada día de pago los cobradores hacían acto de presencia en la pagaduría para saldar deudas, con el consiguiente escándalo. Las promesas del superintendente de talleres, Sr. Luis Téllez Ledesma, de combatir estas prácticas, no pasaban de eso, y la práctica siguió su curso, en ocasiones, con la complicidad de los jefes inmediatos de los trabajadores.
La otra situación fue el descubrimiento, los primeros días de mayo de, en palabras de este diario, “un escandaloso fraude en perjuicio de los Ferrocarriles Nacionales de México”, consistente en la suplantación de trabajadores, a cambio de $650, en una maniobra en la que participaron funcionarios de la empresa coludidos con miembros del Ejecutivo que presidía el diputado local Leobardo Quiroz.
Estaba, por ejemplo, el caso de Jesús Delgadillo, El estudiante, que años después cobraría fama como matador de toros. Para esas fechas ya no trabajaba en Ferrocarriles, pero su nombre continuaba figurando en la nómina, y su plaza ocupada por un individuo de nombre Ramón García Macías. Poco a poco fueron apareciendo más casos sobre esta práctica, y fluyendo los nombres de los involucrados.
Pero el agio, el tráfico de plazas, el hospital, la Ciudad Deportiva y hasta la posible visita de Ruiz Cortines para inaugurarlos, pasaron a segundo término en junio, cuando los trabajadores se lanzaron a la lucha.