El Heraldo de Aguascalientes

Insurgencia rielera 1/6

Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Este año, en estos meses, se cumplen 60 años del Movimiento Ferrocarrilero que sacudió a México entre agosto de 1958 y marzo de 1959, y que en Aguascalientes tuvo un gran impacto, gracias a la enorme instalación fabril rielera que existía entonces en nuestra ciudad, y a los miles de hombres y mujeres que laboraron ahí.

Cuando se cumplieron 50 años publiqué dos series de seis artículos cada una, entre agosto y octubre de 2008 una, y entre marzo y abril de 2009 la otra.

Gracias a la bondadosa hospitalidad que me brinda El Heraldo de Aguascalientes, las dos series verán nuevamente la luz, con el fin de recordar aquellos acontecimientos, que en alguna medida determinaron el desarrollo posterior de nuestra ciudad, y para que no se pierda la memoria de lo realizado por aquella gente. Evidentemente, la publicación irá con las obligadas actualizaciones. Así que corre y se va…

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En estos días se cumplen 60 años de la culminación de la primera fase del movimiento ferrocarrilero de 1958-59, que puso en pie de lucha a miles de trabajadores ferroviarios en todo el país, en demanda de aumento salarial y, más importante aún, de democracia sindical, en un conflicto que se hizo presente de manera importante en Aguascalientes.

Vale la pena tener en cuenta que 1958 fue el último año del gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines, y de los comicios en que resultó electo el Lic. Adolfo López Mateos quien, por cierto, había sido el secretario del Trabajo del gobierno que llegaba a su fin. Además hay que recordar que 10 años antes, en 1948, el sindicalismo rielero sufrió una importante derrota, con la entronización del charrismo sindical, gracias al golpe de fuerza del maquinista Jesús Díaz de León y secuaces, contando con la anuencia del gobierno del presidente Miguel Alemán.

Entonces, la frustración que se fue acumulando a través de los años por este hecho, la postergación de las demandas laborales y de la modernización de los ferrocarriles, hizo crisis en 1958.

La efervescencia comenzó a gestarse a principios del año, a partir de una iniciativa para obtener un aumento salarial, enunciada por ferrocarrileros de la capital del país.

A fin de discutir este planteamiento se decidió realizar una reunión el 30 de abril, para reflexionar sobre la situación económica, tanto de la empresa como de los trabajadores, y entonces fijar el monto que se solicitaría a la empresa.

Esta reunión se realizó con la anuencia del Ejecutivo General del sindicato que, sin embargo, no tardó mucho en tomar distancia de la comisión pro aumento salarial, debido a que esta pretendía tratar directamente con la empresa, al margen de la dirección sindical.

En principio, aquélla decidió solicitar un aumento de $350 mensuales por trabajador, que los secretarios seccionales, apoyados por el dirigente nacional, Samuel Ortega, decidieron rebajar a $200.

La propuesta fue presentada al gerente de la empresa, senador Roberto Amorós, quien el 21 de mayo solicitó a los trabajadores un plazo de 60 días para resolver. Aceptada la petición, la comisión pro aumento salarial se disolvió. Sin embargo el 24 de mayo un grupo de trabajadores manifestó en México su repudio de los dirigentes sindicales, además de su inconformidad por no haber obtenido el aumento de inmediato.

Fue en esos días cuando se formuló el Plan del Sureste, bandera de la insurgencia rielera. Este plan, formulado en Veracruz, proponía el rechazo de los $200 y del plazo de 60 días. Además proponía solicitar los $350 y, desconocer a las autoridades sindicales, de la nacional a las 38 locales, y a los comités de vigilancia y fiscalización, bajo la acusación de haber transado con la empresa a espaldas de los trabajadores. Elegir nuevos comités sindicales y obligar a los antiguos dirigentes a reconocer a los nuevos y exigir los $350.

Si las metas no eran alcanzadas, “se pasaría a la acción directa” (un término muy socorrido en aquella época), a través de una serie de paros parciales, primero de dos horas, luego de cuatro, etc., hasta culminar con un paro general de labores.

La primera interrupción de actividades se llevó a cabo el día 26 de junio, y tuvo una duración de dos horas. El éxito alcanzado asombró incluso a los propios trabajadores. El día 27 las instalaciones ferroviarias y los transportes pararon cuatro horas y el 28 seis. El uno de julio, unos días antes de las elecciones federales, el presidente Ruiz Cortines ofreció un incremento de $215.

En el transcurso de esos días de rebelión surgieron otras demandas, incluso más importantes que las iniciales, como lo fueron la desaparición del Comité Político Ferrocarrilero, y con éste la posibilidad de que los dirigentes rieleros ocuparan al mismo tiempo cargos de elección popular. También se pugnaría por la desaparición de la cooperativa única de consumo.

La propuesta de $215 de Ruiz Cortines, a medio camino de la de la empresa ($180) y de la de los trabajadores ($250), fue aceptada, y a primera vista esto significó la solución del conflicto.

Sin embargo esto no fue sino el preludio, la oportunidad que los rivales se dieron para conocerse y medir fuerzas, antes de lanzarse a un enfrentamiento de grandes proporciones.