Josemaría León Lara

La naturaleza perfectible del ser humano suele tender a la equivocación, pero también es esa propia condición la que nos presenta al orgullo como un aliado falso, que nos orilla a no reconocer las faltas cometidas; y aunado a esta tesitura cuando el orgullo se convierte en soberbia, el panorama que se presenta es peor, puesto que ya no se trata de no reconocer faltas sino que a su vez es el autoengaño de saberse libre de toda culpa.

Se requiere de carácter, pero en el fondo se llama tener vergüenza; muy necesaria para reconocer cuando se ha actuado mal, pero también para procurar resarcir el daño causado. Lo que resulta curioso de todo esto, es que en la actualidad es cada vez más raro encontrar a personas dispuestas a dar la cara por aquello de lo que son responsables; lo podríamos llamar de muchas maneras, pero al final en nuestra sociedad no se cuenta con el hábito de pedir una disculpa y mucho menos el de escuchar una.

Quiero pedir una disculpa pública a todos mis lectores debido a que me equivoqué, al estar cegado por el escepticismo y la ironía que tanto me caracterizan, dando por hecho un evento futuro,  sobre el cual la realidad terminó por cerrarme la boca. El pasado viernes 14 de octubre del presente año, en esta misma columna realice una entrega que llevaba por nombre “democracia de ficción”, dónde me di a la tarea de hacer un análisis sobre lo que en ese momento era una próxima elección en los Estados Unidos.

En aquella ocasión di por sentado que el resultado de la elección sería producto de una voluntad desvirtuada del electorado estadounidense, en la búsqueda de elegir a quien fuese considerado el menor “peor”; sin embargo que equivocado estaba, los que pudimos presenciar el pasado martes a sorpresa de todos, el pueblo americano salió a votar para elegir ese anhelado gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

La realidad política de cada pueblo o nación es única e irrepetible. El que terminara electo el candidato considerado como una broma, no es producto de la casualidad, sino de subestimar el poder del pueblo y confiar en el estereotipo tradicional de hacer política. Las señales estaba ahí desde marzo del año pasado, y aun así el mundo decidió mirar hacia otro lado juzgando, cuando optamos por criticar los dimes y diretes de un candidato verdaderamente peculiar, lo estábamos haciendo más conocido y por ende más y más fuerte.

Lo que parecía imposible se convirtió en posible, demostrando que el “sueño americano” está más vigente que nunca. ¿Cómo estadounidense a qué más se puede aspirar, que no sea a la presidencia? El ahora Presidente Electo, alcanzó lo que únicamente 44 individuos han logrado en la historia de aquella nación de manera previa a él; los calificativos despectivos contra su persona ya han sido expuestos todos, sus defectos y complejos también son conocidos y aun así a partir del próximo 20 de enero trabajará desde el despacho oval.

A lo largo de estos últimos días han sido expresadas sin fin de teorías respecto al porqué del triunfo de alguien que era (o sigue siendo) considerado como peligroso. El hecho es simple, la gente salió a votar, esa gente que antes no votaba y lo hizo porque aun siendo candidato les habló en su idioma, es decir a su nivel, diciéndoles exactamente lo que ellos querían escuchar.

La democracia se hizo ver el día de la elección, la voz del pueblo fue expresada y escuchada, por lo que ya no hay vuelta atrás; Estados Unidos de América tiene un nuevo presidente, que con su elección ha provocado un cambio tan profundo en los cimientos mismos de entender el funcionamiento del mundo, que aún no logramos percibir ni comprender del todo. El mundo ya cambió desde el 8 de noviembre queramos aceptarlo o no, estamos hablando de un antes, que ya es un presente y que pronto será un después.

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@ChemaLeonLara