Por J. Jesús López García

David Byrne, actor, guitarrista y cantante -fundador y compositor del grupo Talking Heads– escocés nacionalizado estadounidense, comenta que hay algo en los grandes espacios de congregación que les otorga cierto misticismo. Byrne observa además que los eventos que más grandes masas humanas convocan ya no son tanto los templos formales -pues los informales, experimentados en situaciones extraordinarias como la visita de un pontífice, lo hacen- sino los lugares que atraen contingentes más heterogéneos pero que se reúnen en un sitio a una hora específica para compartir la vivencia de un encuentro deportivo o un concierto. De hecho Byrne habla de música «wagneriana», independientemente de ser ésta heavy metal o música sinfónica pues incluso la estructura melódica remite a los grandes y sonoros himnos. «Música de estadio» llama al rock que concentra multitudes y que por el espacio de tiempo del concierto, olvidan sus diferencias y se convierten en una enorme congregación.

Los estadios suscitan esas vivencias comunitarias, pueden infundir en los asistentes un espíritu místico que no obstante sea el rock más estridente, no deja de ser perdurable en el recuerdo y entrañable en el sentir de los ahí asistentes; por otra parte, en su actividad funcional lógica, la práctica del deporte y su seguimiento desde tribunas, los estadios también fortalecen el espíritu de unidad al interno de los «clanes» contendientes, lo que ocasiona la acumulación y descarga de adrenalina.

Todo lo anterior en edificios y construcciones que originalmente -esto es en la antigua Grecia o donde se practicasen deportes susceptibles de ser apreciados por un público como en el juego de pelota prehispánico- eran elaborados terraplenes con cerramientos espaciales que dejaban la actividad al aire libre. Con el paso del tiempo los estadios fueron ganando en complejidad funcional, operativa y edificatoria ya que la logística para acumular contingentes cada vez más grandes y su impacto urbano consiguiente, exigen una infraestructura no sólo arquitectónica e ingenieril sino también urbanística bien coordinada y con un análisis profundo. Ejemplos hay muchos, sin embargo, podemos traer a colación en este momento el caso del estadio de beisbol de los Astros en la ciudad de Houston, que fue demolido para levantar el campo del estadio actual que cuenta además con hoteles, un centro comercial de cinco niveles, conexión directa con una terminal especial al aeropuerto, y sí, también todo el programa tradicional de un estadio reglamentario. Este tipo de conjuntos también involucran especialistas en finanzas y administración que hacen posible la viabilidad del proyecto y su permanencia.

Trayendo a la memoria cuando los Harlem Globetrotters visitaron la ciudad de Aguascalientes mostrando su espectáculo en el Auditorio Morelos, tal vez acostumbrados a las duelas de importantes estadios norteamericanos, el nuestro tal vez no llamó especialmente su atención, sin embargo a quienes asistieron a la demostración, seguramente el show les pareció entrañable y especialmente divertido.

Levantado hace ya varias décadas, el edificio de muros de ladrillo aplanados como si fuesen de concreto actualmente es parte del catálogo de inmuebles de la infraestructura construida de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, sede de sus «Gallos».

El edificio ahora nos parece pequeño, sin embargo fue por muchos lustros la duela principal del estado y ahora es parte importante del programa deportivo universitario local. Hasta hace poco tiempo, la finca se presentaba como una unidad con sus muros casi ciegos, con una clara tipología «brutalista», como la corriente inglesa pero no por filiación intelectual o ideológica sino por simple conveniencia constructiva y operativa, tal y como se llevó a cabo con el Estadio Azteca, contundente en la simplicidad de sus formas y por ello, tal vez arraigado en el recuerdo de quienes fuimos niños y jóvenes en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa.

El lugar no alojó grandes campeonatos o conciertos trepidantes, pero comparado a sus pares en ciudades grandes con equipos espectaculares y densas poblaciones que siguieran sin reparos a bandas míticas, para quienes asistimos al auditorio, la experiencia era similar. La acumulación de gente que logra sincronizar su atención en un espectáculo o en la actividad deportiva o hasta en el movimiento de una pelota, siempre es un fenómeno que emociona y que se queda en el recuerdo y que además, promete emociones similares para nuevas ocasiones.

Pese a lo mencionado, sí podemos afirmar que la presentación del conjunto inglés de rock progresivo Alan Parsons Project en el Auditorio Morelos, ha sido uno de los grandes grupos que ha dejado su impronta en todos aquellos que tuvimos la oportunidad de acceder al concierto; también los grupos como Mecano, Miguel Mateos y Mecano, fueron parte de los músicos visitantes en Aguascalientes.

La historia deportiva de todo lugar tiene una correspondencia directa con sus promotores, sus estrellas, sus equipos y sus aficiones, pero todo ello forzosamente debe congregarse en un espacio y es ahí, donde la arquitectura de manera muchas veces callada o vociferante -como en el caso texano comentado-, también contribuye a consolidar la escena del deporte en una ciudad. Hoy lo podemos disfrutar intervenido con el nombre de «Poliforum Deportivo y Cultural Universitario Morelos».

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