RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Hace un año que Felipe González Ramírez partió al reino celestial. Yo puedo decir que qué pronto ha pasado el tiempo, pero para su familia ha sido muy lento y doloroso. Y lo he comprobado cuando de vez en vez acudo a visitar a su padre, Don Felipe, para platicar y tratar, en lo que puedo, de darle ánimo. No ha sido fácil. El sentimiento está a flor de piel. Y es comprensible, para un padre debe ser tremendamente doloroso perder a un hijo. En mi caso tuve la fortuna de convivir con ellos un sinnúmero de ocasiones. Comíamos en familia al menos dos domingos al mes. Felipe siempre rodeado de sus hijos y nietos. La plática antes y después de comer era formidable, ¡de todos los temas!, de futbol soccer, futbol americano, obviamente de política, tanto local como nacional, de música… ¡de todo! Siempre con gran cordialidad. Pocos meses antes de su partida Felipe se encontró en el Centro de la ciudad a mi hermano Ricardo y le dijo: “En mi casa a Rodrigo no lo vemos como un amigo, lo vemos ya como parte de la familia”. Mi hermano me lo contó muy contento pues sabía de la gran relación que yo tenía con la familia González Ramírez. En otra ocasión un amigo muy querido a quien yo en su momento le había presentado a Felipe me contó que se habían encontrado y que lo había invitado a comer. Felipe le contestó: “Sí, vamos cuando quieras, pero invitamos a Rodrigo y que él sea el intermediario para ver cuándo nos reunimos”. Mi amigo me lo platicó días después y me dijo: “Felipe en verdad te estima y te guarda tu lugar, se ve que es un muchacho muy leal”. Eso me daba mucha satisfacción, pues Felipe siempre mantuvo muy en alto el significado de la amistad y sobre todo de la lealtad.

Hoy, a un año de su deceso, no puedo describir el momento en que me enteré que falleció. Me lo imaginé muerto. Y así, con esa certeza, pasaron varias horas hasta que llegué a la funeraria acompañado de Araceli mi mujer, que amorosa y también con mucho sentimiento, no se me despegó para nada desde el momento en que supimos la noticia. Al llegar a la funeraria, cerca de las 11 de la noche al primero que vi fue al Lic. J. Asunción Gutiérrez Padilla, en ese tiempo director de EL HERALDO. Vi su rostro y estaba también muy consternado. Nos dimos un abrazo y sin decir casi nada nos alejamos a una parte del lugar a esperar que llegaran los padres de Felipe. Cuando ellos llegaron se iniciaron las escenas dolorosas. Ahí, mi señora, el Lic. Gutiérrez y yo rogábamos para que Dios Nuestro Señor nos diera la fortaleza física y moral para poder darle el pésame a la familia que estaba totalmente destrozada.

Hoy, a un año de su muerte es hora de pedir a Dios que bendiga a quienes obligaron a Felipe a tomar la fatal decisión. Que sean él y su justicia divina quienes se encarguen de ellos. Dios es poderoso y de alguna manera en ésta o en otra generación alguien tendrá que responder a esta acción. Mientras tanto su familia y sus amigos estamos con nuestro dolor, pero ya Felipe está cerca de Dios, y guardamos su bella imagen, el hermoso ejemplo de buen hijo, excelente padre y extraordinario amigo que nos dejó. Todos los días el ejemplo de Felipe nos da nos da fuerza espiritual y nos acompaña en nuestros actos. Muchos amigos me dicen que Felipe vivirá por siempre en los corazones de quienes lo trataron y yo coincido plenamente con ellos. En lo personal me sumo en profundas reflexiones y me sumerjo en el solitario mar de un deseo. Mi reflexiones concluyen en que es tan corta la vida, tan efímera y a la vez tan profunda, que no sabemos en donde empieza y en donde termina. Y para mí esto no ha terminado.

Reflexiones que me llevan al deseo, a la esperanza de que en el infinito se vuelva a aparecer Felipe o que yo me lo encuentre. Él tenía sus propios valores, sus propias convicciones, se formó en la lucha y en el estudio diario y vivió una vida muy bonita. Dicen que se van y vuelven los dolores. Que se van como turbas de negras mariposas. Pero hay dolores que anidan en el alma. Como este dolor de tu partida. A un año de su partida seguimos recordando a Felipe con mucho cariño y como el gran ser humano que fue.

El día de hoy se celebrará una misa a las ocho de la noche en la Parroquia de Nuestra Señora de los Bosques para conmemorar el primer aniversario de su fallecimiento.