David Reynoso Rivera Río

Hace unos días, se designó a la nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yasmín Esquivel Mossa. La abogada obtuvo su designación después de una complicada primera ronda y bajo casi la centena de votos dentro del Senado de la República argumentando que ella cuenta con una reconocida trayectoria en el ámbito jurídico nacional; sin embargo, se dice que su designación se vio afectada por un gran conflicto de interés, ya que es esposa de uno de los empresarios más favorecidos por la actual administración federal, José María Riobóo. Sus contrincantes para el puesto de ministra fueron nuevamente la doctora Loretta Ortiz Ahlf, quien cuenta con toda mi admiración, aunado a un alto grado de especialización en derechos humanos y derecho internacional, así como la reconocida abogada Celia Maya García.

Hace unos años, tuve el privilegio de trabajar en el Senado de la República y recuerdo que los legisladores de oposición al entonces gobernante Partido Revolucionario Institucional, se rasgaban las vestiduras frente a la designación del ahora ministro Eduardo Medina Mora. Con posterioridad, continuaron las quejas por parte de la oposición ante la posible nominación del jurista y doctor Raúl Cervantes, ya que argumentaban que al ser elegido como ministro de la Suprema Corte, no podría llevar a cabo sus labores con probidad. Lo anterior, no obstante de que en el gremio jurídico, la capacidad del Doctor Cervantes se encuentra más que avalada y probada, aunado a que inclusive se había separado de su cargo como senador por un tiempo para dedicarse a la academia y prepararse para fungir como ministro.

Ahora, la nueva ministra ha sido cuestionada durante su trayectoria profesional dado su papel como magistrada del Tribunal de lo Contencioso Administrativo frente al caso de la famosa “Supervía” que se levantó cuando Marcelo Ebrard era Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. Dichos cuestionamientos se realizaron por parte de organizaciones de la sociedad civil, con base en el paradójico hecho de que su esposo era uno de los principales contratistas en la entonces juzgada obra.

Por el bien de nuestro país, será fundamental que la próxima ministra logre verdaderamente romper con toda teoría o especulación que la pone al servicio del Ejecutivo, de manera que pueda el Poder Judicial de nuestro país consolidarse como una autentica balanza en el equilibrio de poderes. Ser ministra debe de significar convertirse en luchadora incansable y, por ende, convertirse también en una digna representante de los mexicanos al dar resolución sobre grandes temas que impactan e impactarán en nuestra vida.

No olvidemos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene una labor fundamental en nuestro país, hacer valer el anhelado Estado de Derecho y por ello también hacer valer los derechos consagrados en el marco convencional, constitucional y legal. México atravesará una faceta compleja en la que la legalidad deberá convertirse en una prioridad ante la improvisación y el capricho por parte de algunos de los que hoy se dicen ser gobernantes y/o legisladores, aunado a que nuestro sistema judicial en ocasiones es lento.

Por todo lo anteriormente expuesto, ante una aparente “cuarta transformación”, la cúpula del Poder Judicial debe de dar el ejemplo y deberá limpiar rezagos, compadrazgos y corruptelas; para impartir justicia y demostrar que las leyes se respetan y se respetarán, sin importar nuestra clase política.

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