Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En aquellos tiempos, habiéndose separado la plebe de los patricios, cerca del año decimoséptimo después de la expulsión de los reyes, la plebe creó para sí unos tribunos en el Monte Sacro (Aventino) que fuesen magistrados plebeyos. “Digesto 1,2,20.
El tribunado sería sacrosanto (sacrosanta potestas), lo cual significa que quien la ocupase estaría protegido de cualquier daño físico, y que tendría el derecho de auxiliar a los plebeyos y rescatarlos del ejercicio del poder de un magistrado patricio (ius auxiliandi).

El día de ayer disfrazada con piel de oveja fue presentada la iniciativa para la desaparición del “fuero”, promesa de campaña del ahora Presidente Constitucional. El fuero ha sido vejado y calumniado, como si fuera por sí mismo la causa eficiente de la impunidad, lo que denota desconocimiento en algunos y dolo en otros. En realidad es una institución noble que, lamentablemente como otras, se pervierten en la práctica y por su naturaleza instrumental pueden ser usadas para bien o para mal. Su desaparición no garantiza que haya menos impunidad, sino que las voces disidentes puedan ser acalladas con mayor facilidad y sin la posibilidad de un mecanismo de revisión previo al juicio.
Merece la pena recordar que con el nombre genérico de fuero se aluden a diferentes figuras jurídicas que en conjunto tienden, a proporcionar a ciertas funciones o funcionarios, la seguridad de que podrán actuar sin el temor del uso de la autoridad con perfiles represivos y a garantizar su actuación dentro del marco de legalidad que la rige.
En un aspecto el fuero tiene la característica de “irresponsabilidad”, la palabra suena fuerte y su contenido lo es, pero si lo analizamos en el contexto social y jurídico en el que nace, las finalidades que se propone y las conductas que tutela presenta aspectos que no pueden pasarse por alto. En principio se trata de que los integrantes del poder legislativo no puedan ser castigados por la expresión de sus ideas, esto no podría extenderse a funcionarios presuntos o actuantes, como el caso del Sr. Francisco Ignacio Chairo, cuyas expresiones en la Feria del Libro de Guadalajara, en algunas entidades pudieran ser constitutivas de delito. Este fuero de irresponsabilidad sólo podría aplicarse al representante popular porque el legislativo es el poder soberano. De alguna manera el diputado y el senador son la “voz” del pueblo, no como algunos comunicadores, sino los que legítima y legalmente fueron electos para representarlo.
Un fuero similar protege al Presidente de la República que no es responsable durante su mandato de delitos no graves, esto es impunidad, pero una impunidad limitada. La razón legal, lo que pensó el legislador es que las denuncias penales por delitos que no son graves podría ser un medio de entorpecer la labor del Presidente, distrayéndolo de la funciones importantísimas que desempeña y del interior superior de la nación. Pongamos por ejemplo que en una manifestación resultasen con golpes o lesiones leves algunos de los participantes. Si cada uno de ellos pudiera iniciar un procedimiento penal contra el Presidente, éste no se daría abasto para atenderlas, lo que de hecho podría constituir un boicot a la tarea del ejecutivo.
Si se tratase de delitos graves, entonces el Presidente no es irresponsable sino que existe un mecanismo previo para poderlo procesar, y en esto es común a la responsabilidad que se pueda exigir a los diputados y senadores, que consiste en un procedimiento previo por un órgano específico que determine si la conducta que se le imputa efectivamente es sancionable y por otra parte, si hay elementos suficientes para ameritar que sea sometido al procedimiento penal. No se prejuzga sobre su responsabilidad, sino se asegura que no se trate de un medio de importunar, atemorizar, o desalentar la actuación del funcionario imputado.
El origen de la figura del fuero se remonta a la antigua Roma antes de Cristo, en que la sociedad se encontraba claramente dividida en dos grupos, los Patricios que eran los descendientes de las tribus originales que confluyeron en la fundación: ramnes, lúceres y ticienses, que corresponden a las etnias latinas, sabinas y etruscas; y los plebeyos que aglutinaban a antiguos habitantes del Lacio, a peregrinos, esclavos liberados, etc. Los Patricios eran los únicos que podrían desempeñar magistraturas, tener acceso a las Legis Actions, contraer matrimonio legal, hacer testamento, etc., tener la propiedad quiritaria, etc., en tanto que los plebeyos, aunque hombres libres, desempeñaban las labores mas pesadas con una condición social de sometimiento y explotación. En una rebelión incruenta los plebeyos decidieron retirarse al Monte Aventino, creando de hecho un caos en Roma, algo así como narra la película “Un día sin mexicanos”. Los patricios cedieron y el Senado aprobó la Lex Hortensia que dio poder legal a los acuerdos de los plebeyos, “plebiscito”, y creó un representante legal, el “Tribuno de la Plebe” y para protegerlo le designó “sacro santum”, lo que convertía en sacrílego y reo de muerte a quien atentara contra él.
El fuero ha sido útil para proteger la libre expresión y la representación, ha permitido que bajo su amparo algunas funciones como los “ombudsmans” puedan desempeñar su función con la certeza de que por ella y por represalia no puedan ser procesados legalmente, ha tutelado a la oposición dejando oír su voz y asegurando que puedan existir controles, así sean pequeños.
Ciertamente se ha abusado y el abuso ha provenido de los propios partidos políticos que en contubernio han impedido con su voto conjunto en las cámaras, que funcionarios delincuentes hayan eludido el proceso penal. Quizás la solución no sea condenar a rajatabla una noble institución, sino revisar en qué ha fallado y crear los mecanismos para que opere adecuadamente. Podría, ¿por qué no? Crearse una especie de tribunal popular que determinara la procedencia del juicio, en vez de que fueran los compañeros del inculpado los que determinaran.
Uno de los graves problemas de los gobiernos en México es que carecemos de efectivos sistemas de control. El Legislativo se ha convertido en un club de amigos mutuos que se reparten prebendas y comisiones, el Judicial con un aura de inmarcesibilidad no ha terminado de ser el dique para las arbitrariedades y las injusticias, tapar la boca de la oposición mediante el uso arbitrario de la fuerza puede ser un escalón mas hacia el autoritarismo. Repensemos el fuero, ¿quizás después de todo, pueda ser un instrumento para la democracia?.

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