Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

La vicepresidenta segunda del Senado recibe el apoyo de los partidos opositores y los dos tercios de la Cámara, fieles a Evo Morales, rechazan la sucesión… (elpais.com).

Comentario:

Los partidarios de Evo Morales, y desde el asilo político a este expresidente en México, también muchos de los partidarios de López Obrador, dicen que fue golpe de estado. Los opositores dicen que no fue. ¿Quién tiene la razón? Tal vez los dos, aunque suene incongruente. Analicemos.

Por un lado, si se considera que golpe de estado es el derrocamiento del presidente electo democráticamente, con el involucramiento de las fuerzas armadas y la asunción al poder de alguien de la oposición, pues suena a que lo de Bolivia fue golpe de estado.

Pero por el otro lado, si se considera que Evo Morales se quería robar la elección autoimponiéndose en un cuarto mandato, que el ejército no movilizó a sus fuerzas para tomar la presidencia, sino que en un mensaje televisado “sugirió” (entrecomillado porque esto podría ser la clave de todo) a Evo Morales que renunciara, que la asunción del poder fue de la segunda vicepresidenta del Senado porque a quienes les tocaba conforme a la Constitución habían renunciado (el vicepresidente, el líder del Senado y el líder de los diputados), pues ya no suena tanto a golpe de estado.

Hace un par de años Evo Morales promovió un referéndum para preguntarle al pueblo si debería volver a ser candidato a la presidencia para un cuarto mandato. La respuesta, en un ejercicio democrático válido, fue un “No” rotundo. ¿Morales escuchó? No. En una actitud de “quiero seguir siendo presidente, aunque la mayoría de la gente no quiera”, promovió un argumento en que, por cuestión de derechos humanos, él tenía derecho a participar. ¿No es una provocación contra la democracia?

Luego, en las elecciones. Los primeros conteos ponían a su principal opositor Carlos Mesa adelante. ¿Qué pasó? Se suspendió la emisión de resultados por un día, no se usó la frase de “se cayó el sistema” para no hacer obvio que estaban copiando a México en el 1988, pero al regresar los resultados, Evo Morales estaba al frente exactamente por diez puntos porcentuales, los necesarios para no existir segunda vuelta. ¿No es un golpe directo a la democracia?

Y si alguien tuviera duda, los observadores internacionales de la OEA expresaron que las elecciones deberían repetirse por la existencia de irregularidades graves y notorias. El que Evo Morales quisiera quedarse en la presidencia es más golpe de estado que lo que ocurrió realmente.

Por supuesto queda la duda de si la participación del ejército es válida, pero parece que tomó partido por la democracia. Quizás se debió dejar terminar su periodo a Morales y que este entregara el gobierno a Mesa pacíficamente, pero las cosas se aceleraron por las manifestaciones de la gente. Opino que no fue golpe de estado.

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com