Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 (Cave canem.- Lo doctor no quita lo… Nadie me lo contó, yo lo oí, el Dr. Ricardo Monreal en su intervención doctoral en la sesión de ayer en el Senado, dijo palabras más o menos: Traté de mantenerme al margen de los debates pero al ver la confusión doctrinal intervengo,  “… en obvio de racionalidad…” (sic) y agregó que las razones graves para solicitar licencia al cargo de ministro de la Corte eran una “autoprotección”, y que el artículo 99 constitucional pasó a ser 98. Con esa clarificación todo mundo aprobó la renuncia de Medina Mora.)

En días pasados el C. Gobernador del Estado anunció el envío de una iniciativa al Congreso estatal para la supresión del fuero, porque se ha abusado de esa figura y porque constituye una gran demanda popular, según dijo. En estos días también en un grupo de conversación de internet, que tuve que abandonar por tener saturado mi teléfono, una comunicadora que fue jefa de prensa del Gobierno del Estado, abundó en parecidas argumentaciones. Con todo respeto disiento de sus puntos de vista y por el contrario, pienso que la supresión de la figura tiene como resultado el fortalecimiento del poder Ejecutivo, porque en última instancia el fuero, como requisito de procedibilidad, es una defensa frente al poder del presidente de la República o del gobernador, en su caso, o ante una acusación arbitraria, injusta o falaz. Sorprende incluso, que el C.P. Martín Orozco que se ha visto protegido por el fuero, ahora cuestione su existencia.

Como en otros temas, juega un papel importante lo que se suele llamar la percepción popular, confundiendo lamentablemente creencia con percepción. En la percepción hay un referente objetivo: percibo que es de día, percibo que en tal o cual manifestación la policía toleró todo tipo de excesos y desmanes, percibo que los precios de los satisfactores se incrementan día con día. Por el contrario la demanda popular no puede ser algo objetivo, empezando porque más del noventa por ciento de la población no conoce los tipos de fuero, no sabe cómo opera, no conoce en realidad su uso y mucho menos su abuso. El fuero no es una absolución de los pecados. El fuero no es una capa de invisibilidad ni un plumaje que permita cruzar por el pantano sin mancharse. El fuero no es un remedio para todo tipo de hechos ilícitos, ni se aplica de igual manera, para los distintos funcionarios que por razón de su cargo lo detentan. Tampoco es cierto que nació en la Constitución del 17, ni que se haya abusado de la figura. Mi correo figura al calce de este libelo y con mucho gusto revisaré la información que me hicieren favor de llegar y desde luego en este mismo lugar, si Dios o Marx me dan licencia, lo aclararé en la próxima entrega.

Cuando en nuestro país hablamos de fuero, en realidad estamos hablando de varias posibles acepciones diversas que merece la pena precisar. En un sentido, fuero es un sistema normativo que se aplica a un determinado grupo; p.ej. a los militares el llamado fuero de guerra, a los sacerdotes el fuero eclesiástico derivado del derecho canónico, y en algún sentido los ordenamientos de una determinada corporación como la masonería constituirían un fuero para sus miembros. Hasta aquí nada parece andar mal, salvo que se pretendiera aplicar un fuero a alguien que no perteneciera al grupo. Hasta hace muy poco, más concretamente hasta que la Corte Interamericana de D.H. lo ordenó a México, el fuero militar no se aplica a los paisanos. La Santa Inquisición juzgaba y castigaba a los no católicos.

Por fuero se entiende también “impunidad”, el constituyente consideró que con objeto de no someter al Presidente de la República a tener que responder de faltas leves, considerando que el interés del país está por encima de pequeñas afectaciones, el Presidente sólo respondería de faltas graves.

El fuero puede entenderse también como una delación en el enjuiciamiento con objeto de no entorpecer la función pública, y evitar en lo posible que las denuncias se utilicen como un medio para frenar la administración o para detener la realización de una obra o un programa de gobierno. En ese sentido se establece que por algunos ilícitos no graves, el enjuiciamiento se suspenda. No es impunidad, es darle primacía al interés público sobre el particular.

La acepción más común se refiere al fuero como requisito de procedibilidad. Lo que significa que para determinadas personas o para determinadas faltas, antes de llevar a cabo el proceso judicial, deben agotarse ciertos requisitos. Esto que pudiera parecer una forma de eludir responsabilidades es tan común, como que para proceder penalmente contra un contribuyente evasor se requiere contar primero con una declaratoria de que se ha causado perjuicio al fisco. Esto es un requisito de procedibilidad que resulta totalmente razonable.

El fuero para diputados, senadores, titulares de organismos autónomos y algunos otros funcionarios, no es una patente de corso, no es una indulgencia perpetua, es solo un requisito de procedibilidad, para evitar que su función como representante social se vea interrumpida inopinadamente por acusaciones calumniosas, difamatorias, o inventadas, hasta en tanto el órgano colegiado determine si procede la acusación.

¿A quién conviene que desaparezcan los fueros en general? Desde luego al titular del Poder Ejecutivo porque sin ninguna cortapisa o freno, una acusación, aún falsa, puede llevar a un legislador a la cárcel por varios meses, mientras se dilucida su responsabilidad. Suprimir el fuero es fortalecer al Presidente de la República y, merece la pena meditar si no es que tiene ya demasiada fuerza, demasiado poder concentrado. El regreso de la Presidencia Imperial.

(Ite missa est.- Pues no, no sólo el Teatro Morelos se ha convertido en asilo de día y dormitorio de noche de menesterosos, a los que ninguna autoridad ofrece auxilio, sino que alguien, supongo que funcionario, determinó colocar un gran depósito de agua a la entrada posterior del monumento, que no solo afea, estorba, sino que de pilón maltrata, por el mal manejo que se le da, las paredes recientemente restauradas del edificio. ¿Qué no habrá alguien que en vez de andar colocando macetas en los jardines o puestos sobre puestos en el centro histriónico de la ciudad, se preocupe por los edificios históricos?).

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