Luis Muñoz Fernández

Olóriz nos enseñaba los datos escuetos de la Anatomía; Sañudo y San Martín, los síntomas de las enfermedades. Pero, además, y ésta era su obra principal, Olóriz nos enseñaba la tenacidad, la claridad y el método; Sañudo la seriedad en el ejercicio profesional y social, y aquella filosofía generosa que escondía bajo la austeridad de su continente; San Martín prodigaba a manos llenas las flores […] de su finura espiritual, de su sensibilidad aristocrática y de su elevación constante del espíritu sobre las miserias del cuerpo enfermo.

 Gregorio Marañón. La Medicina Íbera, 10 de marzo de 1923.

 

En esta tercera y última parte de la reseña del Documento sobre ética e integridad en la docencia universitaria, publicado recientemente por el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona, abordaremos los últimos aspectos y, sobre todo, las recomendaciones finales que derivan de todo lo expuesto con anterioridad.

El Documento señala también que “el profesorado universitario no sólo debe explicar las cosas, sino que, fundamentalmente, debe generar condiciones y propiciar entornos formativos, debe organizar escenarios de enseñanza, aprendizaje y evaluación; en definitiva, debe conseguir que lo conviene saber se pueda aprender en las mejores condiciones posibles”.

Aunque se favorece que los profesores adquieran un papel más de acompañamiento de los estudiantes, se advierte que eso no debe disminuir el rigor en la exigencia del cumplimiento del plan de estudios ni una relación que se rebaje a una excesiva camaradería ni tampoco al paternalismo:

En este punto, como en casi todos los que se analizan en este documento, es necesario el trabajo en equipo del profesorado.Pero para que esa necesidad no se deje al voluntarismo del profesorado, es necesario que la institución garantice las condiciones laborales y académicas que permitan el trabajo en equipo del profesorado y que el compromiso con las mejores maneras de enseñar, aprender y evaluar sea una causa común (las negritas son mías).

Respecto a la evaluación, el Documento señala que debe ser coherente con la metodología de aprendizaje aplicada y debe ser justa tanto con los propios estudiantes (objetiva y bajo criterios públicos y transparentes), como con la propia universidad, exigiendo responsabilidades a los estudiantes. “El docente se muestra como un ejemplo a seguir cuando lleva a cabo una evaluación que apuesta por la calidad y la exigencia en el sentido más positivo y formativo de los términos”.

La relación dentro del cuerpo docente debe ser “la de una comunidad de personas que conviven y trabajan en un clima de respeto y reconocimiento mutuo”, apreciando y valorando otras maneras de pensar y hacer distintas de las propias: la universidad como una comunidad ética.

La integridad de la institución universitaria también implica que todos sus colectivos compartan un proyecto común y que trabajen y colaboren para lograrlo. Se debe aspirar a que la universidad no sólo sea un lugar de trabajo sino un espacio vivencial. A ello deben comprometerse el profesorado y la institución, implicando también a los propios estudiantes.

La universidad no debe permanecer aislada de su entorno social, constituyéndose en una torre de marfil, y su profesorado debe ser honesto en el compromiso con el conocimiento de las cosas, dispuesto siempre al diálogo razonado en el debate de las controversias públicas y, sobre todo, independiente respecto a presiones provenientes del exterior o incluso de la propia universidad.

Finalmente, transcribo íntegramente las recomendaciones del Documento:

  1. Es necesario revalorizar la libertad de cátedra, no solo frente a la sociedad y la universidad, sino también frente al propio profesorado. Por ello, la comunidad educativa debe:
  • Fomentar la docencia basada en un enfoque pluralista, no adoctrinador.
  • Desarrollar las habilidades necesarias para recabar, analizar y comprender fuentes de información diversas.
  • Cultivar el espíritu crítico en los estudiantes.
  • Reconocer la importancia del rigor y la objetividad para la creación de conocimiento, con objeto de evitar un relativismo extremo que anule el conocimiento científicamente aceptado.
  1. Es necesario evaluar los mecanismos de financiación a que deben recurrir las universidades para subsistir y la dependencia del sector privado, cada vez mayor, por parte de las universidades públicas. Por ello, la comunidad educativa debe:
  • Prestar especial atención a los acuerdos y convenios de mecenazgo de las universidades y limitarlos escrupulosamente a instituciones que sean respetuosas con los principios éticos que deben caracterizar a la universidad.
  • Valorar la compatibilidad moral y ética de determinadas tareas profesionales del profesorado fuera de la universidad.
  • Reconocer la influencia de la precariedad laboral del profesorado en la calidad de la enseñanza.
  • Garantizar el respeto a la condición de estudiante cuando éste participa en prácticas en empresas e instituciones y cuando presta servicios asociados al disfrute de becas.
  1. Es necesario fomentar en los estudiantes la cultura del esfuerzo, del rigor científico, de la curiosidad intelectual, de la participación en la vida académica y en la sociedad, y del respeto propio y ajeno. Para ello, la comunidad educativa debe:
  • Revitalizar la vida universitaria en el sentido más originario y abierto del término, reconociendo al estudiante como persona singular, como ciudadano y como futuro profesional.
  • Involucrar al estudiante en el proceso de aprendizaje.
  • Involucrar al profesorado en el proceso de estimulación del aprendizaje de los estudiantes.
  1. Es necesario establecer y regular los procedimientos más adecuados para identificar y contrarrestar las malas praxis educativas. Por ello, la comunidad educativa debe:
  • Tomar medidas eficaces contra la cultura del plagio, tanto del personal docente como de los estudiantes.
  • Tratar de erradicar el aprovechamiento espurio del esfuerzo de becarios, colaboradores y personal sin estabilidad laboral, cuyo futuro depende en muchas ocasiones de quienes se aprovechan de su trabajo.
  • Adoptar mecanismos que eviten las técnicas, cada vez más sofisticadas, de copia en exámenes.
  • Fomentar la autorreflexión y el aprendizaje por parte del alumno.
  1. Es necesario fomentar una cultura de la rendición de cuentas y de la evaluación de la actividad docente e investigadora. Para ello la comunidad educativa debe:
  • Fomentar el acceso en abierto, con objeto de impedir que se financien con dinero público las publicaciones con intereses comerciales de los investigadores o que los docentes se conviertan en clientes de las editoriales.
  • Incentivar acciones que destaquen la formación epistemológica y psicopedagógica del profesorado, el trabajo colaborativo entre docentes y las tareas de tutoría académica y personal.
  • Evitar la creación de una industria paralela que extraiga sus beneficios de las necesidades del profesorado para acreditarse y de las urgencias de las universidades para escalar posiciones en los rankings.
  • Crear rankings que eviten los sesgos culturales implícitos, como sucede a menudo con los instrumentos de medición internacionales.
  • Establecer criterios de evaluación que sean públicos, transparentes y objetivos.

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