Saúl Alejandro Flores

Imágenes vs. Agua en unos procesos electorales

La ciudad, como casi la mayor parte de este país, es decir, ciudades grandes, medianas y pequeñas y algunas localidades se encontraba bajo la efervescencia visual que significaba cada tres años una campaña electoral, los postes de luz desaparecían y se convertían en mástiles urbanos que en vez de soportar una vela tenían imágenes, logotipos, fotografías y un rosario de virtudes de algún candidato. Esta representación era múltiple porque se repetía a lo largo de las calles, barrios y colonias, según la región o zona por la cual se postula determinado candidato, pero el fenómeno era mayor porque era uno por partido político, en total eran 300 escenarios iguales con candidatos diferentes que multiplicados por partidos llegaban a 2,440 rostros, lemas y frases, era un jungla de imágenes y colores, que sobresalía no por su armonía, sino por el desentonamiento que los especialistas llamaban contaminación visual.

Ese era el escenario arriba, pero abajo el piso desaparecía, fuera de concreto, asfalto, piedra o tierra, el piso se transformaba en una alfombra de papel con los mismos rostros e imágenes que se veían arriba. Es más, había momentos en que la imagen y fotografía de un candidato profanaba la intimidad de un hogar u oficina, pues sus ojos y rostro sonriente penetraban entre las persianas y cortinas, esas imágenes no reconocían el límite, incluso algunos ciudadanos se quejaban porque esas sonrisas e imágenes angelicales que impostaban al personaje real perturbaban los sueños e invadían ese último bastión de la intimidad de cualquier ciudadano.

Los lemas de campaña destacaban por sus promesas que analizándolas parecían de cuento o mundo mágico, “abatir el desempleo”, “cárcel a delincuentes”, “inundar de escuelas”, incluso quienes garantizarían rescatar los recursos naturales, entre ellos destacaban las promesas que se referían al agua. Desde las falacias por cobrar barato los servicios como si se tratara de un tianguis, hasta las absurdas de volver a hacer llover en lugares desérticos.

En una banca de la plaza en donde suelen sentarse los jubilados a leer el periódico, revistas, ver pasar gente o ser replicantes del chisme local, sobresalía el Prof. Jorge de los Cienfuegos, quien era ampliamente conocido en el pueblo por haber sido una profesor ejemplar en la secundaria del pueblo como docente de biología, pero más que todo un personaje respetado y querido por la comunidad por su entrega, congruencia ética, pero sobre todo, por ser un hombre discreto pero de muchos conocimientos, que a su vez se atrevía a cuestionar al propio presidente municipal y su séquito, al gobernador y su séquito, dicen que hace muchos años había tenido la osadía de cuestionar a un candidato a la presidencia de la República en los momentos cúspides de un partido político, porque prometía mejores salarios, y al concluir con sus palabras el profesor de los Cienfuegos en una hoja hizo un desglose simple con los números que prometía el candidato y como el profesor era un hombre informado, plasmo número de empleos existentes, salarios reales, número de empresas y habitantes, así como ingresos de empresas sean grandes, medianas o pequeñas, así como los salarios burocráticos y le demostró que las cuentas no salían y era imposible crear tantos empleos y lograr los incrementos deseables y necesarios para la clase trabajadora, ante tales argumentos el candidato enmudeció y sus asesores se pusieron manos a la obra con su tarjeta, que a fin de cuentas eran números irreales y sin la contundencia, esa anécdota quedo plasmada en la memoria del pueblo, de aquí el gran respeto que se tenía por el profesor.

Pero este día el Prof. Cienfuegos miraban con desapruebo las promesas de una mercadotecnia vacía como solía ser la “política”, ahora porque existían candidatos que trataban a los recursos naturales como el agua, como una mercancía social, en efecto, los candidatos cuestionaban que el agua no es mercancía para no cobrar un servicio, pero a su vez ese discurso era una mercancía para obtener votos, hablaban de cuidar el agua pero no decían cómo, y el profesor miró al comité de campaña del candidato a diputado y le pidió si podían atenderlo, a lo cual una jovencita de manera muy amable pero con actitud altiva, de quienes se consideran ganadores, se acercó y dijo: “Dígame señor, en qué podemos ayudarle, el candidato de las causas perdidas está muy atento a sus demandas, porque ‘él tiene la solución a todo’, además, él es la única opción para resolver los problemas del pueblo”.

“Sí, eso dicen todos señorita –respondió el Prof.– durante mis años desde que tengo memoria, he visto desfilar tantos personajes, que no existe diferencia alguna, por ahí uno que otro que no ganó la elección, porque simplemente carecía de estructura electoral, pero de ahí todos, sin excepción alguna, son iguales, pero el motivo de mi molestia hacia usted, es que en este volante dice que el candidato de ‘las causas perdidas’ solucionará el abasto de agua en este pueblo, pero me pregunto, cómo le hará, porque una cosa es la tarifa y otra el que el agua no se acabe, además de que es irresponsable que su publicidad sea de alto consumo de agua y toda ella es agua desperdiciada, que no puede ser reutilizada”.

“Mire señorita –continuó el Prof. quien ya tenía a su alrededor tanto al comité de campaña como a varios ciudadanos de este sencillo pueblo–, sabía usted que para hacer este volante se requieren diez litros de agua, y otros veinte para el proceso de la tinta con que imprimió, con todos estos volantes que están en el piso de todos los candidatos y de todos los partidos vea, son volantes que la gente no lee, no le interesan porque sólo dicen frases y muestran rostros falsos, por ello los tiran al piso; si cuentan, hay miles, ustedes mandaron hacer diez mil volantes, y de los otros siete partidos son 70 mil, hablamos de 80 mil volantes por 10 litros, en total hay tirados 2’400,000 litros de agua, y si mira a todos esos estandartes que hay 150 en el pueblo y cada uno significa 500 litros de agua y además ese material no se recicla, entonces hablamos de 75,000 litros, en total, en su campaña hay 2’475,000 litros de agua tirados, esa es la congruencia, señorita, de su candidato”. La comitiva, antes altiva, enmudeció y se retiró, el Prof. de los Cienfuegos, como siempre acertó, sin embargo, al quedar la plaza vacía en la medianoche, esa basura electoral olía a sequía, no sólo por el agua desperdiciada, sino por la ausencia de propuestas para verdaderamente solucionar un problema de escasez de agua, en la que parece ser que nadie sentía interés alguno.

Amables lectores, les deseo un Feliz 2015.

 

Comentarios: saalflo@yahoo.com twitter:@saul_saalflo

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