GUADALAJARA.- Comparten un lazo de sangre, pero es la mutua admiración histriónica lo que más disfrutan de su unión.
Tía y sobrina, Susana Alexander y Sophie Alexander-Katz, encontraron en «Instrucciones para una Muerte Feliz», más que una puesta en escena en la que se desarrollan como actrices, sino la oportunidad de llevar sobre las tablas esa conexión que trasciende la profesión.
«Trabajar con mi tía es una celebración. Desde muy chica fui testigo de su gran talento. Cuando iba a su casa a veces la espiaba mientras ensayaba sus papeles y me quedaba admirada por su tono de voz y gesticulaciones, eso me marcó», comentó Sophie, sosteniendo la mirada a Susana.
Además de compartir la pasión por la actuación, las dos tienen en común el gusto por los libros, especialmente los biográficos, como de figuras del cine o del teatro, y los de historia universal.
Pero no en todo son tan parecidas. Sophie, de 39 años, y Susana, de 73, difieren en algunos temas.
«A mí lo que a veces no me parece es que pase (Sophie) todo el día viendo su celular, quizá sea por algo generacional, pero a mí no me gustan esas cosas. Sophie es muy politizada y está más abierta a temas como la legalización de la mariguana, yo sí soy más cerrada en cuanto a eso», explicó Susana.
En lo que sí están de acuerdo, a propósito de su presentación en «Instrucciones para una Muerte Feliz» -que ayer convocó a tapatíos en sus dos funciones en el Teatro Galerías- es en la visión noble y abierta acerca del fin de la vida.
«La muerte no causa risa nunca, pero lo que logra esta obra es volverla cotidiana porque así es, la muerte es una cosa de todos los días y en cualquier momento puede llegar y es lo que se nos olvida.
«Al saber que eres finito le echas más ganas a todo», agregó Sophie. (Staff/Agencia Reforma)