Abel Vázquez
Agencia Reforma

ZACATECAS, Zacatecas.-La historia de esta ciudad no sólo se halla tras sus fachadas de cantera rosa, también está presente en los recovecos de sus calles, en el sonido de las tamboras, en los oficios de sus habitantes, en los recuerdos que comparten los mayores e, incluso, bajo la misma tierra.
«Mi papá solía decirme que en sus tiempos la ciudad tenía música, que los picos y las piedras con las que trabajaban los mineros sonaban por todos lados», relata Manuel, quien por más de 50 años ha recorrido el centro histórico de Zacatecas junto a su mula cargada de jarrones con aguamiel.
«A mí ya no me tocó esa época, pero recuerdo la voz de mi papá cada que escucho a la gente trabajar en esta ciudad», dice.
Esta ciudad tiene una fuerte tradición minera que data desde su fundación, en 1546. San Bernabé, por ejemplo, fue la primera mina importante de la región, está a unos 10 kilómetros de la capital y ofrece la posibilidad de recorrer parte de sus entrañas de donde se extrajo oro y plata durante muchos años.
Una de las formas para llegar al sitio es recorriendo, a bordo de una cuatrimoto, los caminos de terracería que circundan la zona.
Pero la tierra zacatecana, además de albergar minerales y metales preciosos, también presume sabores y tradiciones.
Por ejemplo, la del oficio del mezcalero, que en palabras de Raúl Rivera Lozano, gerente del Comité Sistema Producto Maguey Mezcal en el Estado de Zacatecas, reintegra el pasado con el presente y hace de los productores parte de una tradición que data de 1576.
«El mezcal es sacar gajos de la historia, de la realidad que se vivía y rescatar esos sabores que tenemos», explica.
Por otro lado, también hay una importante oferta vinícola que muestra el espíritu de superación de sus hacedores, de acuerdo con Noé Jurado, sommelier y gerente de ventas de la vinícola Tierra Adentro.
Sin embargo, para María del Refugio García, conocida como doña Cuquita, el alma zacateca también está presente en el legado gastronómico.
«Nuestra comida es barroca: los platos suelen contener más de siete ingredientes y tienen harta historia, porque se trata de la comida tradicional de las abuelas y monjas de antaño», afirma.
Mientras que para Édgar, un estudiante de preparatoria, la esencia de la ciudad reside en el carácter de sus pobladores, en su vida cotidiana y en el clima de la región.
«Acá en Zacatecas el viento es muy frío, pero el sol hace de la ciudad un lugar acogedor, y así somos nosotros, parecemos distantes y fríos, pero entre más nos conocen y pasan tiempo aquí, se dan cuenta que somos agradables, amables y que nos gustan las fiestas».
Otro indispensable para quien visita este destino es abordar un teleférico que recorre 642 metros por encima del centro de la ciudad hasta llegar al Cerro de la Bufa. Ahí es posible visitar la llamada «cámara oscura», para luego disfrutar de la panorámica.
Los más intrépidos podrán deslizarse por la Tirolesa 840, que con sus 440 metros de ida y 400 de regreso promete altas dosis de adrenalina.