CDMX.- Hay actores que se sienten más importantes que sus roles y proyectos, y hay otros que viven por y para sus papeles, dignificándolos, enriqueciéndolos.
De estos últimos era Max Von Sydow, quien falleció a los 90 años.
El espigado sueco de ojos azules pasó de histrión fetiche de Ingmar Bergman, con quien hizo piezas maestras como Fresas Salvajes y El Séptimo Sello (ambas de 1957) a convertirse en un ícono pop que en sus últimos años apareció en Star Wars (2015) y Game of Thrones.
«Era un actor absolutamente prodigioso, con un dominio de la técnica notable y con una disciplina y con un rigor dignos de ejemplo.
«Von Sydow era un actor que trabajaba en los papeles que le ofrecían y lo hacía con eficacia y entereza», describe por teléfono el director Arturo Ripstein.
Egresado de la escuela del Teatro Dramático Real de Estocolmo, Max acumuló más de 160 créditos en pantalla a lo largo de las 8 décadas en las que permaneció activo.
Considerado uno de los talentos más brillantes de su generación, estuvo dos veces nominado al Óscar: por Pelle el Conquistador (1987) y Tan Fuerte y Tan Cerca (2011).
Encarnó todo tipo de papeles pero productores y cineastas recurrían a él ofreciéndole personajes de hombres atormentados y villanos cosmopolitas y refinados.
Cuando ya era una leyenda, no sólo europea sino hollywoodense, con éxitos como La Historia Más Grande Jamás Contada (1965) y El Exorcista (1973), Ripstein lo dirigió en 1976 en Foxtrot.
Infatigable, Von Sydow colaboró con varios de los cineastas más prominentes de la historia, como John Huston, Sidney Pollack, Franco Rossi, Bille August, Woody Allen, Steven Spielberg y Martin Scorsese.
Sin embargo, ninguna relación fílmica fue tan importante como la que tuvo con Bergman, genio con quien hizo 13 largometrajes. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)

ASÍ LO DIJO
«Un director dice qué necesita y plantea problemas que los actores deben resolver. Hay unos que empeoran las cosas y otros que daban opciones prodigiosas, como Von Sydow».
Arturo Ripstein, director.