Aplaudidas por unos y protestadas por otros tienen lugar las redadas, los cateos y los puntos aleatorios de revisión personal y vehicular en la ciudad capital y los demás municipios, en espera de encontrar alguna anomalía que permita aprehender a los presuntos infractores.

Los que están a favor consideran que es una medida necesaria para frenar la creciente acometida de la delincuencia común y del crimen organizado y manifiestan que el número de detenciones es la mejor muestra que se va por el camino correcto, tan es así que de los 34 mil 500 arrestos que se han logrado en el presente año una parte tuvo lugar en los operativos que llevan a cabo las corporaciones y de ese total 4 mil fueron mujeres.

La mayoría de los aprehendidos oscilan entre los 25 y 35 años por consumir drogas u orinar en la vía pública, participar en riñas o disturbios, ingresar a algún domicilio o intentar abrir un vehículo, a quienes se les investiga para determinar si tienen algún asunto pendiente con la justicia y de ser así los envían a la Fiscalía por presuntos delitos del fuero común o a la PGR cuando se trata de cuestiones federales, en caso contrario sólo cumplen un arresto de 36 horas.

En cambio, quienes están en desacuerdo con la actuación de los policías esgrimen que hay un retroceso en materia legal, ya que la detención sólo puede ser posible en flagrancia, lo que no sucede con las redadas que han sido rebautizadas como la “barredora”, ya que en cualquier lugar detienen “para una revisión de rutina” a peatones y automovilistas.

Este hecho es una violación flagrante a la Constitución General de la República, que en su Artículo 16 establece: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito por la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”.

Los puntos aleatorios que se instalan en cualquier calle, en que se utilizan patrullas o tambos para estrechar el paso de los vehículos para que se detengan y así obligar a sus ocupantes a bajar para ser “cacheados”, lo mismo que la unidad, lo cual tiene lugar sin que los agentes presenten algún ordenamiento que motive su actitud. En estas condiciones, para la autoridad todos los ciudadanos son culpables hasta que demuestren lo contrario.

Ha habido denuncias públicas de cateos que se efectúan al viejo estilo, esto es, “reventando” un domicilio para presuntamente tomar desprevenido a quien se pretende detener y esté o no presente el implicado revuelve todo lo que hay en la finca rastreando evidencias. La cuestión es que el mismo Artículo 16 cita: “En toda orden de cateo, que sólo la autoridad judicial podrá expedir y que será escrita, se expresará el lugar que ha de inspeccionarse, la persona o personas que haya de aprehenderse y los objetos que se buscan, a lo que únicamente debe limitarse la diligencia”.

En lo que concierne a las redadas, también existe una violación constitucional, porque no es delito reunirse en la calle, tildándolos de “esquineros”. El Artículo 9 ordena: “No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito” y el Artículo 11 señala: “Todo hombre tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar su residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto, u otros requisitos semejantes. El ejercicio de este derecho estará subordinado a las facultades de la autoridad judicial, en los casos de responsabilidad criminal o civil, y las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las limitaciones que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general de la República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el país”.

Como puede notarse, en ninguno de los casos hay legalidad en lo que hacen los elementos policíacos, lo que en algún momento puede revertirse a quienes dan las órdenes al tener que responder ante un juez en qué se escudó para hacerlo.

Está claro que no se puede combatir el delito con otro delito, por lo que es necesario que la táctica debe ser la vigilancia y prevención y no detener “en bola” a ver qué se “agarra”.

APOYO PSICOLÓGICO

El asunto de los suicidas tiene múltiples bordes, por lo que no debe quedar sólo en tratar de encontrar la fórmula que permita frenar esta situación.

Hasta la fecha no se le ha prestado la debida atención a la familia de la persona que decide terminar con su vida, por lo que en algún momento uno de sus miembros puede seguir sus pasos extendiéndose la tragedia familiar cuando esto sucede.

De lo anterior comentó un lector, al señalar que hace falta crear un organismo que aglutine todas las cuestiones que hay en torno al suicidio y una de ellas es velar por la recuperación psicológica de los familiares, que ante la falta de apoyo profesional tardan mucho tiempo en recuperarse, pero hay quienes no logran superar lo vivido y recurren a la misma medida fatal.

Dijo que es algo que aconteció con unos allegados, cuando decidió morir por mano propia y al año siguiente lo hizo un hermano. En el primer caso no dejó recado por lo que se ignora las causas que lo empujaron a esa determinación, pero en el segundo si lo hubo, en que detalló que no soportó la ausencia de su consanguíneo.

Reconoció que no sabe cuánto necesite el gobierno invertir pero es necesario hacerlo, por lo que al ocurrir ese suceso de inmediato personal especializado acuda al domicilio de la familia para ofrecer una atención que le permita superar el trance.

La mayoría de los casos se trata de personas de condición modesta que carecen de recursos económicos para acudir a un especialista, de ahí que es ineludible que lo hagan las autoridades de salud o dependencia afines, en las que se ofrezca la ayuda que requieren para recuperar el amor a la vida.

Es difícil aceptar la muerte de un familiar o allegado, pero es más traumático cuando la muerte se produce por suicidio, ya que se causa un sufrimiento agudo y dilatado y que cada persona lo vive de manera particular. En todos los casos hay desconsuelo ante lo inevitable, pero varias personas tardan más en superar el duelo, por lo que deben ser atendidas por el especialista para que pueda reencontrar una motivación, sin que ello signifique borrar lo vivido, sino ajustarse a la realidad. Lo más importante es evitar el aislamiento, no encerrarse en sus reflexiones sino hablar de sus sentimientos con los demás, como una vía de encontrar una salida.

Ojalá que se tenga en cuenta la sugerencia y se logre tener un grupo de psicólogos que trabajen en ese campo, difícil pero que puede ser de resultados plausibles.

INDEPENDENCIA NACIONAL

Por una tradición muy arraigada se tiene el 16 de septiembre como el Día de la Independencia en México, ya que fue en la madrugada de ese día, de 1810, que el cura Miguel Hidalgo y Costilla encabezó la lucha libertaria, sin embargo el 27 de septiembre de 1821 fue cuando se consumó la Independencia, con la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la capital del país bajo el mando de Agustín de Iturbide, autonomía que reconocería España hasta 1836. El mismo 27 de septiembre, pero de 1960, el presidente Adolfo López Mateos decretó la nacionalización de la industria eléctrica. Una fecha histórica que en ambos casos le daba rumbo y destino al país.

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