Luis Muñoz Fernández.

Se puede abusar del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sin infringir la ley. De vez en cuando la prensa española ofrece ejemplos que demuestran cómo el periodista puede ser puesto al servicio de intereses ajenos a los lectores; cómo se desarrollan a la luz pública campañas de opinión que responden a oscuras pugnas financieras o mercantiles; cómo a veces la caza y captura de ciudadanos se disfraza de periodismo de investigación. Convertir los medios de comunicación en armas del tráfico de influenciasal servicio de intereses que no se declaran es una práctica de abuso que crece a la sombra de la libertad. Por eso hemos procurado que las opiniones de “El País” –equivocadas o no– hayan sido siempre nítidas; sus dueños, conocidos; sus cuentas; auditadas desde el comienzo; y sus motivaciones, públicas.

 Joaquín Estsefanía. Libro de Estilo del periódico El País, 1990.

La semana pasada iniciamos la revisión del documento “Ética Periodística en la Era Digital”, publicado por el Centro Internacional para Periodistas (https://www.icfj.org/our-work).  Como ya lo señalábamos en esa ocasión, el acceso al documento, en su versión digital, es gratuita en: http://eticaperiodistica.info/wp-content/uploads/2018/05/Manual_EticaPeriodistica.pdf .

En los párrafos siguientes continuaremos con la revisión del citado documento para analizar los que consideramos aspectos de interés para una sociedad como la nuestra que hace relativamente poco transita por la senda de la democracia y cuyos ciudadanos aspiramos a contar con unos medios de comunicación, señaladamente los periodísticos, que ejerzan con estricta ética su importante función.

“Ética Periodística en la Era Digital” retoma uno de los conceptos torales del famoso periodista polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007): el otro. El buen periodista es la voz de los que no tienen voz, hace visibles a los invisibles y nos muestra la existencia de los demás, de quienes no son los nuestros, que piensan y viven distinto, pero sin los que no tendría sentido nuestra propia vida.

Uno de los valores centrales del periodista es la responsabilidad, es decir, tener capacidad de respuesta. ¿A quién debe responder el periodista del siglo XXI?, se pregunta el documento. Y contesta lo siguiente:

El mejor periodista es el que siempre está aprendiendo de los otros y que comparte ese aprendizaje con los receptores de su información.

Subraya Ryszard Kapuscinski en su lectura sobre el otro: “no sólo debo colocarme en pie de igualdad y mantenerme en diálogo, sino que tengo la obligación de ser responsable de él”.

En efecto, al informar el periodista se hace responsable de las consecuencias de su texto informativo.

¿Lo intimidó y aterró? ¿Lo llenó de confusión? ¿Lo engañó y desorientó? ¿Lo dejó sin esperanza? O, por el contrario ¿lo orientó? ¿Lo estimuló? ¿Le dio alegría y esperanza? Todos esos son efectos en el otro, de los que el periodista es responsable.

Este contacto directo, sin intermediarios, que establece el buen periodista con el otro contrasta radicalmente con el tipo de comunicación virtual que vemos en la actualidad. En las redes sociales, manejadas con técnicas de mercadeo, se da el fenómeno de la “cámara de ecos”, pues privilegia a los que piensan como uno e incluye, sobre todo, los temas que uno quiere ver y oir. La voz de los demás parece ser un eco de mi propia voz. El ciberbatura está preso en una celda invisible que le impide escuchar al otro.

¿Con quién tiene que identificarse el reportero en una guerra? Con los valores. Estar en sintonía con la paz y con la dignidad humana y tratar con dignidad al otro. Con una gran experiencia en la cobertura de conflictos bélicos, Ryszard Kapuscinski señalaba “el punto de vista desde donde se puede observar mejor lo que ocurre en una guerra, es el de los que sufren”.

¿Por qué tiene que ser así? y “Ética Periodística en la Era Digital” responde sin ambages: “Porque la gente en el poder, en primer lugar, ama el poder; y dos: tiene más motivos para mentir porque cree que es necesario para mantenerse en el poder. Es lo que puede verse detrás del lugar común, pero sabio, de que en una guerra la primera baja es la verdad”. Para ello el periodista debe tener el valor de la independencia que, como se señala, “es tan necesaria para el periodista como la vista para un pintor o el pulso para un cirujano”.

En esta ética periodística, los tres valores centrales son el compromiso con la verdad, la independencia y la resposabilidad con la sociedad. Tres valores y cuatro preguntas que se hace “Ética Periodística en la Era Digital”:

1.-¿La llegada de internet hace necesaria una nueva ética?

2.-¿Quién debe adaptarse: la ética a las nuevas técnicas, o éstas a la ética?

3.-¿Existe algún código de ética de internet?

4.-¿Para los periodistas que trabajamos en páginas web de información, sirven los códigos tradicionales o se necesita un código nuevo?

Si bien es evidente que la ética no es un asunto inmutable, que evoluciona como lo hace la técnica y la sociedad misma obligando a nuevas actitudes, siempre se han mantenido vigentes los principios relacionados con la verdad, con el servicio a la sociedad y con el ejercicio de la justicia y de la libertad:

Todas las prevenciones de la ética en los medios tradicionales para que no se cree confusión entre la información y propaganda, mantiene su validez en internet y el rechazo a la práctica de los contenidos patrocinados, como una forma disimulada de pagar al periodista para que diga o calle según la conveniencia de quien paga. Ese rechazo no cambia, sino que se intensifica en el medio digital.

Si la información es un bien social y no una mercancía, tanto los empresarios como los gobiernos han de saber que ese es un espacio sagrado e inviolable.

Como conclusiones, el documento nos dice que por diversas razones que tienen que ver con la revolución tecnológica y el modelo financiero predominante en nuestro medio, el periodismo se encuentra en la actualidad en un estado muy vulnerable “que amenaza con hacer desaparecer muchas de sus buenas prácticas, entre ellas su habilidad para interpretar el contexto de los hechos y de ser aquella señal roja que alerta a la sociedad cuando las cosas no marchan bien en la democracia. Es el periodismo [el buen periodismo, diría yo] el que ha dado aviso con anticipación sobre muchas de las crisis económicas, políticas o sociales en el mundo y ha dado espacio para que los ciudadanos exijan rendición de cuentas a sus gobernantes. Para continuar con este rol fundamental de la prensa en democracia, se requiere preservar los principios básicos del periodismo”.

Es evidente que, como en otros tantos rubros de nuestra vida social, tenemos mucho por hacer. Y como ciudadanos debemos exigir un nivel de periodismo acorde con el país que todos estamos ayudando a construir.

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