53. Automotriz Victoria por el Ing. Salvador Leal ArellanoEs casi imposible disociar por completo la personalidad de una obra arquitectónica del temperamento de su autor o su patrocinador. De manera directa o indirecta, el bagaje de conocimientos y sensibilidades del diseñador, o en casos sobresalientes, del patrono de la factura del edificio como es el caso más que notable del emperador Adriano, mecenas del Panteón de Roma (realizado en cemento –opus caementicium– en el primer siglo de la era cristiana sustituyendo la obra de su antecesor Agripa). En tiempos más recientes, primera mitad del siglo XX.

Esa conjunción afortunada de arquitecto y promotor, aunque en figuras separadas, materializada en buena arquitectura puede apreciarse en la casa Schröder-Schrader del holandés Gerrit Rietveld, las casas para la familia Kaufmann hechas por Frank Lloyd Wright y Richard Neutra en Estados Unidos, o la villa Mairea de Alvar Aalto en Finlandia, todas con el nombre de la proveniencia del mecenazgo, con lo que el nombre de quien realizó el encargo queda uncido a la obra del arquitecto y de su acervo en general.

Pero más allá del apelativo de una finca, lo crucial de la situación descrita es la unión de visiones sobre la época que se vive para crear edificios que a la distancia cronológica puedan seguir comentando el momento de su concepción. Lejos de la demostración del poder imperial a través de la representación en un solo edificio de todas las divinidades romanas, o de los manifiestos de modernidad de las casas del siglo pasado, en Aguascalientes también pueden apreciarse inmuebles donde tal vez el nombre del promotor y del arquitecto no se manifiesten como los casos mencionados, salvo en ejemplares contados donde se da fe del bautizo del inmueble –como en el edificio “González Vaca” en Madero y Díaz de León– o se presenta el testimonio de su autoría mediante placas de bronce u otro material en que se inscribe el nombre del diseñador o artífice de la obra.

Lo anterior obedece a una natural tendencia a nombrar a aquello que pareciese ser más trascendente entre lo poseído, creado o vivido, pero a la vez, sirve de testimonio de aquello que en su época fue considerado relevante y ¿qué si no la arquitectura, posee la magnitud y disposiciones suficientes para aspirar a la trascendencia, o al menos a alguna idea de ella?

De entre los no pocos creadores de arquitectura en Aguascalientes que dejaron un testimonio físico –en la forma de una placa principalmente– el ingeniero Salvador Leal Arellano fue uno de los principales y ello no por fines mercadológicos del hecho de patentizar la autoría de un edificio en uno de los muros del mismo, sino por la conciencia del profesional de estar viviendo y trabajando en un momento seminal para la arquitectura y la edificación moderna en Aguascalientes.

El levantar testimonio sobre la autoría de un proyecto es un acto, como se dijo, natural, pero esa acción en las obras del ingeniero Leal acompaña a un catálogo de edificios donde no se da cita la licencia gratuita de formas o tendencias. Sus obras muestran además del rigor de un oficio bien cimentado –estudió una maestría en Harvard–, una comprensión de las necesidades de su clientela y a la vez de su momento y lugar. Su incursión en las modalidades de la arquitectura moderna fue paulatina y cautelosa, explorando un medio social donde la tradición posee un peso específico, pero sin dar muchas concesiones a gestos dictados por la preferencia en no pocas ocasiones superficial y pasajera de un público poco crítico.

Su repertorio formal fue decantándose hasta llegar a proponer formas poco usuales hasta entonces en la edificación local, como puede apreciarse en la agencia de autos “Victoria” en la avenida José María Chávez, hoy ocupada por otros giros comerciales pero donde aún es posible adivinar esas formas que tienen alguna reminiscencia de Eero Saarinen con su terminal de la TWA, pero en clave discreta, condicionada por la manera en que la construcción aguascalentense aún asimilaba la utilización del concreto armado.

Llama la atención cómo la trascendencia en el trabajo de los hombres, descansa en el aliento que en sus realizaciones muestra el momento presente. Pareciese que ese captar del fugaz “hoy” es lo que constituye los cimientos para un abstracto “mañana”. En ese sentido, la obra arquitectónica del ingeniero Salvador Leal es un interesante episodio en la lectura del Aguascalientes moderno, a través del encargo de espacios arquitectónicos que al margen de su manera de ser ocupados, muestran aún sus aires de actualidad.