Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una producción SyFy con mucho presupuesto.

Y es que haciendo referencia a la infame cadena televisiva, famosa por sus blockbusters de petatiux que buscan emular los honestos esfuerzos del director Roger Corman quien derivó su filmografía de éxitos taquilleros o modas pasajeras, la más reciente producción del inaguantable Dean Devlin (“Día de la Independencia”, “Godzilla” [1994] o “El Patriota”, entre muchos otros churros rellenos de mediocridad) hace lo mismo, sumando esfuerzos a los de su compadre, el también insufrible Roland Emmerich (“El Día Después de Mañana”, “2012”) en cuanto a cine amarillista se refiere, acotando sobre el tema en boga: calentamiento global. Es un hecho que las condiciones atmosféricas y geotérmicas del planeta están siendo alteradas por causa nuestra al punto que si reunimos los titulares de periódicos en lo que va del año, luciría como la clásica secuencia de una película sobre futuros post-apocalípticos, pero una cosa es alertar a la población sobre el deteriorado estado de nuestro hábitat global para generar consciencia al respecto, y otra elucubrar un entretenimiento subnormalizado por un guión con buqué rancio en su empecinado rescate a las estructuras y modelos narrativos del cine de desastres de la década de los 90’s y unos personajes que en lugar de lucir heroicos y comprometidos al salvamento de la raza humana, resultan unas bufonadas bípedas enunciando diálogos que inflamarían de orgullo el escuálido pecho de Juan Orol.
El problema surge desde que identificamos al protagonista: Gerard Butler, un sujeto a quien el histrionismo simplemente no se le da y aquí debe recitar terminología científica bizantina por interpretar a un científico llamado Jake Lawson que, según la loca trama, salvó al mundo por desarrollar un sistema de satélites llamado “El Niño Holandés” (en honor a la leyenda de aquel niño en Holanda que colocó su pequeño dedo en la fuga de un enorme dique y con ello salvó a su pueblo) capaces de controlar las anomalías atmosféricas una vez que varios desastres naturales -como los que padecimos este año- asolaran al mundo en un futuro no muy lejano. Mas como suele ocurrir en este tipo de cintas, el sistema del satélite principal comienza a fallar y si no se le detiene, creará un cataclismo ambiental mundial (o “geotormenta” para fines comerciales) capaz de arrasarnos. Para ello, Lawson deberá unir fuerzas con su áspero hermano Max (Jim Sturgess) quien asiste al secretario de los Estados Unidos (Ed Harris) y llegar a una estación espacial para reunirse con un grupo de especialistas (incluyendo a Eugenio Derbez como genio de la robótica, muy irónico y a la vez el genuino toque de ciencia ficción de la película) y, cómo no, salvar al mundo.
Dean Devlin dirige como produce: sin sabor, sin dolor y sin honor, pues el resultado es tan genérico, estéril y liso, que bien podría formar parte de las producciones del canal ya mencionado, pues no existe absolutamente algo que constituya novedad o siquiera interesante en esta larguísima película habitada por caricaturas de los 50’s. El nivel de maniqueísmo es infecto para el buen ánimo del espectador y ninguna película que haga ver así de bien al POTUS (en este caso, Andy García) no amerita ni una pizca de simpatía de su servidor. Desde la premisa uno se siente estafado, pues uno no puede sino preguntarse si no valdría la pena haber gastado todo lo que se supone costaron los sofisticados satélites en limpiar el planeta o corregir algunas de las enmendables fallas que presenta nuestro planeta como la capa de ozono en lugar de confiar una vez más en la siempre traicionera tecnología, la cual ya ha demostrado por décadas que tarde o temprano conspirará en nuestra contra. Insisto, no me resulta molesta una cinta que busque la concientización ambiental, pero “Geotormenta” está hecha de productos tan reciclados que ya ni sirve como composta.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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