El Heraldo de Aguascalientes

Insurgencia rielera 2/6

Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aceptado el incremento salarial ofrecido por el presidente Adolfo Ruiz Cortines en julio de 1958, los trabajadores ferrocarrileros se concentraron en la renovación de su dirigencia sindical, en los inicios del movimiento ferrocarrilero de 1958-59.
El ocho de julio de 1958 renunció la directiva nacional, dando paso a los suplentes, quienes hicieron propias algunas de las demandas plasmadas en el Plan del Sureste, que habían enarbolado el trabajador oaxaqueño Demetrio Vallejo Martínez y un grupo de compañeros.
Sin embargo el 12 de julio se reunió la VI Convención Nacional Extraordinaria, que inició labores realizando un proceso electoral en el que resultaron electos Demetrio Vallejo Martínez y compañía. Entonces los rieleros tuvieron dos direcciones sindicales, puesto que la que encabezaba Salvador Quezada Cortés se negaba a renunciar.
A esta situación los vallejistas, como pronto comenzaron a ser llamados, respondieron anunciando la realización de nuevos paros, a fin de presionar a la empresa para que reconociera a los directivos recién electos. El primero, de dos horas de duración, tuvo lugar el 26 de julio. Entonces se llevaron a cabo negociaciones con la Secretaría de Gobernación, que resultaron fallidas, por lo que la nueva dirigencia dispuso la reanudación de paros para el día 31 de julio.
Ese día el gobierno declaró fuera de la ley a la dirigencia vallejista y al siguiente procedió a recuperar los locales sindicales que ésta tenía en sus manos, al tiempo que encarcelaba a la mayoría de los directivos, a excepción de Vallejo, quien convocó a un paro general de actividades que estalló la noche del 1 de agosto.
Entonces todo el mundo comenzó a ponerse de nervios. El gobierno probó el sabor amargo del miedo, vislumbrando el posible descarrilamiento del tren de la revolución mexicana en su marcha triunfal, y apeló al patriotismo de los trabajadores, en tanto los empresarios clamaban por la represión y la vuelta al orden.
Días después el director de la empresa, Roberto Amorós, y Vallejo se reunieron para discutir el fin del conflicto, que culminó con el acuerdo de reanudar labores, y realizar elecciones en todas las direcciones sindicales, incluida la nacional, en un plazo que correría del siete al 22 de agosto.
De nueva cuenta, y como era de esperarse, el ganador fue Vallejo que asumió el Ejecutivo General el 27 de agosto.
Los ferrocarrileros regresaron al trabajo, no sin la agitación provocada por las represalias de que fueron objeto aquellos trabajadores que no secundaron los paros, en algunos casos impulsadas por quienes hacían labor de quinta columna en contra de los rieleros insurgentes. Este fue el caso de los aguascalentenses Heriberto Bejar y Luis Gómez Zepeda.
Y sin embargo ahí paró el conflicto; por lo menos en principio. Ya para la segunda quincena de septiembre todo había vuelto a la normalidad.
Probablemente los trabajadores consideraron el caso cerrado, y además venía el fin del sexenio de Ruiz Cortines, y el inicio de la administración del licenciado Adolfo López Mateos, por lo que había que llevar la fiesta en paz; la inauguración de las debacles de fin de sexenio quedaría para otra ocasión.
Sin embargo esta normalidad era sólo aparente, dado que el asunto no había hecho sino empezar. Con el inicio de 1959 vendría la discusión del nuevo contrato colectivo de trabajo, su firma y el incumplimiento por parte de la empresa. Este hecho, junto con el conflicto del Ferrocarril Mexicano, de nueva cuenta lanzó a los trabajadores a la calle con una serie de paros, hasta su estrepitosa derrota y consiguiente represión, a fines de marzo.
Los trabajadores habían mostrado el músculo y desafiado exitosamente al gobierno, por lo menos aparentemente, pero aparente o real, aquello era algo inaceptable desde la perspectiva del poder, que se cobraría la afrenta con intereses. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).