Jesús Eduardo Martín Jáuregui

La “mañanera” de ayer no se transmitió en casi cadena nacional, sino en cadena nacional. La presidencia de la República así lo solicitó para dar a conocer la declaratoria formal del inicio de la fase II a cargo del coronavirus COVID-19, que se anticipó alrededor de 15 días, en parte se supone, para inhibir al Presidente y evitar que siga besuqueando niños, abrazando mujeres y palmeando hombres, poniendo el mal ejemplo, con una actitud contraria a las sugerencias y recomendaciones que señala un cada vez mas agobiado subsecretario de Salud.

El presidente, para variar, hizo los anuncios y luego dejó al subsecretario la difícil tarea de explicar por qué ahora se va a hacer lo que antes había dicho que no se iba a hacer. Clarificar por qué ora sí es bueno lo que hace 15 días no lo era y por qué hay que anticipar las medidas que no era bueno anticipar. Casi me convence si no fuera, porque esta terca y obsesiva memoria me recuerda que se había afirmado lo contrario: el riesgo e ineficacia, el desfase costo beneficio y finalmente la inutilidad práctica de anticipar los tiempos.

De verdad que yo quisiera creerles, hacer caso, tomar las recomendaciones, ponerlas en práctica, cuidar a mi gente y cuidarme, pero ¿A quién hacerle caso?

En tanto los morenistas ponen en circulación una bonita campaña que invita a la unidad, “pueblo y gobierno juntos, podemos enfrentar la adversidad” ¡ternurita!, ¡ahora sí! Todavía hoy, la “no primera dama” señora Beatriz Gutiérrez, en una comunicación también nacional al pueblo de México, empieza por descalificar a los que opinan, a los que creen saber, a los que difunden noticias contradictorias, ¡¿De qué sirven los llamados a la unidad, si los que debieran unir empiezan por dividir?!

Los que hemos seguido de cerca las comunicaciones de presidencia y los paneles de información del señor subsecretario, tenemos claro que hace unos días cuando se le cuestionó por qué no se cerraban las escuelas si ya se habían encontrado casos positivos, contestó que no tenía sentido tomar la medida apresuradamente que era necesario esperar a que hubiera más casos para que la medida resultara más adecuada en términos de eficacia, que el desarrollo de las diferentes etapas nos irían indicando los momentos para decretar las medidas pertinentes. Se insistió en que no se obtenían resultados positivos de adelantar algunas indicaciones, sin embargo ahora, unos cuantos días después, la decisión de anticipar las medidas de la fase II y declararla aunque no estemos de lleno en ella, y que en muchas zonas del país sigamos claramente en fase I, es la mejor medida y la que mejores resultados traerá.

Entre otras cosas el anuncio de la fase II significará según se explicó que se pasa de la atención y búsqueda de casos (vectores) de la enfermedad, a la toma de medidas generalizadas para evitar la difusión de manera masiva. Parece razonable y las explicaciones acompañadas de cuadritos convencen al más escéptico, salvo que, Alemania, que con mucho, seguido no muy lejos por EE.UU., es el país que mejores resultados ha tenido en la atención del coronavirus con un porcentaje menor al .5% de muertes, ha continuado con la práctica de la detección y atención personalizada de los casos. En tanto que Italia no ha practicado ni 150,000, Alemania ha venido aplicando 160,000 por semana y ante la detección, el aislamiento y la atención. Italia tiene casi el 10% con 6,820 muertes de 69,176 casos detectados. EE.UU. llega apenas, afortunadamente, al 1.2% de casos mortales. Si los números hablaran, y hablan para los que los saben escuchar, lo indicado sería seguir el ejemplo alemán.

En tanto el Presidente continuó con giras, permitió el espectáculo “Vive Latino” cuando ya estaba detectada la epidemia, promovió la faramalla de una ridícula consulta para justificar su decisión de echar atrás la cervecera en Mexicali, y dio un ejemplo de irresponsabilidad en su trato con grupos humanos, poniendo en entredicho las recomendaciones de los responsables de la Salud, y, lo que es más grave aún, enviando un mensaje desconcertador a la ciudadanía: ¿A quién le hago caso?

En las crisis se requieren los liderazgos, claros, definidos. El impacto negativo de dos mensajes separados menos de 24 horas, quebranta la confianza ciudadana. Ayer: salgan a la calle, vayan con sus familias, gasten, diviértanse. Al amanecer de hoy, se nos hace tarde, ya no salgan, guárdense, no circulen, cuiden a sus gentes, esto va a durar más de lo que está durando en otros países. Si el Presidente no hace caso de las recomendaciones de su equipo, yo, Juan Pueblo, que creo en la reencarnación del “Tlatoani”, decido hacerle caso al jefe del ejecutivo. ¿A cuál? ¿Al de hoy? ¿Al de hace 15 días? ¿Al de la gira a Oaxaca?…

La falta de liderazgo se muestra también sin duda en que los gobernadores han tomado medidas diversas, a partir de una premisa que, casi es común: atraer los reflectores aunque sea a costa de la tragedia. La crítica con la que la “no primera dama” iniciaba su perorata señalando a los que de la noche a la mañana se han vuelto especialistas en epidemiología se aplicaría desde al mismísimo AMLO, hasta gobernadores, primeras damas, alcaldes y desas, que, quien más quien menos, han solicitado reflectores porque todos tienen algo que decir, todos tienen algo que aportar, o, al menos, todos tienen algo que “lucir”. Sin embargo es que existiera, y si lo hay, se diera a conocer, un plan nacional, con tiempos, parámetros, protocolos, supervisiones, etc. No es posible que el estado de Hidalgo levante en dos días un hospital inflable equipado incluso con terapia intensiva y en Aguascalientes el personal paramédico denuncie la falta de equipo y medicamentos para atender la emergencia. Si Hidalgo tiene recursos y tiene pocos casos del virus ¿no sería deseable que un plan nacional orientara el gasto o la inversión a lo más necesario? Si la prioridad son los “ventiladores” podrían habilitarse escuelas o cuarteles, no sería la primera vez, y gastar en lo indispensable.

Lamentablemente, la falta de liderazgo nos dará un costo mayor, pero saldremos adelante. México, creo en tí.

 

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