Luis Muñoz Fernández

Antaño, a principios de siglo, la información tenía dos caras. Podía centrarse en la búsqueda de la verdad, en la individuación de lo que sucedía realmente, y en informar a la gente de ello, intentando orientar a la opinión pública. Para la información, la verdad era la cualidad principal.

El segundo modo de concebir la información era tratarla como un instrumento de lucha política. […] La información, para esa prensa, no era la búsqueda de la verdad, sino ganar espacio y vencer al enemigo particular.

En la segunda mitad del siglo XX, especialmente en estos últimos años, tras el fin de la guerra fría, con la revolución electrónica y de la comunicación, el mundo de los negocios descubre de repente que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo. Y, una vez que hemos creado la información-espectáculo, podemos vender esa información en cualquier parte. Cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella.

 Ryszard Kapuscinski. Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo, 2002.

El Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés), fue fundado en 1984 por Tom Winship, Jim Ewing y George Krimsky, tres periodistas norteamericanos destacados, “para apoyar a sus compañeros periodistas en el extranjero, especialmente aquellos en países con sistemas de prensa libres muy limitados o inexistentes”.

En la actualidad, según lo señala en su página electrónica (https://www.icfj.org/our-work), el ICFJ trabaja en cinco áreas clave: el fomento de la innovación en los medios de información, la creación de sólidas redes de comunicación entre periodistas de investigación, la mejor comprensión de temas diversos mediante el intercambio global de periodistas, el desarrollo de áreas especializadas de información como la salud o los negocios y la promoción de la diversidad informativa dando voz a periodistas de diferentes partes del mundo como América Latina, África y Asia.

En este 2018, en colaboración con la Oficina de la UNESCO en Montevideo y el gobierno de Suecia, el ICFJ publicó “Ética Periodística en la Era Digital”, especialmente dirigido a profesionales y estudiantes del periodismo en América Latina: “A través de una perspectiva positiva frente al contexto cambiante del periodismo en el siglo XXI, los autores Javier Darío Restrepo y Luis Botello reflexionan sobre la importancia de la pluralidad, credibilidad de la información y subrayan las oportunidades de hacer un periodismo de mayor calidad”.

El documento consta de 11 capítulos: 1)La postverdad; 2)Las noticias al instante; 3)La verdad en tiempos de violencia; 4)¿Para qué investigar?; 5)El periodista y el Otro; 6)La independencia; 7)Entre lo sensacional y lo real; 8)¿Cualquiera puede ser periodista?; 9)Una nueva estructura financiera; 10)¿Una nueva ética?; 11)Conclusión. Además, puede obtenerse sin costo de la Internet: http://eticaperiodistica.info/wp-content/uploads/2018/05/Manual_EticaPeriodistica.pdf

En las siguientes líneas sólo nos referiremos a los puntos iniciales del documento, particularmente los que se refieren a la veracidad de la información y al periodismo de investigación.

El primero es el de la posverdad (las famosas fake news o noticias falsas), que es un eufemismo para referirse a la mentira. Este término empezó a cobrar relevancia en 2016 con el Brexit, las elecciones presidenciales de los Estados Unidos y el plebiscito colombiano sobre el Si o el NO a los acuerdos de paz con la guerrilla. Desde entonces, su presencia en los medios de comunicación es cada vez mayor. A partir de los casos mencionados, las medias verdades o las mentiras se han convertido en herramientas electorales habituales. Mentiras que el periodismo impreso y electrónico se limitó y se limita a reproducir sin análisis crítico, sin contexto, dejando al público sin elementos con los que formarse un juicio propio razonablemente equilibrado. ¿Tienen los periodistas una responsabilidad con la posverdad, o son también sus víctimas?: “una prensa que abandonó su función crítica y que, por tanto, fue manipulable, contribuyó al imperio de la posverdad. Esto a pesar de que el principal compromiso de la prensa es con la verdad”.

En un afán mal entendido de equilibrio informativo al exponer una disputa, los medios de comunicación presentan los diferentes puntos de vista como si todos tuviesen en mismo valor, renunciando al papel crítico para no ser tachados de parciales o poco objetivos. De esta manera, se le niega al receptor la ayuda que significa señalar inconsistencias, contradicciones, errores, mentiras o vacíos en los discursos de los protagonistas de la controversia. Así, el periodismo estimula el uso político de las medias verdades o mentiras: “al desaparecer la verdad, también se pierde la confianza entre las personas y entre los grupos sociales. […] El periodismo mismo mina uno de sus más firmes fundamentos: el de su credibilidad”.

Los autores proponen que los medios informativos sean el instrumento para denunciar las noticias falsas, exponiendo como contraste la verdad de los hechos. Otras propuestas son que el propio público se convierta en agente de verificación de datos, que se forme a los estudiantes y profesionales del periodismo en la apreciación de la verdad y, sobre todo, que se estimule y fortalezca el periodismo de investigación y datos, fundamental para descubrir los casos de corrupción y las mentiras. Gracias a las nuevas tecnologías que permiten analizar grandes cantidades de datos, hoy es más fácil verificar las informaciones.

En relación a este periodismo de investigación, se observa cada vez más restringido por supuestos motivos económicos o aduciendo argumentos francamente decepcionantes: “los lectores prefieren noticias cortas, impactantes, que se puedan leer sin esfuerzo y rápidamente. En esas condiciones o le dan espacio a investigaciones muy completas y sólidas que la gente no lee y que a veces traen problemas; o publicamos muchas noticias breves que la gente sí lee y que mantienen o aumentan la circulación del diario. ¿Eso quiere decir que la investigación periodística está a punto de morir?”, se preguntan los autores, y van más allá: “¿Para qué investiga un periodista?”:

Una encuesta entre autores de textos sobre investigación periodística revela actitudes diferentes en el momento de investigar.

El norteamericano William Gaines ve la investigación como un “servicio público, para generar confianza y forjar un vínculo más estrecho entre el lector y el diario, porque el lector ve en el periodista a alguien que está del lado de la verdad y de la justicia”. […]

Y como escribía Tomás Eloy Martínez, a los equipos de investigación “se deben los aires más limpios que se respiran a comienzos del siglo XXI”.

Estos periodistas investigadores, escribe Gerardo Reyes, colombiano radicado en Miami, están convencidos de que la opinión pública “debe enterarse de las trampas de sus gobernantes, de la anarquía de las finanzas públicas y de las artimañas de los monopolios”.

Por último, recordemos lo que señalaba el escritor José Luis Sampedro sobre la importancia de la libertad de expresión. Para él, esa libertad es importante, sin embargo, de nada sirve si la mayor parte de la población carece de la cultura suficiente para tener un juicio autónomo. Por ello, aunque la libertad de expresión es deseable, es mucho más necesaria la libertad de juicio, la capacidad de reflexionar y llegar a nuestras propias conclusiones más allá de la información tendenciosa cuyo principal objetivo es encadenarnos y manipularnos.

En México y en Aguascalientes debemos luchar para que la labor informativa de los medios de comunicación sea cada vez de mayor calidad, que contribuya a elevar el nivel educativo de la población y que, sobre todo, que se rija por normas éticas como las expresadas en este documento cuya revisión concluiremos la semana próxima.

https://elpatologoinquieto.wordpress.com

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