Josemaría León Lara Díaz Torre

La prensa nacional se encuentra inmersa en el escándalo, que floreció gracias a las negociaciones tras bambalinas entre Morena y el Partido Verde; teniendo como resultado que Manuel Velasco dejara el Senado para regresar a terminar su mandato al frente de gobierno de Chiapas, mientras el Verde otorgaba a cambio cinco de sus diputados a Morena, para que como por acto de magia, alcanzaran la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Situación sobre la cual, el presidente electo y líder de su propio partido, no se ha pronunciado al respecto, lo que ha derivado en simples especulaciones. Resulta importante recordar que fue precisamente el gobernador chiapaneco el primero en reunirse con el presidente electo a los pocos días de la elección presidencial. Como también pudiera resultar tal vez como una simple casualidad, que el proyecto del tren maya requiera de la voluntad política de los gobernadores de la región, donde casualmente se encuentra Chiapas.

En fin, cambiando de aires llama mi atención la nota publicada por Juan Jesús Aznárez el pasado 03 de septiembre en el diario español El País; mismo que titula “Cuba gana un camarada”, en el cual hace un muy interesante análisis de las relaciones bilaterales históricas entre México y Cuba, así como también narra el cómo la Cuba de Castro encuentra en Andrés Manuel López Obrador, un verdadero aliado.

No es la primera vez, que en este mismo espacio doy mi opinión sobre Cuba y la lamentable situación que vive el pueblo cubano, después de más de medio siglo de absurda opresión socialista. Y aunque Fidel ya no se encuentre físicamente, su espíritu y su ideología permanece vigente en la más grande de las Antillas, a través de su hermano Raúl y de su títere Miguel Díaz Canel. Situación que no solo reitera la imposibilidad cercana de alcanzar el sueño de libertad, si no que se devela el deliberado empeño de que las cosas no cambien.

Andrés Manuel, según lo dice Aznárez en su artículo, define a Fidel Castro como: “un luchador social y político que condujo a su pueblo hasta la verdadera independencia: un gigante a la altura de Nelson Mandela”. Situación que a más de alguno llega a inquietar, pues resulta absurdo e inclusive demostrando ignorancia, el hecho de comparar a Castro con Mandela; vamos, podríamos decir que eran aguas y aceite.

Aunque es cierto que ambos fueron ideólogos y que lucharon por la libertad de sus pueblos, la manera en que Castro se fue desvirtuando al pasar de los años, le resta cualquier mérito de triunfo por más bien intencionado que hubiese sido. Presos políticos, desapariciones, hambruna, miseria, por mencionar algunas de las calamidades que han sufrido nuestros hermanos cubanos, son solo un breve recordatorio, que Fidel Castro, bajo ningún motivo o circunstancia puede ser considerado como un gigante, mucho menos como un luchador social.