Ricardo Vargas

La teoría económica basa su análisis en el supuesto de que los seres humanos somos racionales y que todas nuestras decisiones las tomamos siempre con la intención de maximizar nuestra utilidad o de obtener el mayor beneficio posible. Por otro lado, dentro de los debates de las diferentes corrientes ideológicas de la economía se ha discutido sobre la “eficiencia de los mercados” y sobre si realmente las decisiones individuales llevan eventualmente a un beneficio colectivo. Sin embargo, en la práctica se ha observado la necesidad de que los agentes reguladores (en empresas, en comunidades, en gobiernos), utilicen ciertos incentivos para motivar a los individuos a tomar las decisiones que generen un bien personal que, en el agregado, lleve a un beneficio colectivo.

Sin embargo, en ocasiones estos incentivos no solamente no generan los resultados deseados, sino que en lugar de generar un nivel de bienestar general terminan por generar externalidades negativas al entorno. Esto se conoce como incentivos perversos, y generalmente se dan cuando los incentivos planteados no están totalmente alineados con los incentivos que tienen cada uno de los individuos al momento de decidir, por lo que a medida en que se benefician las personas en lo individual, el entorno se ve perjudicado en lo general.

Ejemplos de incentivos perversos hay muchos, tanto a nivel corporativo como a nivel de gobierno. Uno de ellos es el que surgió en 2004 en el programa de atención médica del Departamento de Atención a Veteranos de Guerra de los Estados Unidos. Los directivos y administradores del hospital en Phoenix de dicho programa recibieron la indicación de mejorar los tiempos de espera para los veteranos que solicitaran atención médica. En caso de que los tiempos promedio se redujeran y la atención fuera más eficiente, los administradores recibirían bonos y compensaciones extra. Después de algunos meses, los directivos del hospital comenzaron a ocultar información de pacientes a sus superiores, reportando un menor número de veteranos que solicitaban atención médica y logrando registrar entonces un tiempo de espera promedio menor pero falso. De acuerdo con investigaciones posteriores, las personas que solicitaban atención médica llegaron a esperar hasta 115 días para ser atendidos. Finalmente se reportó la muerte de 40 personas a causa de que no se reportara la totalidad de personas que demandaban atención médica.

En otro contexto y en otros tiempos, pero igual de interesante, está la historia sobre las ratas en Hanoi. En la época de la colonia francesa se implementó en la actual capital vietnamita una política gubernamental que buscaba erradicar la sobrepoblación de ratas que afectaba a la ciudad en aquel tiempo. El incentivo para que los ciudadanos colaboraran consistía en una remuneración monetaria por cada rata que mataran. Para esto (supongo que por cuestiones de higiene y de agilidad), se les pedía a los habitantes que entregaran la cola de las ratas, como prueba de que habían logrado matarlas. Esto llevó a que los ciudadanos únicamente cortaran la cola de las ratas sin matarlas, guardando un par de ellas para criar más y entregar más colas. Finalmente, el resultado fue totalmente opuesto al planeado, pues la población de ratas aumentó significativamente, mientras que los ciudadanos recibieron un beneficio económico individual.

Habría que tener en cuenta, que el hecho de que el resultado final de la implementación de un incentivo sea opuesto a la que se buscaba no es culpa del incentivo per se, sino de una falta de alineación con los incentivos individuales de las personas que participan en el entorno.

Esta semana el gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, anunció la condonación de la histórica deuda que ha mantenido la población de dicha entidad con la Comisión Federal de Electricidad. Además de que ahora Tabasco pagará la tarifa de luz más baja en el país, la CFE accedió a condonar una deuda cercana a los 11 mil millones de pesos, generada por casi medio millón de tabasqueños que dejaron de pagar sus recibos de luz desde 1994. Dejando de lado las cuestiones políticas que pudieran estar detrás de esta política, se argumenta que se ha hecho con la intención de motivar a los tabasqueños a ponerse ahora al corriente de sus pagos y a llevar una mejor relación con la CFE.

Sin embargo, inevitablemente surge la interrogante de qué podría pasar cuando dentro de uno o dos meses, los tabasqueños vuelvan a incumplir en su pago. Más aún, me pregunto qué pasaría si mañana en Guerrero se pronuncian 200 mil personas en contra de los recibos que les llegan de parte de la CFE. ¿Y si ellos también dejan de pagar?

Evidentemente ninguno de esos “consumidores” de luz tendrá algún incentivo para pagar su recibo de luz, pues ¿qué pasa si no lo pagan?

@1ricardovargas

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