El Heraldo de Aguascalientes

Indignación y esperanza

México vive una indignación generalizada. Lo sucedido en Iguala sin duda ha marcado a la sociedad mexicana, estos acontecimientos constituyen la peor crisis de derechos humanos desde la matanza de Tlatelolco.

Los mexicanos han salido a las calles indignados, con un profundo sentimiento de coraje, las manifestaciones se han dado en todo el territorio nacional, algunas pacíficas otras violentas; sin embargo, debemos ser conscientes que esta situación ha calado tanto que debemos reflexionar a fondo cómo es que debemos salir a flote de esto. Así como existe indignación y coraje, también existe la esperanza de que las cosas cambien en este país.

Como mexicanos debemos ser solidarios con los familiares de los 43 estudiantes, y de igual forma, debemos serlo con las instituciones, no en el sentido de dar aval a todo lo que hagan sin analizarlo críticamente, por el contrario, buscando fortalecerlas a fondo, puesto que es lo que se necesita; no debemos regresar a lo mismo y con el pasar de los días ser indiferentes ante esta situación (tal y como muchos políticos quisieran que sucediera).

Es un hecho que esta crisis ha polarizado a una parte de la población. Están aquellos que piensan que la solución debe ser tomando las armas y a través de la violencia, y los que estamos convencidos de que la solución debe ser de forma pacífica y transitando a través del fortalecimiento institucional.

México necesita que las instituciones garanticen la eficacia en la procuración de justicia, combatir la impunidad y la corrupción, así como reducir las enormes brechas de desigualdad apostándole a políticas económicas que mejoren los ingresos de todos.

La polarización sobre cómo resolver esta lamentable situación no debe provocar la indiferencia, hoy más que nunca los mexicanos debemos permanecer unidos. Las autoridades y la sociedad debemos apostarle al fortalecimiento de las instituciones y no a la violencia.

Tal vez algunos me tilden de idealista, sin embargo, tengo la firme convicción de que lo sucedido en Iguala no solo será un lamentable acontecimiento que quedará en la historia, y que el día de mañana volveremos a nuestro hogares a ocultarnos tras la máscara de la indiferencia; por el contrario, creo que de esta terrible tragedia y de la indignación generada, brotarán acciones concretas para fortalecer nuestras instituciones, y así lograr que aquellos que deben velar por la seguridad y el bienestar de la sociedad en verdad cumplan con su función. Iguala será el reclamo de la sociedad y un recordatorio permanente para todos aquellos que se han alejado del sentir de su pueblo.

Como es costumbre, les agradezco el valor de su lectura, y los espero una vez más la próxima semana.