Por: Itzel Vargas Rodríguez

Ya de noche y todavía con miles de sentimientos encontrados, las personas salieron a las calles, prácticamente en su totalidad, para ayudar en lo que podían, sobre todo cargando restos de aquellas construcciones que se habían colapsado después del sismo. Aquella impotencia, frustración y traumática experiencia de vivir en carne propia semejante fuerza de la naturaleza, los motivó a hacer algo más y comenzar a ayudar en todo lo que fuera posible, siendo esta la mejor respuesta para encontrar un poco de tranquilidad interna en ese cúmulo de sensaciones tan raras, extrañas… tristes.

Y en esa terrible noche del 19 de septiembre, toda vez que el sismo había terminado y dejaba a relucir todos los retos y las pérdidas, donde la gente no podía dormir o lo hacía en los parques, donde se prefería seguir ayudando o comenzar a organizarse para recopilar víveres o hacer comida… abrir sus casas a extraños para que durmieran en tranquilidad un rato, cocinar comida para voluntarios y rescatistas… donde increíblemente la sociedad y el Gobierno separaron diferencias y juntaron las manos, donde el Ejército y la Marina volvieron a ser vistos como héroes, en esos momentos México mostraba su grandeza, su enorme ánimo de esperanza porque las cosas estén mejores; y en un rincón de esa noche desangelada de alegría, un grupo de personas veían pasar a rescatistas, bomberos, ejércitos y Marina en grandes comitivas… y la gente les aplaudía, les gritaba ¡Ánimo! ¡Ustedes pueden! Y se escuchaba cómo las personas comenzaban a cantar “Cielito Lindo” con lágrimas y voz resquebrajada.

México en la tarde del 19 de septiembre, vivió sin duda uno de los más traumáticos episodios con este sismo. En una terrible coincidencia del destino, ocurrió 32 años después del sismo de 1984, que dejó entonces a la Ciudad de México en una de sus peores situaciones, pero que al igual que ahora, sacó lo mejor de los mexicanos.

La enorme diferencia con respecto a aquél entonces, es que la tecnología ahora nos permite comunicar las cosas al momento haciendo útiles acciones en este tipo de desastres, aprovechando la enorme capacidad de alcance que tienen las plataformas digitales.

Desde ayer, las tendencias han girado en torno al apoyo a México e incluso, a nombres de personas que han sido rescatadas o buscaban serlo.

Este sismo ha estado marcado por miles de historias conmovedoras: desde el perrito rescatado, hasta las personas que escribían debajo de los escombros que aún seguían con vida… sin dejar de lado toda la solidaridad de los mexicanos, que ha sido ejemplar e inspiradora.

A nivel internacional, las naciones se han solidarizado mandando bueno deseos e incluso apoyo físico, como Panamá que mandó decenas de rescatistas especializados como muestra de solidaridad.

En la semana en que justo en Nueva York se realiza la Asamblea General de las Naciones Unidas con los Presidentes de 198 países, México se ha llevado el foco de atención y ha unido en oraciones a todo el mundo.

Estamos en un momento de claroscuros caracterizados por la enorme tristeza que nos embarga del hecho de saber sobre personas fallecidas por un evento así. Pero la luz interna de esperanza que nos ha hecho ayudar, es esperar que sigan apareciendo personas vivas… ver nuevamente cómo la Ciudad de México, la bella Puebla, el tradicional Morelos y el encantador estado de Guerrero, vuelvan lo más pronto posible a la normalidad.

En los rescates cada vez que se levanta el puño en señal de silencio, se levanta la posibilidad de encontrar vida… reavivar la esperanza, volver a renacer.

Que no se nos olvide que aún con todas las adversidades, somos una gran nación, que se caracteriza por levantarse tres veces cuando se cae dos. Un lugar en donde la enorme solidaridad de la gente, alimenta hasta los más caídos ánimos y llena de orgullo por la identidad nacional que portamos.

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