Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

El 2014 ha estado marcado por la consolidación de importantes reformas, pero también por la exposición de los enormes retos que nuestro país mantiene en áreas elementales para su funcionamiento. Los acontecimientos observados durante los últimos meses, han dejado en claro que el proyecto reformador iniciado por la presente administración no es suficiente para alcanzar en el corto plazo los objetivos de crecimiento, desarrollo y aceptación social que fueron planteados por ésta desde el inicio de sus labores.

Temas como la seguridad pública, la transparencia y el combate a la corrupción –que el Gobierno Federal había mantenido estratégicamente al margen del debate público–, detonaron acontecimientos que hoy constituyen el centro de las críticas al desempeño de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto. Con la trágica desaparición de los 43 normalistas en Iguala y los escándalos por conflicto de intereses vinculados al otorgamiento de contratos, la estrategia reformista que había sido planteada mostró signos claros de debilidad, haciendo evidente la desconfianza y el escepticismo de nuestra sociedad respecto al desempeño de las autoridades.

Resulta claro que diversos grupos políticos han logrado capitalizar las deficiencias mostradas por el gobierno federal, atacando de forma sistemática cada acción o propuesta sin tomar en cuenta su importancia para el bienestar de nuestra población. Sin embargo, es difícil negar que el propio gobierno estructuró su proyecto de trabajo en función de la realidad política de nuestro país, fijando sus prioridades a partir de criterios de aceptación pública y márgenes de negociación.

Al minimizar la urgencia de generar controles para la corrupción y al eludir la atención al problema de la seguridad pública y al combate del crimen organizado, la presente administración asumió los riesgos que hoy le generan costos importantes en materia de la credibilidad y que opacan sus avances en otros sectores.

El año 2015 se presenta como un periodo complejo que requerirá de un reordenamiento de las acciones del gobierno y de determinaciones claras por parte de la sociedad mexicana. El descontento y las diversas expresiones de inconformidad popular requieren canalizarse mediante la realización de cambios concretos y efectivos que fomenten el desarrollo de nuestro país. El próximo año será crucial para el avance de México y es necesario que durante dicho periodo sea posible aprender de las lecciones que nos deja el 2014.