En los próximos meses viviremos el estremecimiento de las precampañas y las campañas electorales. Nunca como ahora, el desconcierto y la insatisfacción social definen el escenario, señaló el P. Carlos Alvarado Quezada, al referir que el tema lo manejaron los obispos en la reciente asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Hizo hincapié en que los candidatos independientes surgen y momentáneamente parecen ofrecer una alternativa a las opciones políticas tradicionales. Sin embargo, más pronto que tarde, resulta que algunos no son tan independientes.

La sociedad busca opciones ciudadanas, pero pareciera que éstas no logran aún madurar y consolidarse en su originalidad e independencia.

Por otra parte, los partidos políticos desdibujan sus identidades, pierden sus liderazgos-claves, se vinculan con opciones políticas contrapuestas, haciendo que el voto en conciencia sea más arduo que nunca.

Ante el desconcierto, para ayudar a que exista una participación democrática madura, basada en una reflexión crítica y ética con gran perspectiva de bien común, es preciso tomar en cuenta tres cosas esenciales.

Citó que la Iglesia como institución no debe inducir el voto hacia partido o candidato alguno: “No es nuestra misión sustituir las conciencias sino iluminarlas con la luz de la fe y con las exigencias éticas que brotan de la dignidad inalienable de la persona humana”.

Alvarado dijo que hay que evitar que nuestro pueblo crea que el criterio es elegir el “mal menor”. En la enseñanza de la Iglesia el mal moral no puede ser elegido nunca ni como fin ni como medio. El principio del “mal menor” sólo aplica cuando los males en juego son de orden físico, no moral, tal y como lo saben bien, por ejemplo, los expertos en bioética.

En escenarios políticos complejos lo que debe imperar es la búsqueda del “bien posible” que aunque sea modesto, todos estamos obligados a procurar. En un proceso electoral, esto significa que la conciencia cristiana debe discernir cual de las opciones puede generar un poco más de bien, tomando en cuenta, la complejidad de las circunstancias, agregó.

Llamó a hacer el “bien posible” significa impulsar todo lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la certidumbre, a la justicia, al respeto a los derechos humanos y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos. “La Doctrina social de la Iglesia nos ofrece estos y otros valores para que cada persona tome sus decisiones en conciencia y con entera libertad”.

El vocero de la diócesis expuso que hay que estimular la más amplia participación cívica. Entre más ciudadanos participen, más posibilidades habrá de que nuestra sociedad madure y sea responsable de la cosa pública. No hay que temer a la participación. Para terminar, dijo que, por el contrario, la próxima elección federal será una gran ocasión para que desde la fe, todos podamos mostrar nuestro compromiso con México, es decir, con el pueblo real.

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