Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La educación del estado mejoraría, de manera importante, si las autoridades locales quisieran. Y no se trata de inyectar más dinero a las escuelas ni de crear más plazas, sino, simplemente, de ejercer la administración en forma correcta. Los recursos humanos ya existen, pero se asignan en forma extemporánea y, además, están mal distribuidos. Si estos recursos (léase maestros) se ubicaran debidamente en las escuelas, en tiempo y forma, la calidad educativa aumentaría de manera significativa.

En los últimos años se han tenido, entre otros, los siguientes descuidos: aun cuando se dispone de suficientes maestros para cubrir todos los grupos que están integrados en las escuelas, la realidad es que cuantiosos de estos grupos quedan sin maestros por semanas, por meses y en algunos casos hasta por todo el ciclo escolar. La falta de maestros, en los grupos en cuestión, provoca severos daños en el aprovechamiento escolar de los educandos, que luego se reflejan en las evaluaciones. Por tanto, es deber ineludible de la administración garantizar maestros en todos los grupos desde el primer día hasta el último día de clases; máxime que se tiene el presupuesto federal para ello.

También en los últimos años se ha dado por contratar a cientos de docentes en lugar de otorgarles plazas definitivas. Los contratos tienen los inconvenientes que son por quince días, por un mes o por dos meses y medio; y, por cuestiones administrativas, en las recontrataciones se pierden semanas y hasta meses, tiempos en que miles de alumnos quedan sin clases, con los perjuicios predecibles. Imagínese los daños acumulados en cuatro o cinco recontrataciones por ciclo escolar. Si los contratos han de seguir, lo deseable es  que cuando éstos terminen al día siguiente ya deben estar los nuevos, con el fin de que los alumnos no pierdan clases. El otro gran inconveniente radica en que por los contratos se paga una minucia, desanimando, por ello, a los docentes en su labor educativa.

Otro problema que provoca serias deficiencias en la atención de los educandos es por el hecho de que centenares de maestros laboran en dos, tres y hasta en cuatro escuelas diferentes. Fenómeno que se da, principalmente en secundarias, por lo que están muy deteriorados los servicios en este nivel. Los maestros de los casos en comento, se pasan la mayor parte del día trasladándose de una escuela a otra (unos, incluso, del medio urbano al rural y viceversa). ¿Qué eficiencia puede tener uno de estos maestros en sus clases, cuando su mayor preocupación es trasladarse, cuanto antes, a la otra escuela para que no le descuenten en su salario por llegar tarde? Además, estos maestros no participan en consejos técnicos, ni en actividades extra escolares, ni en reorientaciones académicas necesarias, ni en ninguna otra actividad que las escuelas requieren; porque no tienen pertenencia en ninguna de ellas. Si las autoridades educativas locales quisieran, harían lo que la pedagogía y el buen sentido de la administración establece: “concentrar las horas de trabajo de un maestro, en una sola escuela para su mejor rendimiento académico”; lo cual sí es posible, pues no hace mucho las escuelas secundarias tenían concentradas todas las horas laborales de sus maestros con mejores resultados. ¿Qué pasó en estos últimos años que se pulverizaron las horas de trabajo de los maestros?

Las indicaciones de la Secretaría de Educación Pública, y del sentido común, siempre han sido: “concentrar las horas laborales de los docentes en una sola escuela”. ¿Por qué se tienen que atomizar las horas de los docentes, cuando lo recomendable es lo contrario?

Las expectativas, para este nuevo año 2019, serían: que haya maestros en todos los grupos desde el primer día hasta el último día de clases del ciclo escolar; que en lugar de contratos se otorguen plazas definitivas a los docentes; y que todas las horas laborales de los maestros se concentren en una sola escuela. Los alumnos lo agradecerían.