Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los resultados de los exámenes de oposición para ingresar al servicio de la educación básica, dados a conocer la semana pasada, demuestran deficiente formación de los docentes en las escuelas normales y en algunas universidades. Este problema, desde luego, no es de ahora, en las últimas décadas se venía percibiendo el deterioro académico de estas instituciones.

¿Qué se ha hecho para superar los problemas que impactan, negativamente, en el rendimiento académico de las normales?  En los últimos años, las autoridades centrales cambiaron planes y programas de estudio, con miras de elevar la calidad formativa; otorgaron recursos a cada institución oficial, para desarrollar proyectos de mejora académica; promovieron diplomados, maestrías y doctorados, para los catedráticos (formadores de docentes); para los catedráticos de las normales superiores, crearon plazas de investigadores, con sueldos que fluctúan entre 35 a 75 mil pesos, como una estrategia para propiciar la excelencia educativa; y para ingresar al estudio en las escuelas normales se dispuso, como requisito, aceptar únicamente a los mejores aspirantes; esto es, a los que obtuvieran las más altas puntuaciones en los exámenes de admisión y que manifestaran habilidades docentes.

¿Qué efectos han tenido estas medidas? Los planes y programas de estudio no han mejorado la situación académica de las normales como era el deseo, porque aun cuando periódicamente hubo cambios curriculares, éstos se hicieron con cinco o seis años de retraso en relación con las reformas de los planes y programas de educación básica; de tal manera que cuando los estudiantes de las normales, después de egresar, son contratados para laborar en las escuelas básicas, se dan cuenta que en estas instituciones ya se está trabajando con programas y enfoques pedagógicos diferentes a su preparación. Esto mismo fue lo que pasó con los egresados de las normales que presentaron examen de oposición el año pasado (2014): les preguntaron sobre aspectos técnico pedagógicos que apenas están tomando forma en la actual Reforma Educativa, cuando estos aspirantes fueron preparados con programas que datan más allá de cinco años; dando la impresión que se trata de poner en evidencia a los docentes en formación. En varios foros se ha insistido que los programas de estudio de las escuelas normales, son los que deben adelantarse, cinco o seis años, para poder empatar con las reformas que se hagan en educación básica; pero esta petición no ha encontrado eco; por lo que se infiere que continuarán la incongruencia al respecto.

En lo que se refiere a los proyectos académicos, éstos se han venido desarrollando al interior de cada plantel, pero no se han observado avances significativos ni en los catedráticos, ni en los aprendizajes de los estudiantes. Presumiblemente ha faltado una mayor disposición para los cambios esperados y compromisos más consistentes para obtener mejores resultados. En lo referente a las plazas que se crearon para los investigadores de las normales, éstas, en lugar de propiciar la excelencia educativa, despertaron ambiciones malsanas y provocaron una arrebatiña de ellas, principalmente entre los dirigentes sindicales y la parte oficial. A tal grado fue su codicia que se torcieron normas con el fin de apoderarse de estas plazas y asignárselas a familiares, amigos y a los incondicionales, sin importar su perfil académico; dándose casos tan bochornosos como el del intendente que, en poco tiempo, ya tenía plaza de investigador C, que es la más cotizada; y recientemente, a una muchachita, sin terminar aún sus estudios, también ya se le otorgó una plaza similar, siendo esto posible porque su mamá ostenta un cargo de importancia. En las escuelas normales hay excelentes catedráticos, pero éstos se cuentan con los dedos de la mano, y además están relegados en las instituciones; el resto del personal está integrado con trabajadores que ingresaron por recomendaciones o en pago por haber cumplido encomiendas perversas. ¿Y el perfil académico?, ¿y la calidad educativa? Ni el perfil, ni la calidad académica han importado,  importan las plazas y cobrar bien. Tocante al ingreso de los aspirantes a las normales, ciertamente se han aplicado exámenes de admisión, pero las verdaderas listas de los aspirantes que han ingresado a las normales fueron elaboradas en las oficinas sindicales y en las de la parte oficial; y sólo para purificar un poco la corrupción de los procesos, en estas listas se incluyeron dos o tres de los que, de buena fe, presentaron examen de admisión y obtuvieron altos puntajes. Con todas estas prácticas descritas, ¿se pueden esperar buenos resultados en la formación docente?

Hace dos meses, aproximadamente, se planteó a las autoridades educativas revisar las plantillas del personal de este nivel, con el fin de sanearlas y buscar formas para una mejor formación docente. La respuesta fue: “¡Todo, menos eso!”.

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