RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Hoy su periódico EL HERALDO está de manteles largos, pues celebra sus primeros 65 años de existencia. Desde su fundación, El Heraldo ha sido un periódico que ha contado los acontecimientos, tanto del estado como los del país, con análisis crítico, siempre con pluralidad, lo que hoy, en el devenir histórico de México, ya es historia.

El Heraldo nace en Aguascalientes cuando entre la población lo que permeaba era la radio como medio de comunicación principal. A partir de octubre de 1954 El Heraldo apareció en el panorama aguascalentense, de la mano de Don Mauricio Barcún Melnic, para fungir como el medio de información más importante y veraz. A partir de ahí El Heraldo ha acompañado tanto al país como a la sociedad en su desarrollo y crecimiento. En esta su casa editorial hemos atestiguado la historia, se han criticado los excesos y se han llorado las desgracias. Y es que sabemos que un periódico padece la vida y la relata, y todos los días antes de que amanezca se la entrega a sus lectores envuelta en un humilde cucurucho de papel, ahí les da el trabajo de toda su plantilla laboral traducida en información precisa, concisa y veraz.

Para mí es un honor extraordinario ser uno de sus colaboradores desde hace ya 10 años, en los que semana a semana siento aún la emoción de la primera vez de ver aparecer mi escrito. Mi agradecimiento perenne al Lic. J. Asunción Gutiérrez Padilla, que fue quien me brindo la oportunidad de formar parte de la familia de El Heraldo.

En la vida actual, la prensa representa el poder de la palabra escrita y quienes la servimos tenemos sobre nosotros la terrible responsabilidad de fecundar una época. Contra el poder de la palabra escrita, cuando la ilumina la verdad, nada puede el tiempo. Hace muchos siglos, una oscura ciudadela es tomada por asalto por un rey que quiere rescatar a su mujer. Un incidente común que hubiera desaparecido sin relieve en el tiempo, si un bardo ciego no hubiese recogido la historia e iluminándola con su genio, inmortalizando a Troya y hecho brotar de la pelea oscura las figuras legendarias de Aquiles, de Patroclo, de Agamenón.

Aquel que ostenta un deber moral, dice Confucio, ni siquiera ante su maestro debe ceder.

El periodismo libre de nuestro país se ha alcanzado a costa de grandes sacrificios y debemos conservarlo. Quebrantarlo, como quieren algunos, es torpeza contra ellos mismos y crimen contra México. Nada justifica a los regímenes de fuerza, nadie está facultado para oprimir a nadie, ni para vivir a costa del trabajo ajeno. Los tiranos existen porque los muchos callan acobardados. Quien vende su pluma traiciona a su época. El periodista debe ser soldado de la verdad, si quiere ser respetable. La diatriba no impresiona, como el lodo no perdura. Ser veraz, cueste lo que cueste. Es el primer deber de un periodista; orientar su pluma en la senda positiva.

Nadie perdura cuando su oficio es sembrar el mal; nadie será recordado por dar mordiscos a diestra y siniestra como can rabioso. Cierto que en la tierra no hay ángeles, ni pretendemos encontrarlos, pero el hombre de bien gana el respeto de todos; y lo que es más importante, el respeto de sí mismo.

En un mundo cada día más cruel y atormentado, el papel de la prensa limpia es incalculable pues orienta, explica el suceso, prevé resultados, representa el termómetro de la opinión pública. Forjar ideas es cosa bien distinta a maquilar conceptos por cuenta de otro. El periodista vibra con la emoción de la noticia, la sigue, se identifica con la tragedia que describe o con el drama que relata. Así como el médico de verdad lucha para salvar una vida, en una época tan dinámica como la nuestra, el periodista de verdad, expresa su propio mensaje, se encuentra a sí mismo en cada instante y convierte su pluma en el tajo terrible de Montalvo, matador de tiranos, o en la expresión de ternura o de cólera que es la del pueblo mismo.

En julio de 1855, 99 años antes de que naciera El Heraldo de Aguascalientes, se presentó en el campamento del Gral. Juan Álvarez, levantado en armas en “La Providencia”, un hombre muy modestamente vestido que a la pregunta de:

– ¿Usted que quiere? -contestaba sencillamente:

– Servir.

Aquel hombre, siempre callado, austero y pensativo, despachaba la correspondencia y trabajaba incansablemente por la Revolución de Ayutla. Contestaba bien las cartas y las entregaba humildemente para su firma.

Un día llegó al campo una carta dirigida al licenciado Benito Juárez.

– ¿El licenciado Benito Juárez? -preguntaron asombrados. ¿Usted es el licenciado Juárez, que fue gobernador de Oaxaca? ¿Por qué no nos había dicho quién era usted?

Y el indio forjador de historia respondió con humildad:

– “Porque eso no era lo importante. Lo importante es servir”.

Hoy, en el aniversario número 65 de El Heraldo es mi deseo dejar testimonio de la labor pionera y visionaria de su fundador Don Mauricio Bercún Melnic, lo mismo que de su hijo León Mauricio Bercún López, Director General; de Mauricio Andoni Bercún Marín, Director Corporativo y de la Lic. Irma Ramírez Guzmán, Subdirectora Gerente. Así como de los Directores que a lo largo de la vida de El Heraldo han tenido a su cargo la conducción de este diario. Hoy con mucho cariño los recuerdo. La totalidad de ellos realizaron con decoro y dignidad su trabajo, los que viven son hombres de respeto pues nunca cedieron a las consignas y amenazas, dejando parte de su vida en las instalaciones del periódico. Parte fundamental sin duda son los periodistas, redactores, fotógrafos y personal administrativo que trabajando en equipo llevan día a día el diario a nuestros lectores. Sin duda que la preferencia de la ciudadanía es el mejor estímulo para continuar por la ruta trazada por Don Mauricio Bercún Melnic: Ofrecerles la verdad en sus manos. ¡Felicidades a quienes forman parte de El Heraldo de Aguascalientes!