Salvador Rodríguez López

La gran pregunta que brota en cafés y desayunadores es ¿quién manda en la entidad?, basta con un apretón de tuercas para que ciertos grupos privilegiados avasallen la situación, y ni quien les tosa, porque de inmediato amenazan con realizar actos que hacen temblar a la autoridad y ponen a prueba la paciencia de miles de ciudadanos.
Es el caso de la Alianza de Transportistas Urbanos y Suburbanos de Aguascalientes (ATUSA), que no sólo por décadas se ha negado a mejorar la atención sino que hoy bloquea a las “Combis” para que ofrezcan el servicio a usuarios y trabajadores del Hospital General de Zona Número Tres (HGZ-3) del Instituto Mexicano del Seguro Social.
Como es del conocimiento público, el nosocomio se ubica en el municipio de Jesús María y al que, desde su inauguración el 15 de noviembre de 2017, se le incorporaron alrededor de 100 mil afiliados y derechohabientes que tienen su residencia en la ciudad capital y en varios municipios del centro y norte del estado.
El problema radica en que parte de ellos carecen de vehículo propio, por lo tanto, para acudir al establecimiento sanitario, deben hacerlo en transporte colectivo y éste sólo llega con regularidad a la cabecera municipal y otras comunidades, pero al HGZ-3 es de manera esporádica, de ahí que los pacientes y sus familiares, lo mismo que el personal que laboran en ese lugar, tiene que pagar taxi o caminar un kilómetro o más, que se convierte en un dilema económico y de salud.
Este Diario documentó y presentó las quejas de quienes viven una sucesión de adversidades, principalmente por el gasto que deben hacer cada vez que acuden a la cita médica, que son alrededor de 55 pesos con varios transbordos y 200 pesos o más si es en taxi y si se hace en vehículo particular es cercano a los 500 pesos por concepto de gasolina, que es lo que gastan quienes radican en el municipio de Loreto, Zac., y otras localidades del vecino estado.
Pese de la denuncia las autoridades hicieron como que la Virgen les habla, en espera seguramente de que el asunto deje de mencionarse, lo que de ninguna manera significa que los asignados a ese lugar estén contentos.
Quien sí respondió fue el ex presidente de ATUSA y actual vocero, Manuel de la Cruz Ricalde, al afirmar que destinan tres rutas, 6, 26 y 50, para dar servicio, pero no llegan hasta el hospital sino que los dejan en la avenida Siglo XXI y Prolongación Zaragoza y actúan de esta forma porque actualmente el servicio “no es rentable”, en función que el combustible “se encuentra muy caro”. Aunque afirma que por el poco número de pasajeros no es conveniente, reconoce que no cuentan con ningún estudio de aforo, por lo que es un tema “que debe analizarse con la coordinación de Movilidad” para valorar “si más adelante se amplía”.
Por su parte, Armando Santana Valdés, presidente de Enlace de Transporte Colectivo Foráneo de Aguascalientes (Combis), propusieron a la coordinación de Movilidad del estado una ruta directa al HGZ-3, con salida de la terminal que se ubica cerca de la Unidad de Medicina Familiar (UMF) Número 10 del IMSS, calculándose que unas 200 personas podrían utilizar diariamente este servicio.
La petición no tuvo respuesta al oponerse ATUSA, que reclama como propio este mercado, lo que demuestra un egoísmo, ya que no come ni deja comer, mientras tanto los cientos de perjudicados que se las arreglen como puedan.
El proyecto de las Combis es el más cercano a las necesidades que hay, ya que si la mayoría de los adscritos al citado hospital radican al norte y noreste de la ciudad capital y en los municipios del centro y norte del estado, lo mismo que en localidades zacatecanas, abrir una ruta desde la terminal de la Clínica 10 aligerará la carga económica y física de quienes, por necesidad, deben ir al mencionado hospital, para ello lo único que hace falta es que la parte oficial actúe a favor de las necesidades de miles de personas.

