Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Esta semana inició el ciclo escolar 2018 – 2019. En la inauguración de este nuevo año lectivo, como es de costumbre, abundaron lugares comunes como el anuncio de sumas millonarias “para programas educativos, uniformes escolares, becas, educación moderna basada en idiomas, las nuevas tecnologías, la capacitación de docentes y dotación de herramientas físicas e intelectuales para la formación de una nueva sociedad”.

Al escuchar discursos y declaraciones, se llega a concluir que las autoridades dan muchas vueltas con tal de no mencionar ni comprometerse con los propósitos y metas fundamentales que requiere la educación. En todos hay conciencia que el nivel de aprovechamiento escolar es muy bajo y que los índices de reprobación y abandono escolar son alarmantes; sin embargo, las autoridades (teniendo los datos en sus manos) no se preocupan ni dicen qué hacer para mejorar los aprendizajes de los alumnos, como tampoco mencionan medidas remediales y preventivas para disminuir o abatir la reprobación y la deserción escolar. Al inicio del año lectivo, se esperaría que las autoridades educativas señalaran, con nítida claridad y convencimiento, los grados de aprendizaje que se proponen superar y los porcentajes que pretende disminuir de la reprobación y el abandono escolar. Con propósitos y metas definidos, que se propongan superar los problemas más sentidos, sólo así se entenderían y justificarían las sumas millonarias que se anuncian. De otro modo, tan sólo se seguirá escuchando la danza de los millones; mientras la educación, por su lado, continúa desmejorando.

Aunque suene una perogrullada, pero habrá que decirlo, la autoridad no está sola, cuenta con una infraestructura exuberante de funcionarios, personal de las unidades regionales de servicio educativo, jefes de sector, supervisores, directores, subdirectores, coordinadores académicos, asesores técnico-pedagógicas, docentes y variedad de apoyos educativos. Todo es cuestión de diseñar y operar proyectos para mejorar aprendizajes y disminuir reprobación y abandono escolar, con metas claras y factibles; y luego poner a funcionar la estructura del sistema escolar: el docente se responsabilizaría, técnico-pedagógicamente, de los 35 alumnos del salón; el director de los 500 alumnos de la escuela; el supervisor de los 20 mil alumnos de su zona; y la autoridad estatal de los más de 300 mil estudiantes de la entidad; cada instancia con sus acciones y estrategias, pero con el mismo propósito común de elevar la calidad de la educación.

¿En qué aspectos se pondría especial cuidado? En el dominio de las asignaturas, la planeación didáctica, el desarrollo de la clase, la preparación de ambientes idóneos de aprendizaje, la metodología aplicada, las estrategias y materiales didácticos utilizados, los procedimientos de la evaluación de aprendizajes y el dominio y aplicación de la gestión pedagógica escolar. En relación con los estudiantes, se tendría especial consideración el contexto en que viven, la situación económica, social y cultural de sus familias; los intereses de los educandos, sus capacidades intelectuales, las distintas formas de aprender, las facilidades y dificultades en los aprendizajes, las cosas que les agradan y desagrada, las situaciones emocionales que los afectan; así como el apoyo efectivo o precario que brindan los padres de familia en el desarrollo del proceso educativo de sus hijos. Con base en estos referentes, las autoridades educativas, las unidades regionales, las zonas de supervisión, los asesores pedagógicos y los docentes, todos bajo un mismo propósito común, estarían en condiciones de lograr mejores resultados.

Ya es tiempo de hacer algo diferente de lo que se ha venido haciendo en los últimos ocho años: se tienen escuelas, recursos, personal humano y se pueden diseñar proyectos. ¿Qué hace falta? Voluntad, compromiso, perseverancia y deseo de hacer las cosas bien. Es muy conveniente aprovechar este inicio del ciclo escolar 2018 – 2019 para empezar con la innovación y volver a emerger como un estado de alto prestigio educativo. Los niños, los adolescentes y los jóvenes, lo merecen.