Gerardo Muñoz Rodríguez

Con este encabezado amanecían los principales diarios el pasado lunes, luego que Nicolás Maduro se reeligiera como presidente, por un lapso de seis años, de la República Bolivariana de Venezuela.

Este fue el proceso electoral que mayores dudas e irregularidades presentó, en la historia contemporánea de toda América Latina. Los principales opositores a este gobierno, no participaron derivado a que la mayoría de ellos se encuentran presos o inhabilitados. La situación que vive el país, puede ser una de las más severas registradas últimamente. Las escasez de alimentos y medicina, acompañada de una incertidumbre política, ha desatado una fuerte crisis humanitaria, la cual no parece tener un final cercano.

El reelecto presidente, ha prometido mejorar la economía del país, la cual se encuentra totalmente colapsada. Para muestra, solo algunos datos.

Con base a la información proporcionada por el Fondo Monetario Internacional (ya que el gobierno tiene desde el 2015 sin publicar ningún dato económico, ni de ninguna índole), el alza generalizada de los precios, la cual es ya considerada como hiperinflación, para el cierre de este año, es muy probable que llegue a niveles de 13 mil 800 por ciento. Así es, 13,800 por ciento.

Una de las principales causas viene originada por un incremento, desmedido e irresponsable, del cuarenta por ciento al salario mínimo en el país, esto ante la caída del poder adquisitivo en todos los estratos de la sociedad.

Como si esto no fuera suficiente, la impresión de bolívares por parte del Banco Central de Venezuela, el cual perdió autonomía, era controlada por el gobierno de Maduro. Las máquinas nunca pararon de emitir billetes.

Se ha prometido que, en un par de años, los niveles serán sostenidos y la inflación no será un problema para la economía del país. Esto resulta imposible de creer, ya que no se puede presentar una medida con efecto a corto plazo. Hay un profundo desequilibrio, el cual, para corregirlo, implica tres o cuatro años.

Aunado a la alta inflación, un tercio de la Población Económicamente Activa del país, se encuentra sin la posibilidad de encontrar un empleo. Esto viene ocasionado por las miles de empresas que han decidido emigrar a otro país, o simplemente cerrar sus fábricas al ser vistas como enemigos por el gobierno.

La pelea con los empresarios, que comenzó Hugo Chávez y ha continuado Maduro, es la culpable de haber dejado sin industrias, sin comercios, sin empresas de servicios a todo el pueblo venezolano.

Esta caída en productividad en el país, ocasionó que en el 2017 el Producto Interno Bruto se contrajera en diez por ciento. La luz del camino, aún parece estar demasiado lejos para el pueblo venezolano.

Para cerrar con broche de oro, las dos calificadoras más importantes en el mundo, declararon al país en un default parcial, gracias al ineludible impago de 200 millones de dólares, correspondientes a los intereses de los bonos que vencen en 2019 y 2024.

La calificación crediticia del país, según Standard & Poor´s, alcanza ‘CC’ en moneda internacional y ‘CCC-‘ en su nota crediticia en moneda nacional. La reestructura de la deuda externa, según la propia agencia, será una de las principales tareas del “nuevo” gobierno del país. La deuda asciende a 150 mil millones de dólares.

Ante toda esta coyuntura, pudiera caber el cuestionamiento de: ¿Cuál ha sido el principal causante de esta situación?

La crisis de Venezuela tiene su origen en la imposición sistemática de un modelo de dominación social y económica, en donde el Estado ha sustituido al ciudadano y a los mercados como mecanismo de organización social y económica.

¿Dónde hemos escuchado esto? ¿Qué candidato a la presidencia de nuestro país, ha expresado sus firmes intenciones de convertir al Estado como la principal herramienta para impulsar el crecimiento económico del país? ¿No es el mismo que ha generado cierto escepticismo por parte de los empresarios? ¿Aquel que no presenta estudio alguno para el incremento del salario mínimo? Creo que todos ya sabemos con quién, como su propia publicidad lo dice.

Es el mismo que busca hacer un México que sea autosuficiente y dejar a un lado el aprovechamiento de las ventajas competitivas que le puede otorgar el comercio exterior.

Comparemos ideologías, no solo entre los candidatos internos, si no con posturas que anteriormente se han tomado en otros países, y el pasar de los años nos permite conocer los resultados de las mismas.

 @GmrMunoz

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