Ayer, en el Seminario Diocesano, el rector Juan Carlos Montes puso en marcha un nuevo ciclo de formación, con un total de 184 alumnos; reconoció que el reto actual es el discernimiento de las vocaciones y el promover la formación sacerdotal en un mundo de permisividad, relajamiento moral, relativismo, materialismo y hedonismo.
Explicó que al Seminario Menor iniciaron 40 alumnos; en el Curso Introductorio 25; en Filosofía 48; Teología, 38; y hay 25 pasantes (14 diáconos, 11 ministros). Estos últimos serán enviados un año a diversas parroquias, previo a su ordenación.
En este curso, habrá 12 sacerdotes de tiempo completo, dedicados a la formación de los seminaristas, más un diácono y tres ministros.
Los formadores y profesores clérigos, designados por el Obispo, tienen el deber de hacer profesión de fe y juramento de fidelidad en su enseñanza y en su proceder, por lo que firmaron el documento respectivo con el que sellan este compromiso anual.
El rector explicó: “nuestra misión consiste en que los jóvenes seminaristas sean educados para la simplicidad, la sobriedad, el diálogo sereno, la autenticidad y como discípulos a la escucha del Maestro, aprendan a vivir y actuar desde la cordialidad pastoral que corresponde al ser siervos de Cristo y administradores de los misterios de Dios”.
En ocasión de este inicio de clases, los formadores renovaron al Obispo José María de la Torre Martín, “su cercanía filial y obediente en esta misión apasionante y dedicada que pone en nuestra manos; le rogamos que nos encomiende en su oración, a fin de que podamos responder adecuadamente”.
El rector recomendó a los alumnos abocarse a sus estudios, a no caer en tentaciones y en su caso, estar seguros de querer a servir a Dios por sobre todo.
Finalmente, reconoció que hay adolescentes y jóvenes interesados en la formación sacerdotal, pero son desanimados por sus familiares, razón por la cual “se debe hacer labor de conciencia en los ámbitos donde haya que hacerlo”.