José María León Lara

Para los amantes de las novelas policiacas, el nombre Leonardo Padura resulta conocido y admirado. Se trata quizás de uno de los autores cubanos contemporáneos, con más reconocimiento en el mundo literario hispanoamericano; particularmente en lo que refiere a novela negra, a través de su famoso personaje, Mario Conde. Aunque de igual manera, cabe mencionar su incursión en la novela histórica, con una obra maestra de su autoría que lleva por nombre: “El hombre que amaba a los perros”.
Novela que cuenta de manera paralela la historia de Ramón Mercader, y la de su víctima mortal León Trotsky. Misma que está cargada de una narrativa impecable, al ir humanizando de tal manera tanto a víctima como a victimario, que el lector cae en una especie de espejismo al comenzar a sentir empatía por ambos. Lo que resulta en verdad interesante, es que a pesar de que de antemano, se sabe de qué manera concluye la historia, lo cierto es que la encrucijada de hechos que desencadenaron probablemente unos de los asesinatos más famosos de la historia, convierte a esta novela en imperdible.
León Trotsky político e intelectual ruso, fue asesinado un 21 de agosto de 1940 en Coyoacán, a manos de un espía ruso de origen Catalán, de nombre Ramón Mercader. Siendo precisamente un piolet, el instrumento utilizado para acabar con la vida del enemigo público número uno de la Unión Soviética bajo el mando de Stalin. Pero ¿Qué hacia el hombre que se suponía habría de suceder al camarada Lenin, en Coyoacán, México?
El constante peregrinaje causado por el exilio, provocó que León Trotsky llegara a México como refugiado político durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, además de ser arropado por los intelectuales y artistas de la época, en particular por el muralista Diego Rivera y su esposa Frida Kahlo; haciendo de este país su última morada, nunca pudiendo regresar a su amada Rusia.
El paso de Trotsky por la afamada “casa azul”, trajo consigo un sinfín de mitos como realidades; como es el caso de su fugaz amorío con Frida. Son varios los factores que algunos historiadores mencionan, los que pudieron haber detonado la impensable relación entre Trotsky y Kahlo; uno de esos factores, probablemente el más sostenible, es la admiración ideológica que sentía Frida hacia su inquilino. Recordemos que para la época, eran precisamente los artistas/intelectuales quienes profesaban la ideología de izquierda.
Cada uno de los dos, tuvo una fructífera trayectoria personal; una en la pintura y el otro en el estudio y el pensamiento ideológico, ambos son y serán reconocidos como dos grandes mentes de su época. Aunque no deja de resultar curioso, el hecho de que con todo y lo grandes que fueron, siempre será recordado el prohibido romance que hubo entre ellos.

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