Francisco Morales 
Agencia Reforma

CDMX.- Al principio, los dibujos de todos los niños eran iguales: hombres –siempre varones– con bata de laboratorio y los cabellos alocados de Albert Einstein.
Ante la instrucción de dibujar a un científico –en inglés, el término es el neutral «scientist»–, a ninguno de los estudiantes de primaria en el curso de divulgación de la ciencia, impartido por alumnos de la Universidad de Southampton, se le ocurría dibujar a una mujer científica.
«Tenemos muchos prejuicios desde que somos niños y etiquetamos que un niño es bueno para la ciencia y una niña no lo es», explica la mexicana Ángeles Camacho, candidata a doctora por la universidad inglesa.
A su llegada a la institución, con una beca del Conacyt, Camacho se encontró con que la Sociedad de Óptica y Fotónica de Southampton, su especialidad, tenía un exitoso programa de divulgación científica, a base de voluntariado, dirigido a niños y muchachos de escuelas inglesas.
Su contribución al programa, decidió, sería instaurar políticas de diversidad y equidad en los cursos.
«Esta idea de diversidad, de promover la diversidad y generar ese ambiente de equidad en el área de trabajo fue lo que yo instituí en esa sociedad estudiantil», explica.
El año pasado, su trabajo en esta área le valió el premio Women in Science Engineering and Technology (Mujeres en la Ciencia, Ingeniería y Tecnología), que otorga su universidad.
Una de estas políticas es que a cada una de las lecciones impartidas por la sociedad siempre debe de ir una mujer científica. El mero ejemplo ha ayudado a los niños y adolescentes a deshacerse de un prejuicio.
«Las niñas comenzaron a dibujarse a ellas mismas, o a nosotras, entonces ya no era un estereotipo común del científico, era para ellas algo más tangible, más alcanzable», dice sobre uno de los ejercicios que legó al programa.
«En el corto plazo, se está viendo el impacto», celebra.
El programa de la sociedad, en lo general, se basa en tratar de volver a vincular la tecnología y los objetos de la vida cotidiana con los principios científicos que les permiten operar.
«(A los científicos) nos ven como que estamos metidos en un laboratorio o estamos haciendo sumas y restas matemáticas todo el tiempo, con fórmulas supercomplicadas que nadie entiende y ellos no entienden para qué sirve en su vida diaria», dice sobre el problema a corregir.
Una muestra de los experimentos que utiliza para explicar cómo los conceptos de fotónica y óptica operan, por ejemplo, en internet, requiere únicamente una linterna y un cartón.
Encendiendo y apagando la lámpara, los voluntarios enseñan qué es el código morse, cómo a partir de éste se desarrolló el código binario y luego cómo es que la luz transmite esa información.
«La educación (en las escuelas) está basada en dar conceptos básicos, pero el punto final, el cómo es que esa información básica, que es superimportante, está directamente relacionada a la tecnología actual, esa conexión está rota y creo que es la que necesitamos encontrar», explica.
En sus intenciones de llevar este programa a México ha encontrado interés del Conacyt, del Politécnico, de la UNAM y de consejos de ciencia locales, como el de Baja California Sur.
«Quisiéramos generar una herramienta que permitiera llevar este concepto de difusión de la ciencia y que sea la plataforma para que a los niños, sobre todo de escuelas públicas, porque son las que más necesitan este tipo de herramientas, puedan tener acceso a este tipo de programas y clases que imparten los científicos», propone.
Como en Southampton, serían los propios alumnos de ciencias voluntarios quienes planearían los proyectos sencillos para los niños y jóvenes.
«Yo creo firmemente que la base de una mejora social es la educación, entonces tenemos que empezar por ahí», declara.
En la investigación de su doctorado, Camacho actualmente busca desarrollar métodos de producción para las fibras ópticas de nueva generación.