RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Dentro de seis días los mexicanos tendremos nuevo presidente. En efecto, el próximo sábado primero de diciembre tomará posesión como presidente de México Andrés Manuel López Obrador luego de 18 años de haber iniciado su lucha por obtener el máximo puesto político de nuestro país. López Obrador llega a la silla presidencial después de una lucha política que parecía nunca acabaría y en la que contra viento y marea soportó los embates del sistema político mexicano que con toda la fuerza que da ostentar el poder avasalla inmisericorde a los enemigos políticos, a los enemigos del sistema. López Obrador fue paciente, porfiado a más no poder, en su mente solo había un objetivo: Ir tras la victoria electoral por la presidencia de México. Y para lograrlo primero tenía que obtener la candidatura para posteriormente lanzarse a la contienda electoral. Cuando su militancia en el PRD se avizoraba difícil para lograr la tercer candidatura al hilo, López Obrador creó en el año de 2011 su organización política, primero como asociación civil y posteriormente en el año 2014 obtiene su registro como partido nacional: MORENA. A partir de ahí no había un solo obstáculo para que Andrés Manuel fuera el abanderado del nuevo partido a la presidencia. La simpatía del tabasqueño sumado al nombre del nuevo partido, MORENA, que sin duda iba ligado a la Morena del Tepeyac que es el máximo símbolo del cristianismo en México, surtiría un efecto de doble impacto en las preferencias electorales. Como efectivamente sucedió el pasado 1° de julio.

A López Obrador hay que reconocerle que ha sabido llevar una estrategia adecuada para influir en el ánimo de la población. La perorata principal en sus actos de campaña era lo que la gente quería escuchar, promesas tendientes a ayudar a la población, a los adultos mayores, a los más necesitados así como el ofrecimiento de becas para estudiantes. Una de las promesas que más impactó a todas las clases sociales fue la promesa de bajar el precio de las gasolinas así como el eliminar los “gasolinazos”. Ya encarrerado Andrés Manuel se lanzó contra lo que él decía era el origen de todos los males del país: La corrupción y la mafia del poder. Él acabaría con todos ellos. Esas ofertas políticas fueron fundamentales para hacerse de millones de simpatizantes. ¡Claro que la  gente quería que bajara el precio de los combustibles! ¡Claro que la población anhelaba ver tras las rejas a los políticos corruptos que durante años han robado a manos llenas las arcas de la nación! ¡Claro que la ciudadanía ya no quería a los líderes sindicales que desde siempre se han enriquecido de manera cínica y descarada a costillas de los trabajadores y que no dejan los puestos de liderazgo por nada de este mundo! Esas promesas lograron que la gente viera en el tabasqueño un rayo de luz y esperanza para un cambio de vida mejor, principalmente para los que menos tienen. Aunado a lo anterior el partido en el poder, el PRI, cada día cavaba más su tumba, ayudados por los desatinos y corruptelas del presidente Peña y de sus colaboradores, que impunemente cometieron actos de deshonestidad sin que nadie les dijera nada ni les parara el alto. La corrupción fue la etiqueta del sexenio peñista y eso llevó al PRI a perder la hegemonía que durante muchas décadas ostentó. El periódico Reforma realizó hace unos días un análisis de los principales rubros del sexenio de Peña Nieto y en TODOS salió mal: En economía solo baste decir que cuando Peña inició su sexenio el dólar estaba a $10.72 y entregará el poder con el dólar a más de 20 pesos. La gasolina estaba el litro de magna a 11,28 y ahora está a 20.91.

El rechazo de la población al PRI en la elección pasada fue muy ostensible. En el Senado, en la legislatura anterior, el PRI tenía 54 senadores, en la actual solo tiene ¡15! En la Cámara de diputados en la anterior legislatura el PRI tuvo 213 diputados federales, en esta legislatura el PRI tiene ¡47! Y así podríamos analizar cada rubro del actual gobierno, tanto en lo político como en lo económico, para constatar las causas de su debacle. Como último dato, el cual es muy ilustrativo, le comento que en la encuesta del mes de mayo de este año la desaprobación a la forma en que Peña Nieto gobernó el país alcanzó el más alto índice con un ¡77%! Siendo de esta manera uno de los presidentes con el índice más bajo de reprobación.

Por su parte López Obrador comenzó a accionar en muchas acciones casi desde el siguiente día de su triunfo. Mucha polémica ha causado con la negativa a la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México luego de la consulta promovida por él. Ahora la polémica se ha generalizado con la creación de la Guardia Nacional que no es otra cosa que la militarización de la policía, incluso el logotipo que llevarán en el uniforme es el del centenario del Ejército con el escudo nacional. Algo que está causando inquietud entre los militantes y dirigentes de MORENA es lo referente a las protestas que al parecer habrá el día 1° de diciembre durante la toma de posesión de López Obrador, con motivo de la asistencia de Nicolás Maduro. Esto desde luego que sería un prieto en el arroz muy desagradable como desagradable es la asistencia del dictador venezolano. Y es que la invitación siguió en pie a pesar de que más de 40 países están por desconocer el gobierno de Maduro a partir del 10 de enero que es cuando comenzará un nuevo periodo por seis años. Lo anterior debido a que se menciona que fue fraudulenta la elección de Maduro. En fin, poco falta para ver cómo se comportan las bancadas el día primero de diciembre, fecha en que Andrés Manuel comenzará a dirigir los destinos del país. La pregunta es: ¿Qué nos espera a los mexicanos con el nuevo tlatoani? Ojalá cosas buenas.