POR SUS INTERESES
Nadie da pesos por centavos, consecuentemente, lo que hacen los constructores es defender su negocio, al asegurar que el proyectado paso a desnivel al poniente de la ciudad es “una obra necesaria”, por lo que más allá de las molestias que causará a los vecinos “por algunos meses”, se generará empleo y activará el mercado interno.
Existe un marcado rechazo de los residentes en ese sector al considerar que no es indispensable y sólo provocará el cierre de negocios y la pérdida de puestos trabajo, de lo que nadie se hace responsable.
Los tiempos en que el pueblo aguantaba resignado las acciones gubernamentales ya son cosa del pasado, hoy se organiza y exige ser escuchado, en caso de no ser así realiza diversas acciones para evitar que se afecte su entorno.
En el caso del paso a desnivel que se proyecta en el segundo anillo de circunvalación y el fraccionamiento Colinas del Río, que en ningún momento se socializó, esto es, no hubo reuniones previas de los funcionarios para informar ampliamente y disipar dudas. Simplemente se dictó la orden desde un escritorio, dándose por hecho que nadie se opondría, pero más pronto de lo que se imaginaban encontraron una resistencia que ha sido tenaz.
En otras ocasiones se ha mencionado Con Usted que para vencer hay que convencer y hacerlo con argumentos sólidos, pero en este caso lo que se pretende es una imposición, llegándose al grado que en lugar de aceptar la pifia se acusó a militantes de un partido político de azuzar a los habitantes.
Los directivos de la Cámara de la Industria de la Construcción y de los colegios de arquitectos y urbanistas aseguraron que cancelar la obra “implicaría poner en riesgo ocupación y derrama económica por más de 100 millones de pesos”, pero hacerla también implicaría poner en riesgo el gran número de negocios que hay en ese sector y de los respectivos empleos.
En ningún momento se habla de la vieja demanda social, al citarse que dentro de un proyecto de una obra pública se incluya una cantidad para apoyar a los comercios e industrias que vayan a ser afectadas, simplemente les piden su comprensión y a ver cómo le hacen para sobrevivir. Tampoco se contempla una sanción a los constructores que no entreguen la obra en la fecha fijada, llegándose el caso que tres meses se hacen seis y hasta un año o más en concluirla, con lo que esto significa para los lacerados.
Habrá que ver en qué termina este asunto, que entre más tiempo pase más difícil será en que se cumpla, aunque cabe la posibilidad de que se imponga la ley del más fuerte y sin anuncio previo se inicien los trabajos.

REGRESÓ LA VIRGEN
Tras varios meses de ausencia, finalmente volvió la imagen de Nuestra Señora de la Asunción al altar mayor de la Catedral Basílica, luego que se dispuso la creación de una réplica, que será la que recorra la Diócesis en este año jubilar, por los 100 años de estar en ese lugar.
Los fieles que visiten la Catedral y comulguen tendrán indulgencias, además de otras mercedes, por lo que se espera que en este tiempo sea mayor la afluencia, teniendo presente que es un siglo el que ha sido la patrona espiritual de los aguascalentenses y zonas aledañas de Zacatecas y Jalisco que forman parte de la Diócesis.

FUE ESPELUZNANTE
Así lo calificó un aprendiz de fotógrafo cuando se quedó encerrado en la sala donde se depositaban los cuerpos de las personas que recién habían fallecido. El suceso tuvo lugar en el Hospital Miguel Hidalgo, de la calle Galeana, cuando un retratista más avezado le servía de maestro. A pesar de su resistencia para entrar al “descanso”, como se conocía a ese sitio, lo convenció que era obligado hacerlo para que no tuviera temor cuando lo mandaran a tomar gráficas a un accidente en donde hubiera muertos. Con el permiso del encargado entraron y una vez ahí el guía se escabulló cerrando la puerta, mientras que el principiante gritaba que abrieran. Finalmente logró salir y entre lo agitado que estaba dijo que había visto que uno de los cuerpos se le movió un brazo y otro que se “extendió”. Pese a que transcurrieron muchos años nadie lograba que volviera a entrar a ese lugar y menos al Servicio Médico Forense (Semefo).