Hay un taller, dos mesas repletas de vasijas y unas manos que amasan.
Son de José Concepción Tlacomulco, mejor conocido como «Concho», quien se dedica a la alfarería desde hace 48 años.
En el número 21 de la calle Leandro Valle, cientos de piezas han sido creadas a lo largo de varias generaciones. Antes de haber visto la luz, pasaron por distintos pasos de elaboración: preparación del material, modelado, secado y horneado.
«Al barro se le va dando su tiempo para que agarre cuerpo y se le vaya dando forma», platica.
«Conforme la pieza va teniendo soporte, se van haciendo los detalles».
La arcilla no es lo único que respira en este Pueblo Mágico. Los visitantes pueden verdaderamente descansar y pasear cobijados por la tranquilidad de sus calles.
Luego de comprar un par de cazuelas y jarros, caminamos cuatro cuadras hasta llegar al ex convento de San Juan Bautista, construcción del siglo 16 que exhibe tanto frescos en sus paredes y techos como cuerpos momificados.
El templo agustino forma parte de la Ruta de los Conventos, que está conformado por 19 capillas, explica Eduardo González, coordinador de competitividad en la dirección de turismo del municipio.
La siguiente parada es el Centro Cultural «La Cerería», que sirvió como cuartel del general Emiliano Zapata y como fábrica de velas. Hoy en día alberga distintas obras que reflejan la historia del pueblo, entre ellas un mural de acrílico de 15 metros cuadrados llamado «El mítico origen del chinelo», creado por Sergio Sánchez Santamaría, grabador y director de cultura de Tlayacapan.
Seguimos con nuestro recorrido y todo se antoja. En un abrir y cerrar de ojos, cargamos con una infinidad de bolsas repletas de artesanías típicas, plantas y bisutería.
Para comer, optamos por el restaurante «El Mirador», ubicado en la calle 5 de Mayo número 14, cuya especialidad son la sopa de nopal y la tradicional cecina de Yecapixtla que se sirve acompañada de nopales, arroz y frijoles de olla. Desde su terraza, se observan todos los cerros que circundan el pueblo.
Elegimos como postre un pan de dulce de «La Jaiba» -calle Benito Juárez número 18-. En esta panadería, lo clásico son «los cocodrilos», pequeños panecillos cuya masa tiene canela y están rellenos de la pasta que recubren las conchas, sea de vainilla o chocolate.
Al salir, vamos por un café mientras las nubes se tiñen de rojo con la luz del atardecer.

Guía práctica
Cómo llegar
Desde la Ciudad de México se toma la carretera a Cuernavaca hasta la desviación a Atlatlahucan, continuar por carretera estatal hasta llegar a Totolapan y de ahí continuar hasta llegar a Tlayacapan.

Desde Monterrey: la aerolínea Transportes Aéreos Regionales ofrece vuelos directos a Cuernavaca los lunes, miércoles, viernes y domingo. Una vez en la ciudad, se toma la carretera hasta la desviación a Atlatlahucan, continuar por carretera estatal hasta llegar a Totolapan y de ahí continuar hasta llegar a Tlayacapan.

Desde Guadalajara: la aerolínea Transportes Aéreos Regionales ofrece vuelos directos a Cuernavaca los lunes, miércoles, viernes y domingo. Una vez en la ciudad, se toma la carretera hasta la desviación a Atlatlahucan, continuar por carretera estatal hasta llegar a Totolapan y de ahí continuar hasta llegar a Tlayacapan.

Dónde dormir
La Renacuaja se ubica en la calle Ignacio Zaragoza número 3, a una cuadras del centro de la ciudad. Desde mil 500 pesos por noche con base en ocupación doble.

Más información
www.visitmexico.com/es/pueblosmagicos/region-centro/tlayacapan