La proximidad entre individuos debe estar en su punto más caótico o quebrado en los Estados Unidos si la consanguineidad, la afinidad y correlación entre extraños es la vértebra narrativa de sus nuevas sagas cinematográficas ofertadas con bombo y platillo a su público (y, por pura simbiosis, al resto del mundo). Ya lo vimos en las más recientes entregas de “Rápido y Furioso”, donde la palabra “familia” es casi mantra para sus personajes, y ahora en “Guardianes de la Galaxia, Vol. 2”, continuación al inesperado éxito del 2014 adaptando uno de los cómics más oscuros del universo Marvel. Sus protagonistas son desadaptados provenientes de diversos rincones del espacio que incluyen a un terrestre llamado Peter Quill (Chris Pratt) con síndrome de orfandad cuya melomanía dicta literalmente el ritmo de la película, un mapache malhablado y socarrón producto de experimentos genéticos (Rocket Racoon), una guerrera de epidermis verdosa con la familia más disfuncional del universo (Gamora, interpretada por Zoe Saldaña), un musculoso pero textual hombre infante (Drax, encarnado por el ex luchador Dave Bautista) y…un árbol que sólo se comunica mediante una línea de diálogo (“Yo soy Groot”). Tales elementos serán las idiosincrasias que deberán aprender a tolerar / aceptar si quieren conformar el grupo que da título a la cinta y sobrevivir a sus numerosos adversarios. En esta secuela, todos trabajan de forma aceptable, si bien no como una máquina perfectamente aceitada, sí como un clan funcional que cumple sus cometidos. Todo marcha adecuadamente hasta que el mapache antropomorfo decide robar unas baterías que son sagradas para una civilización cuyo narcisismo los lleva a autonombrarse “Los Soberanos”, por lo que se verán perseguidos y subsecuentemente auxiliados por un antiquísimo ser llamado Ego, el planeta viviente (Kurt Russell), quien les revela ser el padre de Peter Quill. El segundo acto del filme desgrana a este peculiar grupo siguiendo dos líneas narrativas paralelas, aquella donde Quill (también conocido como Star Lord) pretende acercarse a su padre a la vez que Gamora y Drax conviven con la acompañante de Ego, una émpata con la habilidad de “leer” e incluso modificar las emociones de otros llamada Mantis (Pom Klementieff) y las andanzas de Rocket Racoon y Groot con el otrora enemigo albiceleste Yondu (Michael Rooker), quien ha abandonado a su grupo de piratas espaciales para ahora verse asediados por ellos cuando él decide asistir a los Guardianes de la Galaxia debido a los complicados sentimientos que tiene hacia Quill, su hijo adoptivo. Al final todo se traduce en la necesidad que poseen los personajes por pertenecer a una familia para cubrir sus carencias emocionales y existenciales.

Los espectadores más avejentados como su servidor encontrarán en la sensibilidad del director James Gunn un gusto muy marcado por el vaivén narrativo característico de cintas ochenteras como“Indiana Jones” o “Los Goonies” donde el sentido de aventura inherente en la trama se aparea con un sentido del humor que va de lo chusco a la autoparodia, mientras que los “millenials” tomarán esto como un nuevo bloque en la construcción de este “slapstick” posmoderno donde nada puede ser tomado en serio y sus fundamentos argumentales parten directamente de referencias que les resultan curiosas. Lo innegable es el desenfado con que Gunn trata tanto a su historia como a sus personajes, todos pasados por las aguas del arquetipo pero mostrando con claridad los puntos que le resultan más atractivos, como el gusto musical de Star Lord por el pop setentero más modorro e inofensivo que dosifica y enmarca las mismas secuencias de la cinta en orden progresivo cual viejo cassette de cinta magnética que se nos vendía en los tianguis a modo de compilados (o en volúmenes, como indica el título), o la fascinación que le ha ejercido el mismo Drax, quien aquí resulta un ser sin filtros o procesos cognitivos que disfruta sus risotadas solitarias ante su incapacidad de procesar datos, lo que inicialmente resulta simpático pero termina cansando ante la abundancia del recurso en la película.

“Guardianes de la Galaxia, Vol. 2” difícilmente logra sorprender al público, ya que depreda los trucos de la primera parte, pero conjunta los suficientes elementos favorables (incluyendo el reparto, quien parece divertirse de lo lindo interpretando estas bizarras caricaturas del más abyecto “Space Opera” para que pasemos un buen rato, aún si su trama abandona inevitablemente nuestra memoria casi al abandonar la sala, pero eso sí, tarareando a Cat Stevens.

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