GUADALAJARA, Jalisco.- Un actor, un buen texto y un público atento es todo lo que se necesita para que el teatro siga vivo, compartió el primer actor, Ignacio López Tarso, al recibir anoche un homenaje por sus 70 años de carrera.
Con un público que lo aclamó de pie, el histrión recibió, en el Teatro Degollado, el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en Educación por parte de la asociación civil dirigida por el empresario Enrique Michel Velasco.
Antes del homenaje, López Tarso dio a los cientos de asistentes un motivo más de celebrar su talento al representar la obra «Una Vida en el Teatro», junto a su hijo, el también actor Juan Ignacio Aranda.
Padre e hijo dieron vida a los personajes escritos por el dramaturgo David Mamet, dos actores de teatro que conversan en los camerinos después de cada función. En sus conversaciones y confesiones dejaron ver las complejidades que se dan en la vida teatral.
Por momentos los personajes de Roberto y Juan parecían más un pretexto para poner en palabras la experiencia de un actor con trayectoria y la incertidumbre de otro con un futuro incierto. Como si padre e hijo hablaran de su profesión en común.
Entre que era broma y no, el actor de teatro, cine y televisión hizo soplar y rugir al Teatro Degollado con ayuda del los asistentes e incluso terminó por despedir a los técnicos de la consola.
«Tengo 71 años en el escenario y nunca me he bajado. Para el teatro vivo. Por el teatro vivo», pronunció.
A lo largo de las siete décadas de carrera, el histrión de Época del Cine de Oro ha protagonizado un centenar de puestas en escena, telenovelas y medio ciento de películas entre las que destacan Pedro Páramo, Macario, El Hombre de Papel y Rosa Blanca.
A partir de este reconocimiento, la presea «Ignacio López Tarso» se entregará cada año a lo mejor en la actuación en el país. (Yoana Rodríguez/Agencia Reforma)