Josemaría León Lara Díaz Torre

Para aquellos a quienes nos gustan los menesteres del mundo de la política, al estar en vísperas del siguiente año, evidentemente el tema principal es la elección presidencial del 2018. Y es que, sin importar partido o ideología, las hipótesis de posibles escenarios no se han hecho esperar, aseverando en muchos de los casos el inminente triunfo del eterno luchador del pueblo, como por el otro lado, aquellos que aseguran que el revolucionario institucional no volverá a perder la presidencia, cueste lo que cueste.
El escenario político en México, puede y suele cambiar de un momento a otro; situación que permite que cualquier escenario, por más absurdo que sea, pueda convertirse en realidad. Y es que, hasta que el pueblo no tome la última decisión a través del voto, nada está en estricto sentido escrito aún. Todavía quedan dos meses enteros para concluir con el 2017, mismos que son importantísimos para que partidos o independientes, pongan las piezas que a su parecer son las ideales para el tablero.
Es probable, que a Acción Nacional ya se le escapó cualquier posibilidad real de recuperar Los Pinos, pues la división al interno del partido, misma que derivó en una fractura de reparación incierta. Algunos dirán que la batalla apenas comienza, y que el “frente” es el as bajo la manga, que le permitirá a los blanquiazules, en compañía de los “otros partidos”, ser competitivos y ganar por tercera vez en su historia como instituto político, la silla presidencial.
Se diga lo que se diga, el “frente” nace como una fuerza opositora que fuera lo suficientemente fuerte para vencer a López Obrador, pero a su vez surge como un salvoconducto que permitiera la permanencia de “otros”. A estas alturas es incierto saber si los “otros” necesitan del PAN, o el PAN de ellos. Con la salida de Margarita Zavala del partido y la debilitación de Ricardo Anaya, es posible que el “frente” encuentre a su candidato en otro lado, por ejemplo, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Siendo esto únicamente una hipótesis, pensar en que José Antonio Meade podría ser el candidato de la partidocracia. Teniendo un perfil apartidista, que ha trabajado tanto para el PAN como para el PRI, teniendo una buena y respetable imagen pública, no es tan arriesgado suponerlo. Aunque por supuesto, también él podría ser el ungido del señor presidente para ser el candidato “oficial”.
Aún quedan muchas cosas por verse, más lo que podría llegar a ayudar a darle un respiro al panorama, es la definición pronta de los personajes por quienes los ciudadanos tendremos la oportunidad de votar.